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La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

La Mano En La Sombra. Pimienta Rosa Y Poder

Status: En proceso
Genre:Mafia / Omegaverse / Reencarnación
Popularitas:9.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.

Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.

Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La tormenta que se avecina

El despacho de Alessio olía a café agrio y a la pimienta negra de su propia frustración, los mapas del puerto cubrían la mesa de ébano, marcados con círculos rojos y anotaciones apresuradas. Rocco estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, Marco, el lugarteniente de más confianza, ocupaba una silla con el ceño fruncido.

Y en un rincón, sentado en una butaca de terciopelo que nadie le había asignado, estaba Renato.

Alessio lo había mandado llamar.

No con una orden directa, con un recado seco transmitido por Luca: "El señor De Luca quiere que asista a la reunión del puerto", sin explicaciones, sin preguntas. Renato había obedecido sin saber por qué, y ahora ocupaba su lugar con la cabeza baja y las manos entrelazadas sobre el regazo.

Alessio, por supuesto, no lo miró al entrar, llevaba toda la mañana evitándolo, y el hecho de haberlo convocado sin querer admitirlo lo enfurecía aún más. Cada vez que sus ojos se cruzaban, el recuerdo del beso le golpeaba como un puñetazo en el estómago. El sabor de Renato —algodón dulce y esa maldita pimienta rosa— seguía pegado a su paladar, y su aroma flotaba en la habitación como un recordatorio constante.

Concéntrate, se ordenó, esto es el puerto. No él.

Desde su rincón, Renato observaba, los mapas, las posiciones, la tensión en las mandíbulas. Rocco, de pie junto a la ventana, Marco, el lugarteniente, sentado frente a él, más joven que Rocco, más alto, con el cabello oscuro y una cicatriz en el mentón que le daba un aire de boxeador retirado. Sus ojos volvían a Rocco una y otra vez, sin urgencia, sin motivo aparente.

Renato lo notó, no le dio más vueltas. Tenía otras cosas en la cabeza.

—Habla —ordenó Alessio, sin mirar a nadie en particular.

Rocco carraspeó.

—Los Calabresi han movido ficha, señor, anoche tomaron el muelle este sin disparar un solo tiro. Pagaron a los vigilantes, los compraron.

Alessio apretó la mandíbula.

—¿Cuántos hombres tienen allí?

—Al menos una docena, pero no es eso lo peor. —Rocco desplegó otro mapa sobre la mesa—. Tienen barcos esperando en la bocana, si consolidan el muelle este, controlarán la entrada de mercancía de todo el puerto.

—¿Y Rinaldi? —preguntó Marco—. Se supone que ese territorio es suyo. ¿Por qué no los echa?

—Rinaldi está encerrado en su villa —respondió Rocco—. Tiene miedo, sabe que Vincenzo no perdona a los traidores. Nos entregó a los hombres que sabotearon el coche de seguridad, y desde entonces no ha vuelto a aparecer en público.

—Le enviamos un mensaje a Vincenzo con esos tres —dijo Alessio, sin emoción— y ahora Vincenzo nos responde con esto.

Señaló el muelle este en el mapa.

—Quiere sangre —dijo Marco.

—Quiere que parezcamos débiles —corrigió Alessio—. Si no respondemos, todos verán que se puede golpear a los De Luca sin consecuencias. Si respondemos con un ataque directo, nos declara la guerra abierta, y para una guerra abierta no estamos preparados. Todavía no.

Marco soltó una maldición.

—Pues vamos nosotros, tomamos el muelle esta noche. Doce hombres no son nada.

—No, si atacamos de frente, es justo lo que Vincenzo espera.

—¿Entonces qué? —preguntó Marco, frustrado—. ¿Nos quedamos de brazos cruzados mientras nos roban el puerto?

Alessio no respondió de inmediato, sus dedos golpeaban el reposabrazos con un ritmo lento, irritante. Su aroma se intensificó, cargando el aire con la densidad de su poder contenido.

—Necesito pensarlo, déjenme solo.

Rocco y Marco asintieron y salieron del despacho sin rechistar, la puerta se cerró tras ellos.

Alessio se quedó mirando los mapas, con los codos apoyados en la mesa y las manos entrelazadas bajo la barbilla. Su espalda, normalmente recta como una tabla, se curvaba ligeramente, el peso de la decisión le doblaba los hombros.

Renato no se movió.

Alessio levantó la cabeza, sus ojos negros se clavaron en él.

—¿Tú también vas a quedarte?

—No me ha pedido que me vaya.

—No te lo he pedido, no.

El silencio se alargó, Alessio lo miraba como quien mira un rompecabezas que no sabe resolver. Renato sostenía la mirada con una calma que desmentía el pulso acelerado que sentía en las sienes.

Cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Alessio, el recuerdo del beso le golpeaba. La presión de su boca, el calor, la forma en que su cuerpo se había encendido sin su permiso. No era Alessio lo que le gustaba, era lo que el beso le hacía sentir. Y eso era peor.

