ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación
un alfa y un omega
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Otra vez tú
El Alfa caminaba por las calles después de abandonar el hospital. Llevaba las manos en los bolsillos de su chaqueta negra.
Acababa de cumplir su misión.
Todo debería volver a la normalidad.
Sin embargo, desde aquella noche en el parque, algo dentro de él había cambiado. No dejaba de recordar al omega de cabello amarillo, y eso comenzaba a irritarlo.
—Qué estupidez… —murmuró—. Tengo cosas más importantes en las que pensar.
Continuó caminando hasta que, al doblar una esquina, chocó accidentalmente contra alguien.
—¡Ah!
Un chico de uniforme militar retrocedió un paso, sujetando rápidamente los documentos que llevaba entre las manos.
—¡Lo siento! No estaba mirando por dónde iba.
El Alfa se quedó inmóvil.
Aquella voz…
La conocía.
Lentamente, levantó el rostro hacia él.
Era Eiden.
El omega de cabello amarillo estaba frente a él, vestido con su sencillo uniforme militar. Tenía algunos mechones despeinados y una expresión preocupada, como si estuviera intentando llegar a algún lugar lo antes posible.
El corazón del Alfa comenzó a latir violentamente.
Tum. Tum. Tum.
—No puede ser… —susurró.
Eiden recogió uno de los documentos que había caído al suelo y volvió a mirar al desconocido.
—De verdad, disculpa. Tengo que llegar al hospital. Acaba de ocurrir algo terrible y me necesitan allí.
El Alfa no respondió.
Solo lo observaba.
Aunque la venda le cubría los ojos, su rostro estaba orientado directamente hacia el omega, como si pudiera reconocer cada uno de sus movimientos.
Eiden frunció ligeramente el ceño.
—¿Se encuentra bien?
Silencio.
—¿Señor?
El Alfa seguía sin decir nada.
Por dentro, estaba completamente descontrolado.
¿Por qué tenía que encontrarme contigo precisamente hoy?
Recordó la orden de Vanessa.
Elimina a cualquier militar que se cruce en tu camino.
Y allí estaba Eiden, un militar, a escasos centímetros de él.
Podría haberlo detenido. Podría haber cumplido la orden inmediatamente.
Pero no podía dejar de mirarlo.
Eiden inclinó un poco la cabeza, confundido por su silencio.
—¿Eres mudo?
El Alfa apretó la mandíbula.
El omega abrió los ojos, comprendiendo que quizá había sido descortés.
—¡Ah! Lo siento mucho. No quería ofenderte. Es que te estoy hablando y no me respondes… No sabía que no podías hablar.
Eiden le dedicó una pequeña sonrisa de disculpa.
Y el Alfa sintió que su corazón estaba a punto de salírsele del pecho.
Otra vez aquella sonrisa.
Sus mejillas comenzaron a calentarse debajo de la venda.
No sonrías así.
Por favor, deja de sonreírme de esa manera.
—Bueno, tengo que irme —dijo Eiden, mirando hacia el hospital—. Espero que estés bien.
El omega pasó a su lado y siguió corriendo por la acera.
El Alfa permaneció inmóvil.
Lo escuchó alejarse hasta que sus pasos se perdieron entre el ruido de la calle.
Entonces giró lentamente la cabeza para seguir su dirección.
—Espera… —murmuró.
Pero Eiden ya estaba demasiado lejos para escucharlo.
El Alfa levantó una mano y se la llevó al pecho.
Su corazón seguía latiendo con una fuerza absurda.
—¿Por qué me pasa esto contigo? —susurró, completamente confundido.
Nunca había sentido la necesidad de volver a ver a alguien. Nunca le había importado si una persona se marchaba o se quedaba.
Pero ahora quería seguir a Eiden.
Quería preguntarle su nombre, aunque ya lo conocía.
Quería escuchar su voz una vez más.
Y lo más desconcertante era que aquel omega ni siquiera sabía quién era él.
No sabía que estaba frente al asesino que había recibido la orden de eliminarlo.
No sabía que pertenecía a la pandilla 69.
Y tampoco sabía que el hombre al que acababa de llamar mudo llevaba varios días luchando contra un sentimiento que no podía comprender.
El Alfa bajó la cabeza y soltó un suspiro.
—Estoy perdiendo la cabeza…
Entonces recordó algo.
Eiden había dicho que iba al hospital porque había ocurrido algo terrible.
El mismo hospital del que él acababa de salir.
Por primera vez, sintió curiosidad por algo que no tenía relación con una misión.
¿Qué le habría pasado al omega?
Sin pensarlo demasiado, el Alfa se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el hospital.
Se dijo que solo quería averiguar qué estaba sucediendo.
Que no era preocupación.
Que no le importaba aquel militar.
Pero, mientras aceleraba el paso, su corazón volvió a traicionarlo.
Porque, aunque todavía no lo comprendía, el asesino más temido de la pandilla 69 acababa de comenzar a preocuparse por la persona a la que debía matar.