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Renacer: Del Altar Al Trono

Renacer: Del Altar Al Trono

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Timetravel / Venganza / Enfermizo / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:14
Nilai: 5
nombre de autor: Fiona Mey

Traicionada por el marido. Engañada por la hermanastra. Asesinada por el hijo.

Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Ahora, de vuelta al día de la boda, Helena cambia los contratos y modifica su propio destino.
Casada con el tío de su ex, descubre el sabor de la venganza… y de un amor que jamás esperó encontrar.

“En la vida pasada fue engañada. En esta, nadie volverá a usarla.”

NovelToon tiene autorización de Fiona Mey para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Sus ojos recorrieron los muebles antiguos, las paredes que oyeron risas, discusiones, promesas… y mentiras.

Por un instante, el peso de los quince años que perdió al lado de quien no merecía un segundo de su tiempo golpeó. Pero ahora la vida le dio una chance de recomienzo, pero antes haría que cada uno que se burló de ella en la vida pasada pagara.

Pero ahora, ella solo respiró hondo.

— Gracias — susurró, casi como una despedida para la niña ingenua que creyó que amor y lealtad eran garantizados.

Sostuvo firme el asa de la maleta y caminó hasta la puerta.

El chofer la aguardaba.

— ¿Está lista, señora? — preguntó él suavemente.

Helena miró hacia atrás una última vez, sintiendo una punzada en el pecho… pero también una llama de recomienzo.

La puerta se cerró, y la mansión quedó atrás.

Ella no estaba solo dejando una casa.

Estaba dejando una vida — e iniciando otra.

El coche cruzó los portones altos de la propiedad de Arthur. Era un lugar grandioso, imponente — pero cargado de una soledad pesada.

Cuando el vehículo paró delante de la entrada principal, Helena sintió un frío en el estómago.

No el miedo de antes — sino el peso de lo desconocido. Un nuevo hogar, un nuevo comienzo… y un marido que era prácticamente un extraño.

La puerta de la mansión se abrió y ella entró con pasos lentos. La puerta pesada se cerró tras Helena con un sonido alto. La mansión era elegante, moderna, fría — exactamente como el hombre que ella ahora llamaría marido.

Arthur estaba de pie, manos apoyadas en el bastón, la mandíbula rígida. Él no giró el rostro cuando ella entró; solo alzó el mentón, oyendo el sonido de los pasos de ella.

— No se engañe — dijo él, la voz baja, cortante. — Solo accedí a esta payasada porque tengo mis motivos.

La frialdad de él atravesó a Helena como una lámina. Ella había imaginado una convivencia indiferente, cortés tal vez — no la hostilidad cruda que encontró. Su respuesta salió helada, limpia como vidrio.

— No se preocupe — replicó. — Yo tampoco tengo ninguna expectativa en relación a esta unión. Acepté por mis motivos, a pesar de no estar de acuerdo.

Él inclinó la cabeza, casi en burla.

— Óptimo. Entonces cada uno sigue su vida sin interferir en la del otro.

— Perfecto — Helena respondió, sin pestañear.

Arthur elevó la voz:

— Olga.

Una mujer robusta y sonriente surgió casi inmediatamente, como si estuviese esperando detrás de la puerta. Rostro redondo, mirada viva, uniforme impecable.

— ¿Diga, señor Arthur?

— Acompañe a la… señora — él enfatizó con leve ironía — al cuarto preparado para ella.

— Claro — Olga respondió, con una sonrisa genuina para Helena. — Venga, mi hija. No le haga caso a este malhumorado no, él se despierta así y empeora a lo largo del día.

— Soy ciego, no sordo — Arthur murmuró.

Olga se giró para él e hizo una mueca infantil.

Helena rió bajito — y Arthur oyó.

Ella entonces siguió a Olga por el corredor mientras pensaba que la convivencia allí sería… peculiar.

En la mañana siguiente, Helena bajó las escaleras sintiendo el olor a café fresco y pan caliente. Olga arreglaba la mesa, tarareando algo desafinado.

— Buenos días, Olga. — Helena miró alrededor. — ¿Arthur aún está durmiendo?

