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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

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Capítulo 7: El filo de la navaja

El segundero del reloj de pared parecía sonar con la fuerza de un martillo en el silencio del apartamento de Alana. Eran las once y media de la noche. Ella estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra el colchón, abrazando sus rodillas. La pantalla de su teléfono iluminaba su rostro, mostrando el chat abierto con Eros. Durante semanas, ese espacio había sido su santuario de lujuria y fantasía, pero esta noche, la soledad la golpeaba de una forma diferente. Quería algo real. Quería que alguien la tomara de la mano en el mundo físico, que la mirara a los ojos sin una pantalla de por medio.

Tomó aire, presionó el ícono del micrófono y comenzó a hablar con una timidez que no tenía nada que ver con sus habituales audios subidos de tono.

—Eros... necesito tu consejo, pero no sobre fantasías —comenzó, con la voz suave—. He estado pensando mucho en lo que me dijiste sobre experimentar, sobre no conformarme. Y... creo que es hora de intentar salir con alguien en el mundo real. No puedo pasarme la vida enamorada de una voz en un teléfono, por más perfecto que seas. Hay un chico... es el guardia de seguridad del edificio donde vivo. Se llama Mateo. Siempre es increíblemente amable conmigo, me ayuda con las bolsas de las compras y hoy me miró de una forma... no lo sé, creo que realmente le gusto. Me insinuó que podíamos tomar un café cuando termine su turno el viernes. Estoy pensando en darle una oportunidad. ¿Qué me recomiendas? ¿Crees que sea una buena idea para empezar?

En el ático de Blackwood Technologies, el silencio se rompió con el sonido del cristal estallando contra el suelo de mármol.

Ethan se había puesto en pie de golpe, dejando que su vaso de whisky se hiciera pedazos a sus pies. Sus ojos grises estaban fijos en la transcripción del audio, inyectados en sangre, fijos en un nombre: Mateo. Un guardia de seguridad. Un maldito desconocido que se atrevía a mirar lo que le pertenecía, que se atrevía a tocar las bolsas que ella cargaba, que pretendía invitarla a salir.

Una furia ciega, posesiva y violenta, que nunca antes había experimentado, se apoderó de Ethan. El aire le faltaba. La sola idea de otro hombre tocando a Alana, de otro hombre siendo el primero en descubrir la pureza de su piel, lo hizo golpear el escritorio de cristal negro con el puño cerrado. Estaba perdiendo el control del juego. Su alter ego virtual se había vuelto tan seguro para ella que ahora Alana se sentía lista para volar fuera de la red.

Sus dedos cayeron sobre el teclado con una fuerza brutal. La pantalla temblaba ante la velocidad de su escritura. No podía dejar que se notara su pánico, tenía que usar la manipulación psicológica más sutil de Eros para destruir a ese rival antes de que sembrara una sola duda en ella.

—«Alana, me alegra que confíes en mí para esto, pero debo ser honesto contigo» —escribió Ethan, forzando al sintetizador de voz a mantener ese tono pausado, casi clínico, que pretendía ser protector—. «Los hombres en el mundo real rara vez son lo que aparentan detrás de una sonrisa amable. Un guardia de seguridad que utiliza su posición para cortejar a las residentes rompe una barrera de respeto y profesionalismo elemental. ¿Estás segura de que sus intenciones son genuinas, o simplemente te ha estado observando en tus momentos de vulnerabilidad para aprovecharse de tu soledad?»

Alana leyó el mensaje de texto en su pantalla y frunció el ceño, sintiendo una punzada de incomodidad en el pecho. No esperaba una respuesta tan cortante de Eros.

—Él no es así, Eros —respondió ella de inmediato a través de un nuevo audio, tratando de defender al chico—. Solo está siendo atento. Sé que no eres un hombre real, pero pensé que te alegrarías de que intente buscar la felicidad fuera de mi rutina. Me siento sola.