Alessio desvió la mirada primero, un gesto involuntario que Renato captó al vuelo. El recuerdo del beso también lo hacía sentirse incómodo.

—¿Tienes algo que decir? —preguntó Alessio al fin. No era una invitación amable, era un desafío.

Renato se levantó de la butaca, alisó la tela de su pantalón con gestos pausados, caminó hacia la mesa. Se detuvo frente a Alessio, al otro lado de los mapas.

—Sí —dijo—. Tengo algo que decir.

Alessio arqueó una ceja. Esperó.

—El muelle este es una trampa —dijo Renato, señalando el mapa—. Vincenzo quiere que ataques de frente para justificar una guerra que tú no puedes ganar.

Alessio lo miró con desdén.

—Eso ya lo sé.

—Pero no puedes no hacer nada. Si no respondes, pierdes el puerto.

—También lo sé.

—Entonces, ¿qué vas a hacer?

Alessio apretó la mandíbula, odiaba que ese omega le hablara así, como si fuera un igual, como si tuviera derecho a exigirle respuestas.

—Eso no es asunto tuyo.

—Claro que lo es, mi vida depende de tus decisiones. Si tú caes, yo caigo contigo.

—Entonces reza para que no me equivoque.

—Yo no rezo. Pienso.

Alessio dio un paso hacia él, su aroma se intensificó, cargando el aire con la densidad de su poder. Su presencia llenaba la habitación sin necesidad de moverse, pero con Renato, algo lo empujaba a invadir su espacio, a ver hasta dónde podía llegar antes de que el omega bajara la cabeza.

—¿Y qué piensas? —preguntó, con una voz que era un gruñido—. Ilumíname.

Renato no retrocedió.

Eso fue lo primero que encendió a Alessio. No una palabra, no un gesto, solo el hecho de que ese cuerpo pequeño, frágil, de aroma a algodón y flores, se mantuviera firme mientras él avanzaba. Cualquier otro omega se habría encogido, cualquier otro omega habría bajado la mirada, habría suplicado, pero este no. Este lo miraba con esos ojos avellana que a veces parecían grises, y no se movía.

—Pienso que tienes miedo —dijo Renato.

La palabra cayó como un disparo. Alessio se quedó inmóvil, nadie se había atrevido a decirle eso en años.

—¿Qué has dicho?

—Miedo a equivocarte, miedo a perder lo que has construido, miedo a que Vincenzo te aplaste. Por eso no haces nada, por eso Marco te ha llamado la atención delante de todos, porque te quedas aquí, paralizado, mientras tu enemigo te quita el territorio.

—Cuidado —advirtió Alessio, con una voz baja y peligrosa. Su aroma de ébano y pimienta negra se expandió, llenando la habitación.

—¿O qué? —Renato dio un paso hacia él.

El aroma de Renato cambió. El algodón y la flor de cerezo se volvieron amargos, ácidos y debajo, emergiendo, la pimienta rosa. Ese maldito aroma que no era sumisión, que no era súplica, que era desafío puro, un guante lanzado al suelo delante de un depredador.

Alessio lo olió y algo en su interior rugió.

No era solo furia, era otra cosa, algo más primitivo. Su alfa interior despertó con una violencia que le heló la sangre y le encendió el cuerpo. Esa pimienta rosa le gritaba peligro, le gritaba enemigo, le gritaba igual y eso, —maldita sea— eso lo excitaba.

Quería agarrarlo, quería empujarlo contra la pared, quería besarlo hasta que ese aroma desapareciera, hasta que sus labios solo supieran a sumisión. Quería callarlo y escucharlo al mismo tiempo.

—¿Vas a golpearme? —continuó Renato, y su voz era un hielo que cortaba—. ¿Vas a besarme otra vez para callarme? Porque eso es lo que haces siempre, callar lo que no quieres oír, someter lo que no entiendes. Pero no funciona conmigo, ya lo has visto, no voy a arrodillarme.

Alessio levantó la mano pero Renato no retrocedió.

Su cuerpo pequeño, frágil, envuelto en seda y pimienta rosa, se mantuvo firme. Sus ojos avellana ardían, su mandíbula estaba tensa, su pecho subía y bajaba con una respiración agitada, pero sus pies no se movieron.

Alessio se quedó helado.

La furia seguía ahí, rugiendo en su pecho, pero debajo, creciendo, una fascinación que le quemaba más que cualquier deseo.

—No entiendes el riesgo —dijo al fin, con la voz ronca. Las palabras le costaron, no era lo que quería decir, pero era lo único que podía decir sin perder el control—. Si me equivoco, mueren mis hombres.

—Y si no haces nada, mueren igual —respondió Renato, sin bajar la mirada—. Pero con la diferencia de que, si actúas, al menos tienes una oportunidad.

