fantacia urbana y drama psicológico
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Capítulo 3: Peso muerto
Las 5:47 AM olían a cloro, sudor viejo y desinfectante barato. El gimnasio del primo de Newt no abría hasta las seis, pero el encargado les abrió la puerta lateral cuando Felix le pasó veinte dólares y una mirada que decía "no preguntes".
Adentro hacía más frío que en el departamento.
Newt caminaba pegado a las paredes. No porque tuviera miedo. Porque las sombras de los rincones eran más densas acá. Más hambrientas. Le susurraban desde las máquinas, desde abajo de los bancos. _Usa nos. Es más fácil. Un chasquido y sabes dónde están. Un chasquido y se van._
"No", murmuró para sí mismo.
"¿Qué?", dijo Felix. No lo miraba a él. Miraba las salidas. La cámara del techo que no funcionaba. El bate de béisbol detrás del mostrador. Calculando.
"Nada", mintió Newt.
Mentir a Felix era deporte. Perder era la norma.
Felix no insistió. Señaló con la cabeza hacia los vestuarios. "Si vienen dos, entran por atrás. Es más discreto. Vos conoces el lugar. ¿Dónde te pondrías si fueras ellos?"
Información. Otra vez. Felix no le decía qué hacer. Le pedía que pensara. Que usara la cabeza, no las sombras.
Newt cerró los ojos un segundo. Las sombras se abalanzaron. _Míranos a nosotras. Nosotras te mostramos. Gratis. Solo un poco de ti._ Las empujó. Dolió. Era como arrancarse una costra.
"Duchas", dijo, con la voz más áspera de lo que quería. "Esperarían en las duchas. Es donde menos gente entra a esta hora. Lo agarran cuando sale de la cinta, antes de que se cambie."
Felix asintió. "Entonces nosotros esperamos primero."
Se metieron. El vestuario olía a humedad y a jabón de sebo. Los casilleros estaban abiertos, vacíos. Felix se apoyó contra la pared, cruzado de brazos, al lado de la puerta. No bloqueándola. Solo estando. Si Newt quería irse, podía.
El silencio era peor que los susurros. En el silencio, Newt escuchaba su propia sangre. Y con ella, a las sombras. _Solo mira. Solo un vistazo. Para confirmar que vienen. No tienes que hacer nada más. Un vistazo no te borra._
Su mano derecha empezó a picar. La izquierda, la que se había hecho humo ayer, estaba helada.
"Felix", dijo. No lo miró. "Si las uso... si las uso solo para ver..."
"¿Cuánto te cuesta 'solo ver'?", cortó Felix. No era acusación. Era la misma pregunta que le hacía a un precio en el supermercado. Dato. Frío. "Ayer 'solo escuchar' te dejó medio fantasma tres horas."
Newt tragó. Tenía razón. Siempre tenía razón y no la usaba para ganar. La usaba para ponerla sobre la mesa y dejar que Newt decidiera si la levantaba o la pisaba.
La puerta exterior del gimnasio se abrió. Pasos. Dos pares. Pesados.
Las sombras en la cabeza de Newt aullaron de placer. _Ya están. Ahora. Hazlo. Termínalo rápido._
Newt se pegó más a la pared. Podía sentir la presión en el pecho. El poder quería salir. Era como aguantar la respiración bajo el agua. Cada segundo dolía más que el anterior.
Felix no se movió. Solo despegó un hombro de la pared. Listo. No asustado. No heroico. Listo.
Los pasos se detuvieron afuera del vestuario. Voces bajas.
"...dijo que el primo entrena a las seis. Lo agarramos cuando salga. Sin bardo. Solo el mensaje."
Eran ellos.
La mano de Newt tembló. No de miedo. De necesidad. Era tan fácil. Chasquear los dedos. Dejar que las sombras les mostraran lo que era el miedo de verdad. Que les susurraran al oído hasta que se mearan encima. Que los-
"Newt."
La voz de Felix. Baja. Cerca.
Newt lo miró. Felix no tenía un plan. No tenía un arma. Tenía las manos vacías y los nudillos marcados de peleas que no eran suyas.
"Tu decisión", dijo Felix. Y era verdad. Podía irse. Podía dejar que Newt hiciera lo que quisiera. Podía no estar acá. Pero estaba.
Las sombras chillaron. _Él no te detiene. Débil. Nosotras somos fuerza. Elige._
La puerta del vestuario se empezó a abrir.
Newt tomó aire. Olía a cloro y a jabón barato y a Felix. Olía a real.
No chasqueó los dedos.
Agarró el bate de béisbol del banco de al lado. Pesaba. Era madera muerta. Sólida.
Las sombras en su cabeza aullaron de furia y se replegaron, ardidas. No se fueron. Nunca se iban. Pero el dolor de aguantarse fue peor que el frío de desaparecer. Y eso, por ahora, era ganar.
Le pasó el bate a Felix sin decir palabra.
Felix lo agarró. No sonrió. No dijo "bien hecho". Solo asintió una vez. Entendiendo el costo.
La puerta se terminó de abrir.