Hace cinco años, Matías desapareció de la vida de Sofía sin dejar rastro.
Hoy es uno de los hombres más ricos y arrogantes de Buenos Aires.
Ella vive con un secreto.
Él vuelve cargado de orgullo y rencor.
Cuando se reencuentran, no hay nostalgia, solo ironía y reproches.
Sofía no pide explicaciones ni compasión.
Pero Matías, el hombre que una vez la abandonó,
empieza a aparecer una y otra vez…
y esta vez no piensa irse.
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Capítulo 7
Sofía colocó los documentos suplementarios sobre el escritorio de Matías con cuidado, evitando mirarlo directamente. "Señor Matías, aquí están los archivos que solicitó. ¿Necesita que se los explique como la vez anterior?". Él no respondió, ni siquiera levantó la vista de su pantalla. En cambio, señaló con un gesto el sofá de cuero en la esquina del despacho: "Siéntate allí". Sofía obedeció, acomodándose en el mullido asiento, mientras él volvía a su trabajo, tecleando con eficiencia en su computadora. El despacho era un espacio de lujo austero: paredes de vidrio con vistas a la ciudad, muebles minimalistas y un silencio solo roto por el zumbido del aire acondicionado.
Pasó una hora completa. Sofía, exhausta por la noche anterior dedicada a preparar los papeles de Tiago para el jardín, sintió los párpados pesados. Intentó resistir, cruzando las piernas y enderezándose, pero el cansancio la venció. Se quedó dormida, la cabeza ladeando ligeramente contra el respaldo.
Cuando abrió los ojos, el rostro de Matías estaba a centímetros del suyo, sus ojos oscuros escrutándola con intensidad. Sofía se sobresaltó, perdiendo el equilibrio y a punto de caer del sofá. Él extendió el brazo rápidamente, rodeando su cintura para estabilizarla. "Señorita Sofía, ¿mi oficina es tan cómoda que te quedas dormida sentada?", dijo con tono sarcástico, su aliento cálido rozando su piel.
Ella se zafó con torpeza, ruborizándose. "Lo siento, anoche no dormí bien". Matías se apartó un paso, cruzando los brazos. "¿Por qué? ¿Saliste con un hombre?". La pregunta salió brusca, casi acusadora. Sofía frunció el ceño, entre enfadada y desconcertada. "Señor Matías, si salgo o no con hombres, no es de su incumbencia".
La tensión creció en el aire, sus miradas chocando como espadas. En ese momento, un golpe suave en la puerta interrumpió. Era el asistente, un joven nervioso con carpeta en mano. "Señor Matías, la señorita Paula lo invita a cenar esta noche". Matías ni parpadeó: "Dile que no tengo tiempo". El asistente asintió, pero antes de salir, lanzó una mirada curiosa a Sofía, especulando en silencio sobre su presencia allí. Recordó los rumores sobre "el primer amor" de Matías, una tal Camila, una figura mítica en los chismes corporativos.
Apenas la puerta se cerró, el teléfono de Sofía vibró en su bolso. Lo sacó: era Lucas. Atendió rápidamente. "Sofía, ¿sigues en el Grupo Financiero? El presidente Jorge me dijo que te envió con materiales. Vuelve ya a la oficina". Antes de que pudiera responder, Matías le arrebató el aparato de la mano. "Estamos discutiendo el esquema del resort en Bariloche con la secretaria Sofía. Regresará más tarde", dijo al teléfono con voz firme, colgando sin esperar réplica.
Sofía extendió la mano por su móvil, irritada. "Señor Matías, insisto: deje que un colega experto venga a explicar el proyecto". Él negó con la cabeza, sentándose de nuevo. "No. Tú lo harás". Ella se levantó, exasperada. "Entonces, me voy". Matías la miró con ojos entornados. "Si sales por esa puerta, consideraré que el Grupo Rodríguez carece de sinceridad y los excluiremos del trato. Además, cenarás conmigo para discutirlo en detalle".
Sofía sacudió la cabeza. "¡No puedes obligarme!". Las palabras escaparon antes de medirlas, pero ya estaba dicho. Matías se tensó, su expresión endureciéndose. "Sal de aquí", ordenó con frialdad. Sofía no esperó más; tomó su bolso y salió del despacho a paso rápido, sintiéndo un leve alivio.
Bajó por el ascensor reluciente y cruzó el lobby del imponente edificio del Grupo Financiero de América Latina. Afuera, el sol de la tarde porteña iluminaba la avenida, pero su atención se fijó en una mujer apoyada en un deportivo rojo brillante: Paula, vestida con un traje Chanel impecable y un bolso Hermès colgando del brazo. Paula la reconoció al instante, entrecerrando los ojos. "Tú eres la secretaria de Lucas, ¿verdad? Dile que vuelva a Córdoba. Aquí no hay lugar para él".
Sofía se detuvo, defendiendo instintivamente. "El señor Lucas fue convocado por el presidente Jorge. No es decisión suya". Paula se enderezó, sorprendida por la osadía. "¿Una simple secretaria me contesta? ¿Cómo te llamas? Haré que Jorge te despida". Sofía mantuvo la compostura, pero Paula ya marcaba en su teléfono. Llamó a alguien en el Grupo Rodríguez, averiguando el nombre: "Sofía". Luego, sin pausa, discó otro número. "Papá, despide a Sofía ahora mismo. Es la secretaria de Lucas y me ha faltado al respeto".