Nací entre lujos, rodeada de poder, creyendo que el amor sería el único territorio donde nadie podría obligarme.
Me equivoqué.
Mi padre decidió mi destino con una firma.
Mi esposo selló mi condena con su desprecio.
Y yo… yo aprendí demasiado tarde que no todos los cuentos de hadas comienzan con una boda.
y que incluso en jaulas doradas se puede morir lentamente.
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capitulo 19 demasiado cerca
No fue inmediato.
Pero lo sentí, Adrián se estaba alejando.
no era evidente para nadie más, Solo para mí.
Las miradas que antes me encontraban ahora resbalaban hacia cualquier otro punto.
Las conversaciones se volvieron breves, correctas, distantes.
Como si de pronto yo me hubiera convertido en algo que debía evitar Y odié esa sensación.
Porque empezaba a importarme demasiado.
Lo encontré en la biblioteca , de pie junto al escritorio.
Revisando unos documentos que claramente no estaba leyendo.
La tensión en su espalda lo delataba.
—¿Vas a seguir fingiendo?- le pregunté
Mi voz rompiendo el silencio como un cristal.
Adrián no levantó la vista.
—No estoy fingiendo nada.
Mentira finges estar concentrado para no tener que mirarme.- pensé.
camine con sutileza, controlando cada latido furioso en mi pecho.
—Antes no eras así conmigo.
—Las cosas cambian, Renata.
—No.
Negué con firmeza.
—Las personas cambian Cuando quieren.
Ahora sí levantó la mirada Y el choque fue brutal.
Porque incluso distante…seguía teniendo ese maldito poder sobre mí.
—¿Qué quieres que te diga?
—La verdad.
Su mandíbula se tensó.
—La verdad no siempre es conveniente.
—Estoy cansada de lo conveniente.
Otro paso Ahora demasiado cerca para la calma.
—Estoy cansada de que todos midan sus palabras conmigo como si yo fuera de cristal.
—No eres de cristal.
—Entonces deja de tratarme como si tocarme fuera un error.
El aire se volvió espeso peligroso.
Adrián soltó lentamente los papeles.
—Esto se estaba saliendo de lugar.
El golpe fue seco.
—¿Saliendo de lugar?- sentía que lo que iba a seguir no iba a querer escucharlo.
—Sí.
—¿Por qué?
—¿Porque te incomodo?- insisti
—Porque me complicas.
El corazón me dio un vuelco.
—No sabía que yo tuviera ese poder.
Sus ojos ardieron, Oscuros, Honestos.
—No lo sabes todo, Renata.
El silencio nos envolvió Pero de una forma Frágil a punto de romperse.
Y entonces…
dije algo que no planeaba decir.
Algo que llevaba demasiado tiempo atrapado dentro de mí.
—Lo entiendo.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué entiendes?
Tragué saliva.
Sintiendo cómo el orgullo se desmoronaba palabra a palabra.
—Que te alejes.
Sus ojos se endurecieron.
—Tiene sentido.
continué, odiando lo que estaba a punto de confesar.
—Nunca he sido suficiente mujer para nadie.
El aire cambió, Bruscamente.
—Renata…
—Es la verdad.
Mi voz salió más baja.
Más vulnerable.
Más peligrosa que cualquier grito.
—Por eso Antonio jamás me miró como algo más que una transacción, Una firma, Un contrato elegante.
Adrián se quedó inmóvil.
—No digas eso.
—¿Por qué no?
—¿Acaso no lo ves?
Sentí el ardor en la garganta, La rabia, La humillación acumulada.
—Mi propio esposo no pudo fingir interés por mí.
Ni deseo, Ni siquiera curiosidad.
Lo miré directo a los ojos.
—Así que sí, Adrián. Entiendo perfectamente por qué decidiste mantener distancia.
Lo que ocurrió después fue instantáneo. Brutal.
Adrián cruzó el espacio entre nosotros.Me tomó por los brazos No con suavidad Con urgencia.
—No vuelvas a decir algo así.
Su voz salió grave, Tensa Cargada de algo que hizo que mi piel vibrara.
—¿Por qué?
susurré.
—¿a caso es mentira?
Sus ojos descendieron a mis labios.
Luego volvieron a mirarme con una llama intensa.
encendidos por la urgencia controlada.
—Porque no tienes idea de lo que provocas.
El pulso se me disparó.
—Entonces dímelo.
Error. Porque algo en Adrián se rompió definitivamente.
—Maldita sea, Renata…
Me alzó, Con una facilidad que me robó el aire.
Y en el siguiente segundo…me sentó sobre el escritorio.El impacto fue suave.Pero lo que vino después…no lo fue.
Se colocó entre mis piernas y en ese instante El mundo desapareció.
Sus manos apoyadas a cada lado de mi cuerpo Encerrándome como para evitar que yo huyera.
Su rostro peligrosamente cerca.
—Si fueras mía…
El susurro me atravesó.
—Te haría sentir cosas que ese imbécil jamás ha sido capaz de provocarte.
El aire se evaporó.
Mi respiración se volvió errática.
—Adrián…
Pero no me dejó hablar, Se inclinó, lentamente.
sus labios rozaron mi cuello, por dónde pasaba mi arteria Y entonces…me besó, no en los labios, si no en el cuello
No fue brusco, Fue lento, Profundo, Devastador.
Un beso que no pedía permiso, Que reclamaba.
Que incendiaba, El gemido escapó antes de que pudiera contenerlo.
Pequeño, Involuntario pero Peligrosamente sincero.
Y eso…lo detuvo.
Adrián se quedó inmóvil, Como si aquel sonido hubiera sido un disparo.
Su respiración chocaba contra mi piel, Agitada.
Temblorosa, Lentamente levantó el rostro.
Apoyó su frente contra la mía Sus ojos cerrados.
Su cuerpo aún ardiendo contra el mío.
—No…
El susurro sonó roto.
—No puedo seguir.
Mi corazón golpeaba salvajemente.
—¿Por qué?
Sus labios apenas rozaban los míos al hablar.
—Porque esto sería peligroso.
Abrió los ojos Y en ellos vi algo devastador, Deseo.Sí.
Pero también…miedo.
—Para ambos..
—Especialmente para ti.
Sentí el vacío antes incluso de que se apartara, Porque sabía lo que venía, Sabía que iba a alejarse, Otra vez.
Y aun así…dolió.
Adrián retrocedió, Respirando con dificultad.
Pasándose una mano por el cabello, Como si luchara contra sí mismo.
—Vete, Renata.
El golpe fue brutal.
—Adrián…
—Vete.
Su voz sonó grave..
—Y déjame solo.
Lo miré, El pecho agitado, La piel aún ardiendo.
El corazón hecho un desastre Y sin decir una palabra…obedecí.
Porque quedarme habría sido rendirme, Y yo aún no sabía si estaba lista para caer.