Ella ha dedicado su vida a entrenar y aunque ahora reencarna en otra época no dejará sus sueños.
* Esta Novela es parte de un mundo mágico*
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Cole 2
El murmullo no cesaba.
El patio de la academia, que minutos antes había estallado en exclamaciones y risas nerviosas, ahora estaba sumido en un silencio espeso, casi incómodo. El polvo aún flotaba en el aire, iluminado por la luz dorada de la tarde.
En el suelo, con la espalda contra la arena apisonada, estaba Cole.
El heredero orgulloso, el hijo mayor, el joven que se jactaba de ser el mejor combatiente entre los nobles de su generación.
Y había sido derribado.
Por su hermana menor.
Por Constance.
Ella que durante meses había entrenado con el rostro cubierto, con identidad oculta, compitiendo bajo un seudónimo. Nadie había asociado aquella figura veloz y técnica con la muchacha elegante que cabalgaba en clases de equitación. Nadie había sospechado que bajo los vestidos sobrios y la sonrisa tranquila había músculos forjados en disciplina y una mente entrenada en combate.
Pero ese día no llevaba máscara.
Ese día había decidido no esconderse más.
Cole se incorporó bruscamente, el rostro rojo, no solo por el impacto sino por la humillación.
—¡Esto no cuenta! ¡Fue suerte!
Los compañeros de la academia intercambiaron miradas. Los profesores observaban con el ceño fruncido. Incluso algunos sirvientes que habían salido a presenciar el duelo murmuraban sorprendidos.
Constance permanecía de pie a unos metros, respirando con calma. Ni siquiera parecía agitada.
—Hermano.. te derribé limpiamente.
Aquello lo enfureció más.
—¡Revancha! ¡Ahora mismo!
Por primera vez en su vida, Cole no gritaba desde la seguridad de su superioridad. Gritaba desde la herida.
Era orgullo roto.
Era incredulidad.
Era rabia.
Constance lo miró unos segundos. No había burla en sus ojos. No había satisfacción cruel. Solo una determinación tranquila.
—Está bien.. aceptó.
El círculo volvió a formarse.
El segundo combate fue más corto que el primero.
Cole atacó con furia, sin estrategia, lanzándose con fuerza bruta. Quería demostrar algo. Quería recuperar su lugar. Pero la rabia nublaba su técnica.
Constance se movió como si hubiera previsto cada paso.
Desvió su primer golpe con el antebrazo.
Giró sobre su eje.
Aprovechó su impulso.
Un movimiento preciso de cadera.
Un desequilibrio calculado.
Y nuevamente, el cuerpo de Cole cayó contra la arena.
Esta vez más fuerte.
El silencio fue absoluto.
Constance no necesitó más de tres movimientos.
Se quedó de pie, firme, sin levantar los brazos en victoria. No necesitaba aplausos.
Lo había hecho.
Sin máscara.
Sin esconder su nombre.
Los profesores comenzaron a murmurar entre ellos. Algunos asentían con gravedad, reconociendo técnica refinada, entrenamiento constante, disciplina real. No era talento improvisado. Era trabajo de años.
Cole permaneció en el suelo unos segundos más.
La rabia seguía allí… pero algo más se filtraba.
Comprensión.
Había sido superado.
No por azar.
No por trampa.
Sino por mérito.
Constance extendió la mano para ayudarlo a levantarse.
—No quiero humillarte.. Solo quiero que entiendas que no me voy porque no tenga opciones. Me voy porque elegí este camino.
Él la miró, todavía respirando con dificultad.
Por primera vez no vio a su hermana pequeña.
Vio a una combatiente.
Vio a alguien que había decidido su propio destino.
Y el patio entero entendió algo más ese día.. la hija de la familia Valmont no era un adorno ni una sombra.
Era una guerrera.
Y en tres días… partiría al ejército no como una joven tímida, sino como alguien que ya había demostrado que podía sostenerse por sí misma.
Sin apellido.
Sin protección.
Solo con su fuerza.