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La Obsesión Del Alemán

La Obsesión Del Alemán

Status: En proceso
Genre:Dominación / Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Giselle O'Connor huyó de un pasado que casi la destruye y encontró refugio bailando cada noche en el club Eclipse, donde solo en el escenario logra sentirse libre. Su mundo cambia cuando la mirada fría y poderosa de Dexter Müller, el líder de la mafia más temida de la ciudad, se fija en ella. Lo que empieza como una obsesión silenciosa se convierte en un vínculo prohibido lleno de deseo, peligro y salvación.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LLENA DE FLORES

Llegué al edificio como cualquier otro día, con mi cabello perfectamente rubio cayendo sobre mis hombros y las gafas grandes cubriéndome media cara. Eran mi escudo, mi disfraz, mi forma de pasar desapercibida aunque por dentro ardiera un fuego que nadie debía reconocer. Saludé a los chicos de recepción con una sonrisa ligera, ese gesto automático que ya hacía sin pensar. El aire frío del lugar me recibió mientras avanzaba por el pasillo. El taconeo firme de mis botas resonaba como si marcara un ritmo propio.

En una esquina apareció JJ, el de logística, con su café derramándose un poco por el borde del vaso.

—Mile, buenos días —me dijo, sonriendo como si no tuviera un solo problema en la vida.

—Hola, JJ. ¿Otra vez derramando café? —me burlé, levantando una ceja.

—Es un talento, la verdad. Un talento que nadie aprecia.

Solté una risita suave.

—Deberías considerarlo un superpoder.

—¿Y tú? —me miró de arriba abajo— Siempre tan… arreglada.

—Es mi otro superpoder.

Reímos un poco más, hablamos sobre lo aburrida que estaba la semana, sobre inventarios atrasados y sobre una serie que él insistía en que debía ver. Luego nos despedimos con la promesa —que seguro ninguno cumpliría— de almorzar juntos algún día.

Continué caminando hasta mi camerino. Empujé la puerta… y el olor me golpeó primero. Flores. Muchas. Demasiadas. Como si hubiera entrado a un jardín secreto, uno lleno de rosas, lirios, peonías, todo mezclado en un aroma dulce que me envolvió por completo. Me quedé de pie, inmóvil, parpadeando varias veces. ¿Era una broma? ¿Un error? ¿Una campaña publicitaria? No, porque en el centro había un arreglo enorme, tan grande que parecía desafiar cualquier lógica.

Me acerqué despacio, como si temiera que fuera a explotar. Había una tarjeta pequeña incrustada entre las flores blancas. La tomé con las manos temblorosas y la abrí.

Frases cortas. Bellas. Coquetas.

“No sé qué tienes, pero no puedo dejar de pensarte.”

“No suelo enviar flores… tú no sueles ser cualquiera.”

“Lo estás complicando todo. Y no puedo evitar querer más.”

“No sé quién eres… pero quiero descubrirlo.”

Tragué duro. Sentí un nudo subir por mi garganta mientras el corazón me latía rápido, demasiado rápido.

Dexter Müller.

Mi respiración se detuvo un segundo. Leí su nombre una vez. Luego otra. Y otra. Pero seguía estando ahí. Era real. Las flores eran reales. El perfume era real. La tarjeta era real.

Yo no lo podía creer.

Me giré lentamente, como si buscara a alguien que pudiera confirmar que no estaba alucinando. Y entonces la puerta se abrió de golpe.

—¿Pero qué…? —Ross se quedó congelado, sus ojos abriéndose como platos— ¡Mierda, Mile! ¿Qué hiciste para que un hombre como ese…? ¡Esto es exagerado hasta para él!

Yo apenas pude moverme. No encontraba palabras. No encontraba aire.

Ross se acercó un poco más y me miró, pero no las flores… me miró a mí. Más exactamente, mis ojos. Pude ver la confusión en su rostro, cómo su ceja se levantó, cómo su expresión cambió gradualmente.

—Ojos… ¿verdes? —murmuró.

Congelé mi cuerpo entero. Un escalofrío me recorrió la espalda. No… no… No podía ser que hoy, justo hoy, me hubiera olvidado los malditos lentes de color.

Retrocedí un paso.

—Ross, por favor… —susurré, sintiendo cómo mi respiración se aceleraba— No digas nada. Te lo ruego.

—Milene… —frunció el ceño— ¿Por qué ocultas eso? ¿Qué está pasando?

Negué con la cabeza mientras buscaba una respuesta que no podía darle. No ahora. No así.

—No… no es momento para hablarlo.

—Pero…

—Ross, por favor. —Mi voz salió rota— Te lo explico luego. Solo… confía en mí.

Nos quedamos unos segundos en silencio. Él me observaba como si intentara descifrarme pieza por pieza. Finalmente asintió muy despacio.

—Está bien. No diré nada. Pero quiero saber qué pasa contigo.

Tragué saliva.

—Algún día.

Ross se retiró, aunque no dejaba de mirar las flores mientras se alejaba.

Cuando la puerta se cerró y quedé sola otra vez, giré lentamente hacia el centro del lugar. Miré cada arreglo, cada tarjeta, cada pétalo que parecía flotar en el aire. Me llevé una mano al pecho para intentar calmar el ritmo frenético de mi corazón.

Dexter Müller.

Él. Ese hombre imposible. Ese hombre que no volvía a mirar a nadie dos veces. Ese hombre que tenía al mundo a sus pies.

Me enviaba flores.

A mí.

Y yo no sabía si debía salir corriendo… o dejar que algo dentro de mí, algo muy peligroso y muy real… despertara.

Las observé otra vez. Olí una rosa blanca entre mis dedos.

No podía creer esto. No podía creerlo en absoluto. Y aun así… ahí estaban. Como si fueran un mensaje directo. Como si él estuviera diciéndome sin palabras que algo había comenzado.

Algo que yo no estaba lista para enfrentar.

O tal vez… sí.

1
Sandra Dallosta
muy bueno todo
Eneida Atencio
Amo su novela autora excelente
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