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SUBASTADO

SUBASTADO

Status: En proceso
Genre:CEO / Casarse por embarazo / ABO / Venderse para pagar una deuda / Pareja destinada / Mafia
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabitha

Adán siempre pensó que, después de la muerte de su padre omega, su mundo no podía romperse más. Pero al iniciar su último año de universidad, descubre que su papá—un beta inestable, adicto al alcohol y a los casinos—no solo tenía una segunda familia, sino que también había cobrado el seguro por la muerte del hombre que lo crió. Cuando las deudas de su padre se vuelven impagables y los acreedores empiezan a presionar, Adán se ve obligado a enfrentar a uno de los dueños del casino: Víctor Salvatierra, un alfa de treinta años con fama de frío, calculador y peligroso. Un hombre que dirige negocios legales… y otros de los que nadie quiere hablar. Víctor está cansado de escuchar a su madre criticarlo por no tener pareja, convencida de que nunca podrá lograr un vínculo estable. Pero cuando Adán aparece en su oficina exigiendo que liberen a su padre, Víctor encuentra la oportunidad perfecta:
Una deuda enorme. Un omega desesperado. Y una propuesta que podría solucionarles la vida a ambos.

NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

RESCATE

Adán miraba cómo, uno a uno, los omegas eran obligados a caminar por el pasillo estrecho.

Algunos intentaban mantenerse firmes, otros apenas podían sostenerse.

El aire apestaba a miedo.

—¡Por favor, llévenme a mi casa! —gritó de pronto un omega joven, con lágrimas rodándole por el rostro—. ¡Mi mamá está muy enferma! Si no vuelvo… podría morir…

Adán se giró.

No parecía tener más de quince años.

Demasiado pequeño.

Demasiado asustado.

El beta que los vigilaba se acercó al chico y le apuntó a la cabeza con el arma.

—Si no te mueves —dijo sin un ápice de compasión— te atravieso el cráneo con una bala.

El menor tembló de pies a cabeza.

Adán dio un paso hacia él, queriendo ayudarlo, pero un guardia lo bloqueó con un empujón.

No alcanzó a escuchar lo que el guardia susurró al beta, pero notó el cambio.

El hombre se inclinó y habló algo al oído del joven omega.

El chico, tembloroso, asintió.

Le quitaron las cadenas de los pies, dejándole solo las manos esposadas.

El menor fue llevado al pasillo.

Un guardia del otro lado lo tomó y lo arrastró hacia otra zona.

Adán sintió un hueco en el estómago.

El miedo del niño… la forma en que lo separaron…

Todo estaba mal.

Muy mal.

Y él era el siguiente.

---

Cuando lo llamaron, lo obligaron a caminar el mismo pasillo.

Sus pies pesaban como piedra, pero no se detuvo. No quería morir ahí.

Tal como habían hecho con el chico anterior, lo llevaron a otra área del edificio.

Lo empujaron dentro de lo que parecía una habitación de motel: una cama barata, una luz tenue y un sillón desgastado.

—¿También te van a sacar? —preguntó una voz juvenil detrás de él.

Adán se sobresaltó. Giró y vio a un omega joven sentado en el sillón. Tenía el rostro cansado, ojeroso, pero sus ojos seguían conservando un brillo débil de esperanza.

Adán se acercó y se sentó a su lado.

—¿Sacarte?… ¿Eso te dijo el beta? —preguntó Adán.

—Sí —respondió el chico, jugando nervioso con sus manos encadenadas—. Me dijo que me llevarían a un lugar seguro… si cierto comprador está entre los asistentes de la subasta.

Adán frunció el ceño.

—¿De verdad te dijo que te sacarían así de fácil?

El chico se quedó helado.

Su expresión se desfiguró en miedo.

Adán maldijo internamente por haber sido tan brusco.

—Oye, oye… perdón —dijo rápido—. Tal vez sí te saquen. No quise asustarte. Yo soy Adán.

El joven parpadeó, limpiándose las lágrimas que empezaban a formarse.

—Pablo… —respondió en voz baja.

Adán le ofreció una mano y Pablo se la estrechó con fuerza.

Se quedaron hablando un rato.

Sobre sus familias.

Sobre cómo los habían secuestrado.

Sobre cómo ninguno de los dos sabía qué iba a pasar con ellos.

