Renace en la novela que estaba leyendo y en el personaje que más odiaba.. Pero, dispuesta a cambiar su destino.
* Historia parte de un universo mágico.
** Todas novelas independientes.
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Jason Evenson 1
Cuando Oliver finalmente se marchó, la mansión Evenson volvió a sumirse en ese silencio solemne que siempre parecía envolverla al caer la tarde. Florence permaneció unos minutos de pie junto a la ventana, observando cómo el carruaje del socio comercial se alejaba por el camino principal.
Podía casi sentir la tensión que él llevaba en los hombros. Sabía que no perdería tiempo.
Sabía que iría directo a Jason.
Y la idea la hizo sonreír.
Por un instante consideró llamar a algún criado, dar una orden discreta, enviar a alguien sigiloso para seguirlo. Pero enseguida descartó la idea. Aún no tenía claro quién era realmente leal a ella… ¿y si escogía mal? ¿y si esa persona corría a contarlo?
No.
Aún era demasiado pronto para jugar a los espías.
Tenía algo mucho más poderoso de su lado.. la incertidumbre.
Y Jason iba a ahogarse en ella.
Florence se sirvió una copa de vino tinto. El cristal fino tintineó suavemente cuando lo levantó, reflejando la luz dorada de las lámparas. Caminó hasta la terraza privada que daba a los jardines, donde el viento frío de la tarde le acarició la piel.
Bebió un sorbo.
El vino era fuerte, profundo… como sus pensamientos.
Cerró los ojos e imaginó la escena.
Oliver entrando en una habitación oculta, quizá en una casa segura, quizá en algún sótano de la capital. Jason esperando noticias. Jason, con su porte orgulloso, con sus ojos oscuros llenos de esa falsa calma que siempre había usado como máscara.
Y entonces Oliver pronunciando aquellas palabras..
—La duquesa está considerando volver a casarse… y ha retirado todos los fondos hacia el ducado.
La sonrisa de Florence se volvió más lenta. Más oscura.
[Oh, querido esposo… ¿Qué sentirás al saberlo?]
Porque cuando Jason “volviera de entre los muertos”, cuando reapareciera como el héroe del reino… tal vez ya no tendría ni fortuna… ni mansión… ni esposa esperando por él.
La imagen la complació.
No por venganza ciega.
Sino porque por primera vez… ella controlaba la historia.
Bebió otro sorbo, dejando que el vino ardiera suavemente al bajar. El viento movió el dobladillo negro de su vestido. La noche comenzaba a caer sobre el ducado, pero por dentro, Florence brillaba con una determinación nueva.
No lloraría por él.
No lo esperaría.
Y si Jason Evenson algún día regresaba…sería a un mundo que ya no giraba alrededor de su nombre.
Un mundo que le pertenecía a ella.
A varias horas del ducado Evenson, oculto entre montañas cubiertas de pinos y rocas húmedas por la neblina, se alzaba una pequeña casa de madera. Por fuera parecía una vivienda humilde de cazadores, apenas un punto perdido en el paisaje. Pero por dentro era una base temporal, un refugio clandestino… y el corazón detenido de una misión que había quedado en pausa.
Porque sin dinero, no había movimiento.
Y Jason Evenson lo sabía.
El duque estaba sentado frente a una mesa rústica, con mapas extendidos, notas estratégicas y varios informes incompletos. La chimenea ardía débilmente, iluminando su rostro serio. Su cabello claro caía sobre la frente y sus ojos oscuros, siempre controlados, tenían una dureza insondable.
Jason no era un hombre de palabras innecesarias.
Era el tipo de persona que observaba, analizaba… y actuaba.
Por eso, cuando escuchó pasos apresurados afuera, solo levantó la mirada hacia la puerta, sin moverse.
Oliver Amery entró un segundo después, cubierto de polvo del camino, el rostro tenso… y sin decir una sola palabra, se dirigió directo a la pequeña mesa lateral.
Jason lo siguió con la mirada.
Vio cómo su amigo agarraba una botella de alcohol fuerte, servía un vaso… y se lo bebía de un trago, como si necesitara valor líquido para enfrentar lo que venía.
La botella volvió a sonar contra la mesa.
El silencio entre ambos era pesado… cargado.
Jason frunció el ceño.
—¿Qué pasó? —preguntó por fin, con voz grave.
Oliver no respondió de inmediato. Echó aire por la nariz, sirvió otra copa… y entonces, como si fuese un ritual, tomó un segundo vaso, lo llenó… y lo empujó suavemente hacia Jason.
El duque lo miró, sin tomarlo.
—Bébelo —dijo Oliver, cansado, derrotado, irónico—. Créeme… te hará falta.
Jason lo fulminó con la mirada, esa mirada fría que imponía silencio en cualquiera… menos en Oliver, que incluso ahora soltó una risa breve y amarga.
—Solo… hazlo.
Jason suspiró con irritación, tomó el vaso… y lo bebió de un trago.
El alcohol ardió en su garganta.
—Ahora habla —ordenó.
Oliver apoyó los codos en la mesa, entrelazó las manos… y lo miró directamente a los ojos.
—Buen amigo —dijo lentamente, como quien anuncia una tragedia—. Te informo que… tu hermosa esposa está pensando en casarse de nuevo.
El silencio fue absoluto.
La madera crujió por el fuego.
Una gota de alcohol cayó desde el borde del vaso de Jason… hasta la mesa.
Pero él no se movió.
Su expresión no cambió de inmediato. Pero sus ojos… sus ojos se oscurecieron aún más. Una sombra fría descendió sobre su rostro.
Oliver continuó, porque ya no había forma de suavizarlo..
—Y no solo eso… ha retirado los fondos. Todos. El dinero ya no sale del ducado. La misión está… oficialmente, detenida.
Se reclinó en la silla, exhausto.
—Así que… en resumen… cuando vuelvas a la vida —sonrió amargamente— probablemente ya no tengas ni fortuna, ni mansión… ni esposa esperando por ti.
El eco de esas palabras quedó suspendido entre ambos.
Jason cerró lentamente los ojos.
La mandíbula se le tensó, marcando los músculos bajo la piel. Sus manos se cerraron en puños sobre la mesa… tanto, que los nudillos se le pusieron blancos.
Por primera vez desde que fingió su muerte… la tranquilidad lo abandonó.