Alessio bajó la mano, despacio, sus dedos temblaban ligeramente, aunque nadie lo notaría. Su cuerpo era un campo de batalla. Su alfa interior rugía, exigiendo someter, pero otra parte de él —una parte que no quería reconocer— quería escuchar.

—Habla —dijo con la voz ronca—. Te estoy escuchando.

Renato parpadeó, no esperaba eso. Se recompuso rápidamente, señaló el mapa con un dedo.

—El viernes por la noche, los Calabresi reciben un cargamento importante en el muelle oeste, Rocco lo mencionó la semana pasada. Si atacas ese cargamento, Vincenzo se verá obligado a mover a sus hombres desde el este para defenderlo, un cargamento perdido es dinero perdido, y Vincenzo no puede permitirse eso.

—Y mientras sus hombres están en el oeste…

—El muelle este queda desprotegido. Entras sin disparar un solo tiro, sin bajas, sin guerra. Solo negocios.

Alessio miró el mapa, miró a Renato, su mente trabajaba a toda velocidad. El aroma de Renato —esa pimienta rosa que aún flotaba en el aire— le erizaba el vello de los brazos.

—Vincenzo no es idiota, en cuanto recupere el oeste, sabrá lo que ha pasado.

—Que lo sepa, pero no podrá declarar una guerra abierta sin el control del puerto. Sin el muelle este, no tiene forma de meter mercancía, sus aliados dudarán, sus hombres se pondrán nerviosos. Necesitará tiempo para reagruparse.

—Tiempo que nosotros usaremos para consolidarnos.

—Exacto.

El silencio se alargó. Alessio miraba el mapa, miraba a Renato, algo en su pecho se estaba resquebrajando.

—Es una buena idea —admitió al fin, y las palabras le quemaron en la garganta.

—Lo sé.

Alessio levantó la cabeza, sus ojos negros se clavaron en los de Renato.

—¿Por qué me ayudas?

Renato sostuvo la mirada.

—Porque si tú caes, yo caigo contigo. Y no pienso caer.

No era confianza, era estrategia yAlessio lo sabía.

Asintió.

—El viernes entonces.

—El viernes.

Renato dio media vuelta y caminó hacia la puerta, se detuvo con la mano en el pomo.

—Alessio.

El alfa levantó la vista.

—Confía en mí —dijo Renato y salió.

La puerta se cerró.

Alessio se quedó solo, con el mapa extendido y el aroma de Renato aún flotando en el aire.

Confía en mí.

Tres palabras y por primera vez en años, Alessio De Luca sintió que quería hacerlo.

Y eso lo aterraba más que cualquier guerra.

1
ILikeYourFather
Omg si
Nilda Ayala
ya me imaginé a Renato con su escuadrón de omegas, entrenados para todo tipo de situaciones, escalando hasta ser los primeros
Amantedelpan
Espero con ansias cuando Renato y Ale se besen apasionados sin soltarse, y Renato se de cuenta de su atracción sin remedio por Renato 😁
Gracias por el cap🫶🫂
☆Nanu☆
me encanta esta tensión!!!😏 Ya quiero que Ren lo deje sin aliento, que Ale sienta lo que quiere provocar!!! un pequeñín cambio de roles 🤪🤓
Nerezka Martinez
claro que si , interesante muy interesante 👌😉😉
Maru19 Sevilla
Se están acercando 🤭
Marlucha💋
El café que yo tomo tiene Cardamomo!, sabroso!💜
Nidia Mojica
Renato Y Alessio ahí van. Con Marco y Rocco creo es mas complicado.
☆Nanu☆
los secundarios duros se ablandan!!! 😅😏
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓
ILikeYourFather
👀
Nidia Mojica
Renato sabe lo que hace y Alessio poco a poco empieza a ceder.
Amantedelpan
Ya cayooooo😝
☆Nanu☆
que se traen Rocco y Marco???🤓
ILikeYourFather: sabia q no solo yo lo habia pensado
total 3 replies
Maru19 Sevilla
Quiera o no va ha reconocer la valía de Renato
🔪Rachell Foster 💕🇲🇽
Tension~
Nidia Mojica
Leo el capituoo casi sin respirar cuando esos dos se enfrentan 😱 pero me encanta.
Nidia Mojica
Masoquistas ambos 🤔.
Hanabi Montano: Dígamos que los atrae el desafío 🤭🤭 Les gusta lo que no pueden controlar fácilmente
total 1 replies
Marlucha💋
Eso si debió contarte admitirlo y decirlo Alessio!, pero es un gran paso sigue por ahí mijo☺️
Hanabi Montano: Poco a poco va reconociendo el valor de Renato, todavía le cuesta, pero ya es algo
total 1 replies
Marlucha💋
Uyyÿ! Renato eso si que fue un certero golpe al orgullo de Alessio🤭🤭
Marlucha💋
Ha!, aunque te duela Alessio? necesitas el consejo o estrategias de Renato
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