Mientras conversaban, en el otro lado del pasillo, detrás de una pared espejada, alfas depravados observaban cada movimiento de los omegas. Sus miradas eran obscenas, sus risas sucias.

Algunos lamían sus labios.

Otros hacían apuestas.

Todos los veían como productos.

Pero había uno que no hablaba.

Uno con máscara.

Imponente.

Silencioso.

Víctor.

Apretaba los puños con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.

Estaba asqueado.

Conocía a varios de los presentes: empresarios, políticos, hombres que fingían ser respetables en público.

Víctor respiró hondo bajo la máscara.

“Cálmate, Víctor. Ya lo tienes. Solo falta que esté listo nuestro escape”, dijo Danilo por el comunicador.

Víctor no respondió.

Su mirada seguía clavada en un punto entre la multitud.

En Adán.

Danilo lo había visto enojado antes.

Molesto.

Incluso furioso.

Pero nunca con esa expresión.

Nunca con esa ferocidad contenida… por un omega.

---

—Señor —la voz de Saúl, líder del equipo mercenario, sonó en el comunicador—. Nuestros hombres están en posición. listos para entrar.

Víctor asintió levemente.

Y entonces ocurrió.

Un estallido.

Gritos.

El sonido de puertas derribadas.

Los alfas detrás del vidrio se alarmaron. Otros sacaron armas. Había caos, confusión, pánico.

Los subordinados de Víctor habían detonado explosivos en una de las paredes del edificio, creando la salida alternativa que necesitaban.

La orden era clara:

Si un alfa intentaba atacar, debía ser eliminado.

La prioridad eran los cautivos.

Cada omega era una vida que salvar.

Y si uno de los cautivos perdía la vida, significaba una herida hecha por Víctor.

Gracias al GPS oculto en las cadenas de Pablo —instalado por Mariano, el espía beta infiltrado— lograron llegar exactamente a las habitaciones donde los mantenían.

Los mercenarios derribaron la puerta.

Varias manos fuertes tomaron a Adán y a Pablo, cubriéndolos con mantas gruesas para protegerlos como a los demás omegas y betas que habían sacado de las habitaciones.

—Tranquilos, ya están a salvo —dijo Saúl, guiándolos hacia la salida—. No miren atrás.

Los llevaron por un pasillo protegido por los hombres de Víctor, mientras afuera se escuchaban disparos, gritos y órdenes.

Pero nadie se detuvo.

Nadie dudó.

Había que sacarlos.

A todos.

---

Entonces, por los altavoces del edificio, se escuchó una voz chillona y molesta.

—¡Suelten sus armas y devuélvanme mis juguetes! —gritó Yamamoto desde su oficina. Había dejado el micrófono abierto.

Saúl frunció el ceño, pero siguió avanzando.

En la oficina, Yamamoto temblaba.

Víctor acababa de entrar.

La máscara reflejaba únicamente oscuridad.

—Yamamoto —dijo con un tono que helaba la sangre—. ¿No te dije que el tráfico de personas no es bienvenido en mi ciudad?

—N-No sabía que estaba aquí, mi señor —balbuceó el hombre, sudando.

—Me divierte —continuó Víctor, caminando hacia él— cuando los que están bajo mi mando me desobedecen. Me parece gracioso quitarles lo que más aprecian.

En tu caso… una mujer muy hermosa.

Yamamoto cayó de rodillas.

—¡No, por favor! Ella es inocente. Inocente…

Antes de que pudiera seguir suplicando, se escuchó un disparo.

El micrófono seguía abierto.

Los omegas afuera se estremecieron al oírlo.

Algunos lloraron.

Otros se taparon los oídos.

Saúl avanzó.

—Vamos. Todos por la puerta —ordenó—. Si alguien se interpone… ya saben qué hacer.

—Sí, señor.

---

El rescate había sido un éxito.

O al menos… lo parecía para todos los demás.

1
Yudiela Arboleda
solo espero que no dejes la obra incompleta como muchos de aquí tienes futuro autora 👏👏👏👏
Maria Elena Sanchez Bautista
me fascina☺️
amelia bozo
si autora a mí me encanta 🥰🥰🥰
amelia bozo
me encanta tu historia (⁠≧⁠▽⁠≦⁠)(⁠≧⁠▽⁠≦⁠)(⁠≧⁠▽⁠≦⁠)
Afrodita Hada♥️
muchas gracias por el capítulo 🥰🥰🥰
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