✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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Ian tenía un escudo contra la oscuridad
El aire dentro de la mansión siempre había tenido un gusto a metal y a recuerdos amargos. Por eso, cuando Ronen sugirió salir, el lobo de Ian se encogió, ocultándose en lo más profundo de su pecho. El miedo era una presión física, una mano invisible que le apretaba la garganta.
-No puedo, Ronen. Si salgo, habrá cámaras. La gente verá que ya no soy el mismo. Verán que mi aroma está roto.- Susurró Ian, apretando las telas de su sudadera de gran tamaño, tratando de esconderse en ella.
El guardaespaldas no lo presionó. Se quedó de pie junto a la puerta principal, sosteniendo las llaves con una calma que parecía infinita. Ese aroma a sol de primavera que siempre lo acompañaba se intensificó, como si estuviera tratando de decirle a Ian que el clima afuera era seguro.
-No iremos a la ciudad. Conozco un lugar que no está en los mapas de los paparazzi. Un lugar donde el único juicio que recibirás será el del viento.- dijo, extendiendo su brazo hacia él -Confía en mi olfato. Nadie se acercará a ti mientras yo esté cerca.-
Ian dudó, pero al mirar los ojos del alfa, encontró una promesa de hierro. Con pasos vacilantes, cruzó el umbral de la puerta. El primer contacto con el aire exterior fue como un choque eléctrico. El viento rozó su piel pálida, y por un segundo, Ian se sintió desnudo, expuesto. Pero entonces, Ronen se colocó a su lado, bloqueando la brisa más fuerte con su cuerpo robusto.
Subieron a la camioneta de Ronen. No era un vehículo de lujo como los que la agencia solía enviarle, era una máquina sólida, que olía a cuero viejo y, por supuesto, a ese eucalipto reconfortante. Durante el trayecto, Ian se mantuvo pegado a la ventana, observando cómo los edificios de cemento daban paso a árboles verdes y cielos más abiertos.
Finalmente, se detuvieron en un acantilado que miraba hacia un lago oculto. No había nadie. Solo el sonido del agua chocando contra las rocas y el canto de algunos pájaros.
-Baja- Invitó el alfa suavemente.
Ian salió del auto. Al principio, sus piernas se sentían débiles, pero el aroma del lugar lo dejó sin aliento. Olía a hierba fresca y a libertad. Ronen caminó hasta el borde y se sentó sobre una roca grande, palmeando el espacio a su lado. Ian se sentó, manteniendo una distancia prudente, pero buscando inconscientemente el calor que el alfa irradiaba.
-A veces, el eclipse no es porque el sol se apague...- Dijo Ronen, mirando el horizonte -sino porque algo se pone en medio. Tú sigues ahí, Ian. Solo necesitas espacio para que esa sombra se mueva.-
Ian cerró los ojos y, por primera vez en meses, respiró profundamente. Al hacerlo, el aroma a lavanda de su cuello empezó a soltarse, mezclándose con la brisa. Ya no era una lavanda marchita Tenía un toque de frescura, como si las flores estuvieran recibiendo agua después de una larga sequía.
-A veces siento que si vuelvo a cantar, él volverá a aparecer.- confesó Ian, refiriéndose al alfa que olía a tierra mojada -Siento que me robó las palabras.-
Ronen se giró hacia él. La luz del atardecer golpeaba el rostro del alfa, resaltando la mandíbula firme y la serenidad de sus rasgos. Sin pensarlo mucho, Ronen puso su mano sobre la de Ian. Fue un toque cálido, sólido, que ancló a Ian al presente.
-Él te robó canciones, pero no te robó la voz.- dijo Ronen con una convicción que hizo que Ian vibrara -La voz nace de aquí.- Señaló el pecho del omega -Y mientras ese corazón siga latiendo, la música sigue ahí. Solo está esperando a que dejes de tener miedo de escucharla.-
Ian sintió un nudo en la garganta. La miel de su aroma brotó con fuerza, una nota dulce y espesa que envolvió a ambos. Fue una reacción instintiva de su lobo omega, agradeciendo la protección y la validación del alfa dominante. Ian no apartó la mano. Al contrario, entrelazó sus dedos delgados con los dedos gruesos y fuertes de Ronen.
La diferencia de temperatura era deliciosa. Ian estaba frío, Ronen era puro fuego.
-Gracias por traerme aquí.- Susurró Ian, apoyando por un segundo su cabeza en el hombro de Ronen.
Fue un contacto fugaz, pero para Ronen significó el mundo. El alfa contuvo el aliento, dejando que el aroma a lavanda y miel de Ian inundara sus sentidos. En ese momento, Ronen juró para sí mismo que no dejaría que nadie volviera a apagar esa luz.
Sin embargo, la paz fue interrumpida por el zumbido del teléfono de Ian. Un mensaje de su manager, Milo: "Ian, la agencia recibió una notificación legal. Tu ex está reclamando los derechos de autor de 'Eclipse'. Dice que la escribió él. Tienes que venir a la oficina mañana".
El cuerpo de Ian se tensó de golpe, volviéndose de piedra. El aroma a miel se volvió amargo nuevamente. El miedo regresó como una ola negra.
Ronen sintió el cambio instantáneo y apretó la mano de Ian con fuerza, sin lastimarlo, solo recordándole que estaba allí.
-No estás solo en esto, pequeño.- Gruñó, y su aroma a eucalipto se volvió filoso, listo para la batalla -Mañana iremos a esa oficina. Pero esta vez, él no se llevará nada. Porque esta vez, yo soy el que guarda tu espalda.-
Ian miró a Ronen y, a pesar del terror que sentía, vio algo en los ojos del alfa que nunca había visto en nadie más: una lealtad absoluta que no se compraba con dinero. El eclipse seguía ahí, pero por primera vez, Ian tenía un escudo contra la oscuridad.