“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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Lo que intento Retenerlas
La noche cayó silenciosa cuando emprendieron el viaje.
El padre iba al frente.
Alison y Alisa caminaban detrás, sin mirar demasiado hacia atrás.
Pero el bosque sí las miraba.
Desde lo más profundo, la entidad sintió el movimiento.
Sintió el alejamiento.
Y algo dentro de aquella sombra antigua se agitó.
No podía permitir que el equilibrio saliera de su territorio.
No todavía.
Las raíces bajo la tierra comenzaron a tensarse.
Las ramas crujieron sin viento.
El sendero que conocían tan bien empezó a deformarse sutilmente.
Alison fue la primera en notarlo.
—El camino… —murmuró.
El padre se detuvo.
El árbol que marcaba la salida ya no estaba donde debía.
El bosque estaba cambiando.
La entidad concentró lo poco de poder que había reunido.
Oscureció la niebla.
Espesó el aire.
Intentó envolverlas.
Una sombra más densa se deslizó entre los troncos y se lanzó hacia Alison, buscando la marca.
Pero cuando estuvo a punto de tocarla, algo ocurrió.
La sombra de Alison reaccionó primero.
Se alzó por instinto, formando una barrera oscura.
Al mismo tiempo, el pecho de Alisa brilló con una luz firme, más intensa que antes.
Las dos energías se expandieron juntas.
No fue un ataque.
Fue una respuesta.
Un rechazo.
El bosque tembló.
La entidad retrocedió violentamente.
No esperaba eso.
No esperaba que trabajaran en conjunto.
Intentó una vez más, haciendo que las raíces se movieran bajo sus patas.
Pero el padre dio un paso al frente, su presencia firme y protectora.
—No hoy —gruñó al vacío.
El equilibrio volvió a expandirse.
Esta vez más claro.
Más fuerte.
La sombra antigua comprendió entonces algo peligroso:
Aún no tenía suficiente poder.
Si las enfrentaba directamente, perdería lo poco que le quedaba.
Se retiró hacia la parte más oscura del bosque.
Observando.
Esperando.
Mientras tanto, el camino volvió lentamente a su forma normal.
El aire se aligeró.
Alisa respiró agitada.
—Eso no fue el viento.
—No —respondió Alison, mirando sus propias sombras con una nueva certeza.
El padre no explicó lo que sabía.
Pero confirmó algo en su interior:
No solo estaban huyendo.
Estaban siendo empujadas hacia adelante.
Y algo, desde atrás, acababa de fallar en su primer intento.
El viaje continuó.
Pero ahora sabían una cosa con seguridad.
El bosque no quería dejarlas ir.
Y eso significaba que lo que llevaban dentro…
Era más importante de lo que imaginaban.
Caminaron durante varios minutos sin hablar.
El crujido de las hojas bajo sus patas era el único sonido constante. Pero ya no era un ruido familiar. Ahora parecía advertencia.
Alison miró de reojo a su hermana.
—Tu luz… fue más fuerte.
Alisa bajó la mirada, aún sorprendida por lo que había sentido.
—No lo hice a propósito.
—Yo tampoco —respondió Alison suavemente.
Eso era lo que más inquietaba.
No estaban entrenando.
No estaban intentando atacar.
Sus poderes estaban reaccionando solos.
Protegiéndolas.
O protegiéndose entre sí.
El padre disminuyó la velocidad hasta caminar junto a ellas.
Su expresión era firme, pero en sus ojos había algo más profundo.
—Escuchen con atención —dijo en voz baja—. Si el bosque intenta confundirlas otra vez, no duden. Manténganse juntas.
Las dos asintieron.
No preguntaron cómo sabía que volvería a intentarlo.
Porque en el fondo, lo sabían también.
Detrás de ellas, muy lejos, la entidad se replegó entre las sombras más densas.
Había sentido el choque del equilibrio.
Y aquello la había debilitado.
Pero no la había destruido.
Ahora comprendía que separarlas sería más efectivo que enfrentarlas unidas.
Si lograba que la luz dudara de la sombra…
O que la sombra temiera a la luz…
El equilibrio se rompería solo.
Y entonces sí podría actuar.
Mientras tanto, Alison sintió que la marca estaba diferente.
No ardía.
No vibraba con ansiedad.
Estaba… alerta.
Como si hubiera reconocido a su enemigo.
Alisa, por su parte, sintió que la chispa en su interior ya no era frágil.
Era pequeña.
Pero constante.
El bosque quedó atrás poco a poco.
Y aunque lograron salir de su territorio, ninguna de las tres presencias —la luz, la sombra, y la entidad que las observaba— olvidaría lo ocurrido esa noche.
Porque el primer intento había fallado.
Pero no sería el último.