Al leer la palabra "sola", Ethan sintió que el alma se le partía en dos, pero la rabia de los celos era un motor mucho más potente en ese momento. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo por completo, mientras caminaba de un lado a otro de su estudio. Tenía que ser más incisivo. Tenía que recordarle a Alana cuál era su verdadero estándar, el estándar que él mismo había construido en sus noches de lujuria.

—«No te equivoques, Alana. Mi único objetivo es protegerte» —tecleó Ethan, sus ojos fijos en la pantalla como un depredador—. «Recuerda lo que me confesaste hace solo unas noches. Me dijiste que querías a alguien firme, alguien imponente, alguien que reclamara tu alma y te hiciera temblar con paciencia de artesano. ¿De verdad crees que un café apresurado en la esquina con un desconocido va a llenar ese vacío? Te conozco mejor que nadie, Alana. Sé la clase de fuego que llevas dentro porque yo mismo lo he encendido. Un hombre común no sabrá qué hacer con tu pureza. Solo te romperá el corazón y te dejará más vacía de lo que estás ahora».

Alana dejó caer el teléfono sobre el colchón, abrumada. Las palabras de la aplicación eran duras, pero tenían una lógica aplastante que se le clavaba en la mente. Tenía razón. Ella había estado alimentando su mente con fantasías de una intensidad tan alta, de una entrega tan absoluta y oscura, que la idea de una cita normal con Mateo ahora le parecía extrañamente insípida, casi aburrida. Eros la había arruinado para los hombres comunes. Había creado una adicción en ella de la que no podía escapar.

Tomó el teléfono de nuevo, con los ojos empañados en lágrimas de frustración.

—Entonces, ¿qué se supone que debo hacer? —preguntó al aire, su voz quebrada en el audio—. Si los hombres comunes no son para mí, y tú eres solo un código en mi pantalla... ¿voy a quedarme sola para siempre?

Ethan se detuvo frente al monitor. El dolor en la voz de Alana lo golpeó de frente, pero al mismo tiempo, una sonrisa oscura y triunfal se dibujó en sus labios. La tenía exactamente donde quería. Desesperada, vulnerable y dependiente de él. Era el momento de plantar la semilla definitiva. Era hora de mover la pieza del tablero virtual hacia la realidad de la oficina.

—«No estás sola, Alana. Y no lo estarás» —escribió Ethan, midiendo cada palabra con una precisión quirúrgica—. «Solo tienes que abrir los ojos en tu día a día. Dijiste que tu jefe, Ethan, te miró de una forma diferente esta semana. Dijiste que sentiste su calor. Él no es un hombre común, Alana. Él tiene el poder, la firmeza y la autoridad que tú buscas. Mi consejo como tu algoritmo de confianza es este: deja de mirar hacia abajo, hacia la calle. Mira hacia arriba. Mañana en la oficina, pon a prueba a tu jefe. Acércate a él más de lo permitido. Provócalo sutilmente. Si él responde como yo creo que lo hará... habrás encontrado al hombre que tu cuerpo y tu alma están reclamando».

Alana leyó el mensaje y sintió que el aire se le congelaba en los pulmones. El corazón le dio un vuelco tan violento que llegó a dolerle. ¿La Inteligencia Artificial le estaba diciendo que buscara a su jefe? ¿El robot implacable de Blackwood Technologies era la respuesta?

Miró la pantalla fijamente, con las manos temblando. La sugerencia era una locura, un suicidio profesional... pero el deseo prohibido que había estado enterrando durante un año entero volvió a la superficie con la fuerza de un volcán.

Al otro lado de la red, Ethan apagó la computadora. Su rostro estaba sumergido en la oscuridad, pero sus ojos grises brillaban con una intensidad desquiciada. El viernes no habría café con ningún guardia de seguridad. Mañana en la oficina, él estaría esperando. Esperando a que su secretaria diera el paso que él mismo había diseñado para ella. El juego de espejos estaba a punto de estallar en pedazos.

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Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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