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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

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Capítulo 19

El silencio que siguió a la caída del imperio Mendoza no era la paz que Clara había imaginado. Era un silencio pesado, denso, cargado del olor a tierra húmeda y el eco lejano de una vida que acababa de saltar por los aires. En la oscuridad del búnker, la única luz provenía de la pantalla parpadeante de la terminal, que ahora mostraba un mensaje persistente: *BORRADO COMPLETO*.

Clara respiró hondo, sintiendo cómo el aire frío le quemaba los pulmones. Se volvió hacia Gabriel, que seguía apoyado contra la pared, con el rostro de un color grisáceo que le heló la sangre. El trozo de metralla en su costado seguía allí, y el charco de sangre bajo él se ensanchaba con una lentitud aterradora.

—Gabriel, escúchame. No te vas a quedar aquí —dijo ella, su voz temblando pero cargada de una determinación que nacía del miedo más puro—. Mi padre tenía un protocolo de extracción médica en el puerto de carga. Si llegamos allí, hay un equipo que no responde al sindicato, solo a la cuenta privada de "la Sombra".

Gabriel intentó sonreír, pero solo logró una mueca de dolor. Su mano buscó la de ella, apretándola con la poca fuerza que le quedaba.

—Clara... ya lo has hecho. Eres libre. Vete... antes de que el ejército llegue.

—¡No soy libre si te pierdo a ti! —gritó ella, y el sonido de su propia voz, tan llena de vulnerabilidad, la sorprendió.

Se puso en pie y buscó en los armarios de emergencia del búnker. Encontró un kit de trauma avanzado. Con manos expertas, entrenadas en los peores escenarios, rompió la camisa de Gabriel y aplicó un vendaje de presión y un agente coagulante. Él soltó un gruñido ahogado que le partió el alma.

—Mírame, Gabriel. Mírame a los ojos —le ordenó, sujetando su rostro entre sus manos—. Me has mantenido con vida cuando todo el mundo quería mi cabeza. Ahora me toca a mí. No me importa el imperio, no me importan los traidores. Solo me importas tú.

Lo ayudó a levantarse una vez más. El trayecto por el resto del túnel, que desembocaba en un hangar oculto en la costa, fue una prueba de resistencia inhumana. Clara sentía el peso de Gabriel sobre sus hombros, pero también el peso de cada decisión que la había llevado hasta allí. Cada paso era un adiós a la mansión, a los lujos, a la máscara de la Sombra.

Al salir al aire libre, el frío de la madrugada costera les golpeó el rostro. A lo lejos, el cielo seguía teñido de un naranja enfermizo por el incendio de la mansión. El imperio estaba ardiendo, y ellos eran las cenizas que el viento intentaba dispersar.

En el hangar, un pequeño jet privado y un equipo médico de dos personas, contratados mediante una red de empresas fantasma años atrás, los esperaban. No hicieron preguntas. En ese mundo, las preguntas eran sentencias de muerte. Subieron a Gabriel a una camilla mientras Clara se quedaba en la pista, observando el horizonte.

—Señora, debemos partir —dijo uno de los médicos—. El espacio aéreo será cerrado en menos de veinte minutos por las autoridades federales.

Clara asintió y subió al avión. Mientras despegaban, vio las luces de las patrullas convergiendo sobre las ruinas de su casa como hormigas sobre un cadáver. Cerró los ojos y, por primera vez en años, lloró sin contenerse. Lloró por Julián, por su padre, por la niña que fue y por la mujer en la que el mundo la había obligado a convertirse.

***

Diez días después.

El sol de la Toscana era cálido y olía a romero y tierra seca. Era un contraste violento con la frialdad de su vida anterior. Clara estaba sentada en la terraza de una villa rústica, una propiedad que ni siquiera su padre conocía, comprada bajo un nombre que no significaba nada para nadie: Elena Rossi.