— Qué va — Olga bufó. — Salió temprano con una maleta.

— ¿Una maleta? — Helena frunció la frente. — ¿Será que él va a demorar en volver?

— A veces él demora meses para volver — respondió sin ceremonias, untando mantequilla en un pan como si comentase el clima.

— ¡Meses!

Helena sintió el estómago hundirse. Ella pretendía conversar con él, convencerlo a colocarla en la empresa de la familia. Para destruir a Saulo, necesitaba estar cerca de él — y el mundo corporativo era el palco perfecto.

Pero sin Arthur allí, ella tendría que organizar su plan sola.

Y había otra cuestión que necesitaba enfrentar.

En el reflejo de la ventana, ella vio su cuerpo — pesado, cansado, marcado por inseguridades que la otra vida había aplastado. Recordó las bromas, las miradas, la vergüenza que hasta quien ella crió como hijo sentía por ella.

No esta vez, pensó, respirando hondo. Esta vez yo me elijo.

— Olga, ¿puedes pedir un coche para mí? Tengo un médico que visitar.

— Claro, querida. ¿Va a cuidar de la salud? Muy bueno. — Olga parpadeó. — Y si su marido vuelve con aquel humor suyo, usted me avisa que yo le pego con la olla.

Helena sonrió. Tal vez fuese la primera vez que se sentía… acogida.

****************

El médico analizaba exámenes mientras Helena aguardaba, manos entrelazadas en el regazo.

— Helena — él comenzó, levantando los ojos — no estamos hablando solo de peso. Su cuerpo está en estado de estrés metabólico. Hormonal, emocional y físico.

Ella respiró hondo, mirándolo con firmeza.

— Quiero cambiar. Quiero recuperar mi salud… mi vida.

El médico sonrió, orgulloso de la determinación de ella.

— Me gustó su sinceridad. Entonces vamos a pensar en grande. Dieta restrictiva no funciona sola y yo no voy a torturarla con eso. — Él giró el monitor mostrando gráficos. — Vamos a hacer un plan integrado: acompañamiento nutricional, terapia hormonal si necesario, fisioterapia, y ejercicios guiados. Nada de exageración. Reeducación, no sufrimiento.

Helena sintió un nudo en la garganta — no de tristeza, sino de alivio, en la vida pasada ella cuidaba de la casa, del hijo y ayudaba al marido a afirmarse en la empresa y no cuidó de la propia salud.

— Yo quiero eso. Quiero mirarme en el espejo y ver a alguien fuerte.

— Y va a ver — él garantizó. — Su cuerpo va a cambiar porque su mente ya cambió. Y yo voy a acompañarla hasta el fin.

Helena salió de allí con una carpeta de recomendaciones, una lista de exámenes y un sentimiento nuevo en el pecho:

Esperanza.

Y un pensamiento frío, preciso:

Primero, yo me reconstruyo. Después, yo los destruyo.

Mientras Helena reconstruía el propio cuerpo y la propia autoestima, Arthur y Otávio embarcaron para Alemania, referencia mundial en medicina avanzada. Allí, Arthur inició un tratamiento experimental para recuperar la visión — un proceso largo, delicado, que exigiría meses de procedimientos y acompañamiento intensivo.

Del otro lado de la historia, la luna de miel de Lorena y Saulo se transformó rápidamente en pesadilla.

Saulo estaba obsesionado con la sucesión familiar y mal miraba a la esposa.

Lorena, por su parte, vivía un torbellino emocional — el embarazo la dejaba sensible, explosiva, y ella encontraba consuelo en la comida y, en momentos de rabia, hasta en la bebida, ignorando todas las orientaciones médicas.

Cada noche terminaba en discusiones y lágrimas.

Exhausto, Saulo pasó a simplemente no volver para casa.

Seis meses pasaron en un abrir y cerrar de ojos.

Helena floreció.

Su cuerpo retomó las curvas definidas, su rostro ganó frescura con tratamientos de piel, y los cabellos, ahora en corte moderno, enmarcaban a una mujer renovada. El guardarropa acompañó su nueva fase — elegante, segura, lista para lo que vendría.

Arthur también retornó — y con su objetivo alcanzado.

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