Me llamo Dayana Gamez. Y en este libro plasmo los recuerdos de mi vida, cada palabra, cada estrofa, cada párrafo y cada capítulo son las líneas que se fueron escribiendo en mi cuerpo y luego en mis recuerdos.
Sin embargo todos ellos se fueron convirtiendo en raíces convirtiendo mi vida en un gran árbol fuerte.
En un momento sentí que mi vida no valía la pena, pero llegó esa luz que me hizo ver el propósito de mi vida.
NovelToon tiene autorización de maría bedoya para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
C-23
Capítulo 23
—¿Qué es tan gracioso?, pregunté enojada.
—Nada, ojalá me llegues a odiar, dicen que del odio al amor es un solo paso el que hay que dar, dijo mirándome fijamente, su mirada era penetrante.
Quité mi mirada de él, ya que me revolvió el estómago con la intensidad con la que me miró.
—Jamás me fijaría en alguien cómo tú, dije volviendo a mirar al lugar en donde estaban todos bailando.
Volvió a reír a carcajadas, —¿Cuantos años tienes Dayana?, preguntó.
—¿Como sabes mi nombre? tengo once, casi doce, respondí sinceramente, sin mirarlo.
—¡Oh! eres muy niña.
—¿Y tu cuanto puedes tener? pregunté mirándolo retadoramente .
—Tengo dieciséis, casi diecisiete, respondió de la misma manera que yo le respondí.
Su respuesta me pareció graciosa di una sonrisa fugas y luego me puse sería nuevamente.
—Te vez mayor de la edad que tienes, dijo fluidamente como si yo quisiera hablar con él.
—¿Sabes que no quiero hablar contigo, verdad? pregunté mirándolo feo nuevamente.
—Pero yo contigo si, y es suficiente para mi, se tu nombre, por que todos ya lo saben, es un pueblo pequeño, y dice un dicho, "pueblo pequeño infierno grande" dijo muy tranquilo.
En ese momento iba llegando otro chico muy parecido a él, tenían la misma altura, pero Adán era más acuerpado que el otro chico; sin embargo el otro que iba llegando era más agraciado de rostro.
—¡Hola! dijo sentándose al lado mío quedando yo en medio de los dos.
—Mucho gusto Henry, dijo extendiendo su mano hacia mi.
—Mucho gusto Dayana, dije dando mi mano en modo de saludo.
—¿Te esta molestando mi hermano?, suele ser insoportable pero es buena gente, dijo haciéndome reír.
—Lo insoportable lo comparto contigo, respondí soltando su mano, mire a su hermano, no se por que me caía tan mal, y por que no dejaba de sonreír.
Miro a su hermano y se dirigió a él —Adán vamos a seguir la fiesta donde Diana, vamos, te vine a buscar, dijo Henry colocándose de pies.
Vi que Joiner venía rumbo a nosotros.
—Esta bien, allí viene tu novio y por lo visto esta celoso, dijo y se hecho a reír.
Joiner llegó y me tomó de la mano, los saludo con su otra mano y ellos se fueron.
—Quienes son, pregunté.
—Los hermanos Méndez, respondió sentándose nuevamente y yo al lado de él.
—¿Que querían? preguntó con su semblante serio.
—Solo sé presentaron y ya respondí.
—Son unos pica flor, somos compañeros de clases, y Adán es el peor, todas quieren una relación con él, dijo como si a mi me importará.
— Bien por ellos, me da igual, ¿te divertiste? pregunté para cambiar el incómodo tema.
—¡Si!, ¿quieres bailar conmigo? preguntó esta vez ya sonriendo.
—No doy, dije apenada.
—Yo te enseñó.
Me jalo y fuimos a la pista de baile estaba sonando un vallenato suave, vi que los que bailaban no movían sus pies solo su cuerpo al son de lo relajante que sonaba la música.
Paso sus manos por mi cintura y me acercó a él, yo pasé mis manos por sus hombros así como vi que las mujeres hacían con sus parejas.
Él sonrió en mi oído y dijo que me relajará y me dejara llevar de la música y de él, Torpemente seguí sus indicaciones dejándome guiar de Joiner.
Fue maravilloso todo en ese momento.
Luego que termino la música nos fuimos a sentar en el lugar en donde nos encontrábamos anteriormente.
Los chicos se pararon y caminaron al lugar en donde vendían las chucherías.
Me acerque a la novia de Angel y le pregunté donde podía ir al baño ella me señaló atrás de un patio al lado en donde estábamos sentados.
La vi como si fuese una broma, ella vio mi confusión y sonrió diciendo que no era broma que atrás de todos esos árboles oscuros todas iban al baño.
Cuando me lo explicaba una chica la llamó y ella salió a donde su amiga.
Miré a la dirección que ella me había señalado y era tenebroso, era un patio oscuro habían varios árboles de mango, cero luz, Respire profundo y decidí dejar el temor, debia ir, mi vejiga ya no soportaba más.
Camine adentro del terreno oscuro, pase cuatro ileras de árboles, adentro no se veía tan oscuro, como lo vi anteriormente desde donde estaba sentada.
Mire a todos los lados y no vi nada, empecé a desabrochar mi pantalón cuándo siento un ruido cerca de mí, alce mi vista y mi corazón se paralizó en ese mismo instante.
Era el hombre sin nombré parado al lado de uno de los árboles, me miraba con una mirada indescifrable, pero no era nada bueno, dio una sonrisa satisfactoria que se veía aterradora.
Dentro de mí, mi cuerpo temblaba por completo, bajo de esa oscuridad donde la luz que se podía observar era los rayos de la luna.
Nunca lo recordé tan aterrador como lo observe en ese mismo instante, ¿cómo no se me ocurrió que me estuviera vigilando? Mi terror había vuelto, ahora tendría que volver experimentar algo que había guardado en lo más profundo de mis pensamientos.
Empezó a caminar hacia mí y dijo que me había crecido mucho, y estaba muy hermosa.
Empecé a retroceder sin mirar a donde y tropecé con la raíz salida de uno de los árboles, cayendo al suelo de nalgas.
No le importó mi caída, más bien fue venefisiosa para él llegó a mi, se puse encima de mi y tapo mi boca con su mano.
Comense a mover mi cabeza de un lado para el otro intentando soltarme de su agarré.
Pero él era un hombre muy alto y fuerte y sentía inútil lo que hacía intentando resistirme a lo que estaba a punto de volverme a pasar.
Sin poder evitarlo las lágrimas empezaron a salir de mi rostro, y no se por que, esta vez me sentía más aterrada que cuando pasó por primera vez, debe ser que en ese entonces, era más niña y no tenía el conocimiento del daño que me haría y ahora estoy más grande y mi terror aumento por el hecho de que sabía lo que ya me esperaba.