Llevaba un vestido de lino sencillo y el cabello corto, cortado por ella misma frente a un espejo empañado días atrás. En la mesa, una tableta mostraba las noticias del mundo que había dejado atrás. El colapso del sindicato Mendoza había provocado una crisis política sin precedentes. Presidentes, directores de bancos y altos mandos militares estaban siendo arrestados. El nombre de "Clara Mendoza" aparecía en todas partes como la arquitecta de la caída, la mujer que había destruido el crimen organizado desde dentro.

—¿Siguen hablando de nosotros? —la voz de Gabriel la sacó de sus pensamientos.

Ella se giró. Gabriel estaba de pie en el umbral, apoyado en un bastón. Estaba más delgado, y las ojeras aún marcaban su rostro, pero sus ojos estaban claros, llenos de una vida que Clara no había visto antes.

—Hablan de fantasmas, Gabriel —respondió ella con una media sonrisa—. Dicen que Clara Mendoza murió en la explosión o que huyó a una isla privada con miles de millones. Nadie sabe que la mujer más buscada del mundo está preocupándose por si las uvas de esta cosecha serán buenas.

Gabriel caminó hacia ella y se sentó en la silla de al lado. Tomó su mano, entrelazando sus dedos.

—¿Te arrepientes? —preguntó él, escrutando su rostro.

—¿De haber destruido un imperio construido sobre el dolor? No —dijo ella con firmeza—. Me arrepiento de las vidas que se perdieron en el proceso. Me arrepiento de no haber tenido el valor de hacerlo antes. Pero estar aquí... contigo... es el primer momento de verdad que he tenido en toda mi existencia.

—No será fácil, Clara. Siempre tendremos que mirar por encima del hombro. Los que sobrevivieron a la purga no olvidarán.

—Que vengan —dijo ella, y por un segundo, la chispa de la Sombra brilló en sus ojos, pero se desvaneció rápidamente—. Pero ya no lucharé para proteger un trono. Lucharé para proteger esta paz.

Se quedaron en silencio, observando cómo el sol comenzaba a descender sobre las colinas doradas. No había guardaespaldas, no había armas a la vista, no había micrófonos ocultos. Solo eran dos personas rotas tratando de unir sus pedazos en un mundo que ya no les pertenecía.

—Gabriel —dijo ella después de un rato—, ¿quién eres tú ahora que no tienes a quién proteger por contrato?

Él la miró profundamente, y por primera vez, Clara vio al hombre detrás del soldado.

—Soy el hombre que te seguiría al infierno solo para ver cómo lo quemas —respondió él, su voz vibrando con una emoción real—. Soy alguien que finalmente puede elegir. Y te elijo a ti, Elena.

Clara sintió un nudo en la garganta. El nombre "Elena" sonaba extraño, pero hermoso. Era el comienzo de su renacimiento. Se levantó y se inclinó hacia él, depositando un beso suave y prolongado en sus labios. No era el beso desesperado de la noche de la caída, sino uno lleno de promesa, de un futuro que empezaban a construir sobre las cenizas del pasado.

La reconstrucción no sería solo de su vida exterior, sino de su propia identidad. Clara sabía que la marca de la mafia nunca desaparecería del todo; estaba en su forma de observar las entradas, en la manera en que su mano buscaba un arma inexistente al escuchar un ruido fuerte. Pero aquí, bajo el cielo italiano, tenía la oportunidad de ser algo más que una líder temida. Podía ser humana.

—Mañana iremos al pueblo —dijo ella, acariciando la cicatriz en la mano de Gabriel—. Compraremos lo necesario para arreglar el jardín. Quiero plantar algo que crezca, no algo que se oculte.

Gabriel asintió, atrayéndola hacia su pecho. El imperio Mendoza había muerto, y de sus cenizas no había surgido una nueva reina, sino una mujer que finalmente podía respirar. El renacimiento era doloroso, lento y lleno de incertidumbres, pero mientras la noche caía sobre la Toscana, Clara se dio cuenta de que, por primera vez, no tenía miedo de la oscuridad. Porque la oscuridad ya no era su escondite; era simplemente el preludio de un nuevo amanecer.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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