Morí siendo una escritora de novelas mediocres…
solo para despertar dentro de la peor de mis historias.
Ahora soy Ciel Rousla, la “princesa tonta”: hermosa, ingenua… y destinada a ser traicionada y devorada por bestias.
En la historia original, confiaba ciegamente en su “amable” hermana, la hija ilegítima que todos adoraban, mientras tres poderosos prometidos la controlaban bajo la excusa de protegerla… hasta abandonarla en su peor momento.
Pero esta vez es diferente.
Yo conozco el final.
Sé quién me manipula.
Sé quién me traicionará.
Y sé que cada sonrisa a mi alrededor… es una mentira.
Ya no seré la princesa ingenua.
Aunque tenga que enfrentar a la “santa”, romper mis propios lazos y cambiar todo lo que escribí…
Voy a sobrevivir en este mundo bestia
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Capítulo 16: Sonrisas que hieren
La calma en el castillo no duró demasiado. No porque algo explotara… sino porque alguien decidió moverse primero.
La invitación llegó dos días después, justo cuando todo parecía haberse estabilizado. Dos días en los que Ciel no había salido, en los que pensó, analizó y dejó que cada pieza encajara sin forzarla. Por eso, cuando el sello de la archiduquesa Marla apareció frente a ella, no hubo sorpresa… solo confirmación.
—…impaciente.
Si alguien iba a usar el pasado como arma, iba a ser ella.
El día del banquete de té llegó sin ruido, pero con intención. La sala secundaria del palacio estaba preparada con una elegancia medida, sin excesos, pero lo suficientemente refinada como para que cada mirada importara. No era un evento grande… pero sí uno donde nadie pasaba desapercibido.
Y esta vez, Ciel tampoco iba a hacerlo.
No entró sola.
El vestido azul marino caía en capas suaves, esponjoso, con ese equilibrio perfecto entre delicadeza y presencia. No brillaba de forma exagerada, pero capturaba la luz lo suficiente para destacar entre todos sin esfuerzo. No era un vestido inocente.
Era una declaración.
A su lado caminaba el general Kaelion.
Vestido en tonos oscuros, perfectamente a juego con ella, sin adornos innecesarios, firme en cada paso. No iba como escolta. No iba como simple acompañante.
Iba como igual.
Y todos lo entendieron.
Los murmullos comenzaron casi de inmediato.
—¿Desde cuándo…?
—¿Un general…?
—¿Van juntos…?
No hacía falta confirmación. La forma en que caminaban lo decía todo: sin tocarse, sin mirarse constantemente… pero en perfecta sincronía.
Cuando entraron completamente al salón, las conversaciones bajaron lo suficiente como para sentir el cambio en el ambiente.
Marla ya estaba ahí.
Y esta vez sí mostró sorpresa.
Solo un segundo.
Pero suficiente.
—Ciel.
Su voz fue firme, controlada, pero su mirada ya no era la misma.
—No esperaba que vinieras… así.
Ciel no se detuvo.
—Yo tampoco esperaba la invitación.
La respuesta fue limpia. Directa. Sin adornos.
Marla desvió la mirada hacia Kaelion un instante.
—Interesante compañía.
—Es conveniente —respondió Ciel sin titubear.
Kaelion no intervino. No lo necesitaba. Su sola presencia ya estaba haciendo lo que debía.
El ambiente dejó de ser solo social.
Ahora era político.
Marla recuperó su compostura con rapidez.
—Después de tanto tiempo… pensé que evitarías ciertos lugares.
Pausa leve.
—Por recuerdos incómodos.
Ahí estaba.
El inicio.
Ciel sostuvo su mirada sin moverse.
—No acostumbro huir de recuerdos.
Marla sonrió apenas.
—Entonces quizás no te incomode hablar de ellos.
Los murmullos disminuyeron. La atención aumentó.
—Mi hijo aún no puede dormir tranquilo.
La frase cayó suave.
Pero el peso fue inmediato.
—Aún recuerda ese día.
Ciel no reaccionó por fuera.
Pero por dentro…
ese vacío volvió.
—Ese lago…
Un susurro recorrió el salón.
—Y lo que vino después.
Marla avanzó un paso.
—Dicen muchas cosas.
Pausa.
—Pero hay algo en lo que todos coinciden.
Sus ojos se fijaron en Ciel.
—Tú fuiste la última en verlo.
Silencio.
—Y los hombres que lo atacaron…
Pausa breve.
—también dijeron tu nombre.
El golpe estaba dado.
No como acusación directa.
Sino como algo peor.
Duda.
Ciel no se movió.
Pero su mirada cambió apenas.
—¿Terminaste?
La calma en su voz no encajaba con la escena.
Marla frunció ligeramente el ceño.
—¿No vas a decir nada?
Ciel la sostuvo sin parpadear.
—No a rumores.
Pausa.
—Ni a historias incompletas.
No fue defensa.
Fue control.
Y eso… cambió el ambiente.
En ese momento, Kaelion dio un leve paso al frente. No habló, no interrumpió… pero su presencia se hizo más clara.
No como amenaza.
Como respaldo.
Eso fue suficiente.
Marla lo notó.
Y por primera vez, no tenía el control completo del momento.
—Entonces espero que algún día…
Pausa.
—recuerdes.
Ciel no respondió.
Pero algo dentro de ella…
sí reaccionó.
Porque esta vez, la duda fue real.
Desde el fondo del salón, Erina observaba en silencio. No sonreía, no intervenía, pero analizaba cada detalle. Ciel no había caído… pero tampoco había salido intacta.
Y lo más importante…
no había negado.
—…interesante.
No lo dijo en voz alta.
Pero lo pensó.
Porque eso no estaba en sus planes.
La reunión continuó, como si nada hubiera pasado. Las conversaciones regresaron, las risas volvieron, las tazas de té se alzaron una vez más.
Pero el ambiente ya no era ligero.
El daño estaba hecho.
Cuando Ciel salió del salón, el aire exterior se sintió más frío, más real. Kaelion caminó a su lado sin decir nada al inicio, dejando que el silencio hiciera su trabajo.
—¿Siempre son así tus reuniones? —preguntó finalmente.
—Solo cuando alguien quiere provocar —respondió Ciel sin mirarlo.
Pausa breve.
—¿Y lo logró?
Ciel se detuvo apenas.
—No.
Pero luego añadió, más bajo:
—Pero se acercó.
Sus ojos se endurecieron apenas.
—Y eso no me gusta.
Kaelion la observó un segundo.
—Entonces no la dejes acercarse otra vez.
Ciel no respondió.
Pero esta vez… ya no iba a ignorar.
Porque el pasado ya no era un rumor.
Era una herida abierta.
Y alguien…
Acababa de tocarla.
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Erina, cabello azul cuando ests normal, amarillo cuando ests molesta o a punto de ponerse la mascara hija ilegítima de la emperatriz reconocida por la emperatriz pero sin derecho al trono , villana actualmente.