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SANADOR DESCARTADO

SANADOR DESCARTADO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Invocado a otro mundo como sanador, fue descartado por su propio equipo por no hacer daño.
Herido y abandonado en la frontera, comenzó a curar a quienes nadie miraba: plebeyos, soldados rotos, niños enfermos.
Con conocimientos del mundo moderno y una magia que evoluciona al salvar vidas, su nombre empieza a recorrer el reino.
Cuando la guerra y la peste alcancen la capital, descubrirán que descartaron al único que podía salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: El nombre que nace del humo

Ravenhold no volvió a oler igual después del incendio del puerto.

Durante días, el aire conservó un rastro ácido que hacía arder la garganta al respirar profundo. Los almacenes ennegrecidos se convirtieron en una herida abierta en el paisaje del muelle. La gente caminaba más lento por esa zona, como si temiera despertar algo que aún no terminaba de apagarse.

Ren también caminaba más lento.

No por miedo. Por el peso que se le había instalado en los hombros.

El templo abrió una investigación formal. El gremio hizo lo propio. Cada institución con sus tiempos, sus silencios, sus prioridades. Nadie habló de sabotaje en voz alta. Lo llamaron “negligencia operativa”. Una palabra grande para esconder una intención pequeña y sucia.

Ren fue citado dos veces a declarar. No como acusado. Como testigo incómodo.

—El barril de agua no era el que nos habían asignado —dijo en la sala austera del templo—. Alguien lo cambió. Lo noté porque el olor era distinto y porque mis vendas se humedecieron con agua no hervida.

El escribano levantó la vista.

—¿Puede probarlo?

Ren sostuvo su mirada.

—Puedo mostrarle las quemaduras químicas en las manos de los que intentaron usar ese barril para lavarse. Eso no ocurre con agua limpia.

El escribano no respondió. Anotó.

En el gremio, la pregunta fue otra.

—¿Por qué insistió en evacuar sin esperar órdenes? —preguntó un oficial con la voz dura—. Se expuso y expuso a aprendices.

Ren respiró hondo.

—Porque la gente se estaba asfixiando.

—No es una respuesta administrativa.

—Es la única que tengo.

Kaela Dorn observó desde el fondo de la sala. Cuando salieron, le puso una mano en el hombro.

—No te van a tocar —dijo—. Todavía. Pero ya no eres invisible.

Ren asintió. No quería ser visible. Pero entendía que, en una ciudad como Ravenhold, lo invisible también se pierde fácil entre los engranajes.

Esa tarde, Selene Var lo llevó a los barrios bajos del puerto. No había uniformes. No había sellos. Solo gente que todavía tosía al reír.

—Aquí no llegan las “campañas de prevención” —dijo Selene—. Llegan los rumores.

Ren se arremangó sin hablar. Repartió vendas limpias. Enseñó de nuevo cómo lavar manos, cómo hervir agua, cómo ventilar habitaciones cuando el humo aún se colaba por las rendijas. Usó Diagnóstico Claro para identificar a los que empeorarían en horas si no se actuaba.

—Señor… —dijo una mujer con un niño en brazos—. ¿Usted es el del puerto?

Ren dudó.

—Solo soy un sanador.

La mujer negó con la cabeza.

—Mi marido dice que usted caminó dentro del humo sin taparse la cara. Dice que gritaba que no cerráramos los ojos.

Ren recordó el ardor en la garganta, el mareo que casi lo tumbó. No era valentía. Era urgencia.

—Hice lo que pude.

El niño respiraba con dificultad. Ren activó Estabilización Rápida. La respiración se acomodó un poco. La mujer rompió en llanto silencioso, agradecida y asustada a la vez.

Al salir, Ren sintió el pulso cálido del sistema recorrerle el pecho. La interfaz apareció un segundo, discreta, como si no quisiera robarle el momento.

—Atenciones efectivas acumuladas: 187.

—Progreso cercano al siguiente umbral.

Ren cerró los ojos un instante. No quería pensar en números. Pero el cuerpo sabía que estaba empujando el límite otra vez.

Esa noche, Ravenhold murmuraba su nombre en las tabernas.

No como “Ren”.

Como algo distinto.

—El del puerto… —decían—. El que entra donde el humo quema.

—El de las manos limpias —agregaban otros—. El que te obliga a hervir el agua.

Un estibador borracho lo resumió con una frase que empezó a repetirse:

—El Guardián del Aliento. Ese que te devuelve el aire cuando el aire se va.

El apodo le llegó a Ren de boca de un niño, al día siguiente.

—¡Mamá, es el Guardián del Aliento! —gritó al verlo pasar.

Ren se detuvo, incómodo.

—No me llames así —dijo, suave—. Me llamo Ren.

El niño lo miró, serio.

—Pero Guardián del Aliento suena a que no te rindes.

Ren no supo qué responder.

En los días siguientes, los pequeños sabotajes no cesaron: retrasos en permisos, cajas que “se perdían”, camillas que aparecían rotas. Nada directo. Todo lo suficiente para desgastarlo.

Y, aun así, la red de apoyo creció.

Kaela organizó turnos de escolta para los puestos médicos improvisados. Selene consiguió que aprendices del templo rotaran por los barrios bajos. Dos aventureros de rango D se ofrecieron a ayudar con traslados de heridos. No pedían pago. Pedían instrucciones.

—¿Qué hago si alguien deja de respirar? —preguntó uno, nervioso.

—Mírame a los ojos —dijo Ren—. Respira conmigo primero. Luego hacemos lo demás.

La noche en que el sistema marcó el umbral, Ren estaba solo en el anexo, limpiándose las manos.

El pulso cálido volvió.

—Atenciones efectivas acumuladas: 200/200.

—Ascenso de rango en proceso.

—Rango actual: E.

—Rango nuevo: D.

—Nuevas habilidades desbloqueadas.

Ren se dejó caer en la silla.

No hubo alegría desbordada. Hubo cansancio profundo… y una certeza silenciosa: su forma de avanzar estaba siendo reconocida por algo más que rumores.

Las nuevas habilidades se desplegaron:

Evaluación en Masa: prioriza automáticamente pacientes críticos en multitudes.

Campo de Calma: reduce pánico y dolor en un área pequeña.

Purificación Básica: aumenta la resistencia a infecciones comunes tras el tratamiento.

Ren apoyó la frente en las manos. Pensó en Lorn. En Brunn. En el puerto. En las manos que había sostenido cuando el aire se iba.

El mundo grande ya le había puesto un nombre.

No uno de gloria.

Uno de necesidad.

Y más adelante —lo sentía como una presión que crecía detrás de los ojos— vendría un desafío que no sería humo ni agua sucia. Algo que sacudiría al reino entero y lo obligaría a demostrar, frente a nobles y templos, que salvar vidas no era una herejía… sino una fuerza.

Por ahora, Ravenhold dormía.

Y en los barrios bajos, alguien susurraba el nombre que había nacido del humo:

—El Guardián del Aliento… vino hoy.

Si quieres, en el siguiente paso puedo ayudarte a armonizar este apodo en capítulos anteriores para que la evolución del rumor se sienta progresiva y orgánica.

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Elba Lucia Gomez
no come? enfermo atendiendo? débil? no se......
btcclic cuenta3
Espero los próximo nuevos capítulos, welcome, perfec./Scare/
Annyely
gracias , tratare de publicar otro isekai este mes, para que me sigas apoyando☺️
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
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