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Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Status: Terminada
Genre:CEO / Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En la vibrante metrópolis de Shanghái, la sangre no solo corre por las venas; es la moneda de cambio de un imperio que ha gobernado desde las sombras durante milenios.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 06

La mañana llegó con una neblina densa que ocultaba las bases de los edificios de Pudong, dejando solo las puntas de los rascacielos flotando como islas en un mar gris. Yan se despertó en el sofá de la oficina de Zixuan. Él no estaba allí, pero una nota escrita con una caligrafía impecable descansaba sobre la mesa: *“Vístete. El chofer te espera abajo. Hoy dejamos el cristal por el acero.”*

Yan se miró en el pequeño espejo que había traído escondido en su bolso, desafiando las reglas de Zixuan. Sus ojos estaban rojos por el llanto de la noche anterior, pero su rostro reflejaba una nueva y dura resolución. Ya no era solo una infiltrada. Era una superviviente con información que podría quemar todo el imperio Li.

Bajó por el ascensor privado, pero algo estaba mal. A mitad de camino entre el piso 99 y el vestíbulo, el ascensor se detuvo con una sacudida brusca. Las luces parpadearon y se tornaron de un rojo de emergencia.

—¿Chen? —llamó Yan al intercomunicador—. ¿Qué está pasando?

No hubo respuesta, solo estática. De repente, la trampilla del techo del ascensor se abrió y una figura saltó dentro con una agilidad inhumana. Yan retrocedió, buscando su spray de defensa, pero antes de que pudiera reaccionar, fue inmovilizada contra la pared de metal.

Era Zixuan. Pero no era el Zixuan refinado de la oficina. Sus ojos eran completamente negros, su piel parecía brillar con una palidez febril y sus colmillos estaban parcialmente visibles, rozando su labio inferior.

—¿Qué hace? —gritó Yan, asustada por la intensidad animal que emanaba de él.

—Shhh... —Zixuan puso una mano sobre su boca. Sus dedos estaban temblando—. Escucha.

En el silencio del hueco del ascensor, Yan escuchó algo. Un siseo, como de gas escapando, y el sonido de cables siendo tensados.

—Han saboteado el pozo —susurró Zixuan cerca de su oído. Su voz era un gruñido bajo—. Los Si. Han enviado a sus "limpiadores". No quieren que llegues a la reunión.

—¿Cómo sabían que yo...?

—Hiciste demasiado ruido en los servidores anoche, pequeña cazadora —Zixuan la soltó, pero se mantuvo a milímetros de ella—. Creen que eres un cabo suelto. Y en mi mundo, los cabos sueltos se queman.

El ascensor dio otra sacudida y empezó a caer. Fue solo un segundo, pero la sensación de gravedad cero hizo que el estómago de Yan subiera a su garganta. Zixuan reaccionó al instante. La agarró por la cintura y, con una fuerza que desafiaba la física, clavó sus garras en las paredes de acero del ascensor para frenar el descenso. El sonido del metal rasgándose fue ensordecedor, chispas saltaron por todas partes, iluminando el rostro de Zixuan con destellos amarillos.

Finalmente, se detuvieron. Estaban suspendidos entre dos pisos. El calor dentro de la pequeña caja metálica empezó a subir.

—Tenemos que salir —dijo Yan, jadeando.

Zixuan la miró. La adrenalina del peligro y el olor del miedo de Yan estaban teniendo un efecto devastador en él. Se acercó a ella, atrapándola entre sus brazos y la pared rasgada.

—¿Sabes qué es lo más peligroso para un hombre como yo, Yan? —preguntó él. Su voz era ahora una caricia peligrosa—. No es la plata. No es el sol. Es el hambre que siento cuando estás cerca. No es solo sed de sangre. Es... algo peor.

—Pues adelante —desafió Yan, aunque su cuerpo estaba respondiendo de una manera que traicionaba sus palabras. Sus pezones se endurecieron bajo la seda de su blusa y su respiración se volvió errática—. Bébeme. Termina con esto. Conviérteme en otro de tus registros de biomasa.

Zixuan soltó un gruñido que fue mitad gemido, mitad rugido. Agarró el rostro de Yan con ambas manos. Sus dedos se enterraron en su cabello.

—No me tientes —susurró él.

Pero la tentación fue mutua. En ese espacio confinado, rodeados de metal destrozado y el peligro de muerte inminente, la tensión que se había estado gestando desde su primer encuentro estalló. Yan, impulsada por una mezcla de odio, gratitud y un deseo prohibido que no podía controlar, cerró la distancia y lo besó.

Fue un beso violento, un choque de dientes y desesperación. Los labios de Zixuan estaban fríos, pero su boca quemaba. Sabía a menta, a hierro y a siglos de soledad. Yan gimió cuando sintió los colmillos de él rozar su labio superior, una amenaza constante de dolor que solo servía para aumentar el placer.

Zixuan respondió con una ferocidad que la dejó sin aliento. Sus manos bajaron por su espalda, apretándola contra su cuerpo duro como la roca. Por un momento, Yan olvidó que él era el asesino de su mundo. Solo sentía el poder de él, la inmensidad de su existencia chocando contra la fragilidad de la de ella.

Él se apartó de golpe, jadeando, con los ojos inyectados en sangre.

—¡Basta! —rugió, golpeando la pared del ascensor y dejando una abolladura profunda—. Si sigo, no quedará nada de ti. Y todavía te necesito viva para destruir a mi padre.

Zixuan se giró y, con un movimiento rápido, forzó las puertas del ascensor. Estaban frente a un pasillo de mantenimiento oscuro. Saltó hacia afuera y luego extendió una mano para ayudar a Yan.

Ella tomó su mano, sintiendo todavía el hormigueo en sus labios. Se miraron por un largo segundo, el aire cargado de lo que acababa de pasar.

—Eso fue un error —dijo Yan, tratando de recomponer su traje y su dignidad.

—El error más exquisito de mi existencia —replicó Zixuan, recuperando su máscara de frialdad corporativa—. Pero escucha bien, Shu Yan. Si te quedas, si cruzas esa puerta hacia la gala de esta noche con mi marca en tus labios, ya no habrá vuelta atrás. Los otros verán lo que yo veo: una debilidad. Y tratarán de arrancarte de mi lado solo para verme caer.

—No soy tu debilidad, Zixuan —dijo ella, caminando hacia la salida del pasillo con la cabeza alta—. Soy tu castigo.

Él la observó alejarse por el pasillo oscuro, su figura recortada por la luz de emergencia. Por primera vez en doscientos años, Li Zixuan sintió un escalofrío que no provenía de su propia naturaleza muerta. Era miedo. Miedo de que la humana que quería destruir su imperio fuera la única capaz de destruir también su corazón de piedra.

—Que así sea, pequeña cazadora —susurró él para las sombras—. Que empiece el baile de sangre.

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