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Casada por Contrato con el Hacendado

Casada por Contrato con el Hacendado

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Padre soltero / Amor Campestre / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Gabriela

Un matrimonio por contrato. Dos años. Cero sentimientos. Esa era la cláusula.

Elvira Vasconcelos dirige urgencias de madrugada, ignora su propia anemia y tiene un apellido que ya no abre puertas, solo pesa. Su abuela, desde lejos, no la deja en paz con una promesa antigua entre dos viejas amigas: que la nieta de una se casara con el nieto de la otra.

Ramiro Junqueira lleva solo un imperio de soya, ganado y café, habla lo estrictamente necesario y no sabe cómo llenar el hueco que ve en el dibujo de su hija de seis años: en la hoja de Sancha, la familia siempre está incompleta.

Ella necesita que su abuela deje de recibir pretendientes. Él necesita una esposa que no quiera quedarse con su vida. Se citan en un café, sin ilusiones, y salen con un acuerdo firmado: separación total de bienes, cuartos separados, discreción absoluta y una sola regla de honestidad: si alguno siente algo, avisa.

Pero Sancha no se deja engañar con facilidad. La fiebre de una madrugada, un yogur de fresa con letrero de advertencia y un poni llamado Biju empiezan a desordenar un contrato que parecía impecable. Y la doctora que nunca monta, nunca canta y nunca habla de su pasado esconde una caja con cinta reforzada, un nombre de caballo que no pronuncia y una vida entera que el hacendado apenas empieza a descubrir.

Entre cenas de gala que se vuelven emergencias, ex que regresan, suegras que miden de arriba abajo y una familia que se elige poco a poco, Elvira y Ramiro tendrán que decidir qué hacer con la cláusula que nadie quiso escribir.

¿Puede un matrimonio firmado para no sentir nada convertirse en el único lugar donde dos personas cansadas de cargar solas por fin se quedan?

Romance de contrato, corazones que aprenden despacio y una familia que nadie planeó… pero que nadie quiere perder.

NovelToon tiene autorización de Autora Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

Capítulo 17

POV de Elvira

—¿Usted… monta? —preguntó el entrenador.

Iba a responder que antes monté, en el pasado, y dejarlo ahí. Hace años que no me subo a un caballo. Pero antes de que yo abriera la boca, la muchacha de los lentes oscuros habló más fuerte de lo necesario.

—¿Monta? —Se rió hacia sus amigas—. Mi amor, esa es médica de urgencias. Creí que Ramiro se había casado con alguien de nivel, y es una muchachita de pueblo en bata. No le llenes la cabeza a la señora, Cláudio, se va a caer de cara al piso y vas a tener que recoger los pedazos.

Las amigas se rieron. Una de ellas sacó el celular, como quien ya prepara la grabación del tumbo.

—Bianca, por favor —dijo Ramiro, seco.

—¿Qué? Yo la estoy cuidando. Si se lastima en tu caballo, el problema es tuyo. —Bianca se bajó los lentes un dedo y me midió de arriba abajo—. En serio, querida, regrésate a tu guardia. Este no es tu mundo.

Ramiro dio un paso al frente, y yo le sujeté el brazo.

—Déjalo.

—Elvira…

—Déjalo, Ramiro. No es contigo.

Me volví hacia Cláudio. Trueno había apoyado el hocico en mi hombro.

—¿Salta bien?

—Salta. Es el mejor que tenemos. Pero es difícil. Pocos jinetes pueden con él.

—¿Difícil cómo? ¿Tira de la boca, se corta frente al obstáculo, se rehúsa, qué?

Cláudio parpadeó, como quien no esperaba la pregunta técnica saliendo de una médica en bata.

—Se corta enfrente, eso. En los últimos pasos duda. Si el jinete duda con él, tira la barra.

—Entonces no hay que dudar. —Volví a pasar la mano por el cuello de Trueno—. ¿Allá tienen armado un recorrido con varios obstáculos?

—Sí. Un metro veinte, con combinación, con foso. —Cláudio me miró distinto, con el sombrero quieto en la mano—. ¿Quiere que baje las barras?

—No. Déjalas como están.

—Doctora, un metro veinte es la altura de gente que entrena cada semana.

—Sé cuánto es un metro veinte.

Bianca dejó de reírse.

—Cláudio, no vas a dejar que esa mujer se suba al caballo de salto de Ramiro. Si se lastima, la culpa es tuya.

—La culpa es mía —dije, sin mirarla—. Firmo un papel, si quieres. Soy buena para los papeles.

—Te parece gracioso.

—Me parece. —Ajusté el estribo a la altura correcta—. Me llamaste muchachita de pueblo y ahora te da miedo que la muchachita de pueblo monte. Decídete.

Bianca no se decidió. Se quedó de brazos cruzados, con los lentes escondiéndole la cara.

—Elvira, no necesitas demostrarle nada a esta gente —dijo Ramiro bajito.

—Lo sé. No es por ella que voy a subir. Es por el caballo. Hace tiempo que nadie le da a este animal lo que merece, se nota en su ansiedad. Eso no lo puedo dejar pasar.

—¿Y si te caes? Hace años que no montas, tú misma lo dijiste.

—Si me caigo, me caigo. Ya me he caído de cosas peores que un caballo y me levanté.

—Solo tú para hacer algo así. Hasta da risa.

—¿Qué?

—Subirte a un caballo de un metro veinte para hacerle justicia al caballo, y no para callar a quien te ofendió.

—Su boca se calla sola. Lo que me incomoda de verdad es un buen caballo parado.

Casi sonrió, y se tragó la sonrisa.

Pedí un casco y unos guantes. Cláudio me trajo los dos y sostuvo al caballo mientras yo ajustaba la barbilla del casco, un gesto que mi cuerpo hizo solo, sin que lo pensara.

—Hebilla en el tercer agujero —comenté—. Siempre fue así.

—Usted cuenta los agujeros de memoria —dijo Cláudio bajito, más para sí que para mí.

Miré a Ramiro. No me estaba impidiendo nada. Me miraba con una pregunta en la cara que no quise descifrar.

—Cláudio pidió autorización —dijo—. Yo solo necesito saber si estás bien.

—Estoy bien. —Tomé las riendas, me puse los guantes dedo por dedo—. Mantén a Sancha lejos de la pista. Y, Ramiro… no digas nada cuando suba. Deja que pase.

—Lo dejo. —Llamó a la niña con un gesto—. Sancha, ven a mi lado.

—¡Tía Elvira, vas a volar! —gritó Sancha desde la cerca, con los dos pies en el primer travesaño.

—Voy a intentar no caerme, que ya es bastante.

—Papá dijo que nadie monta a Trueno.

—Tu papá va a tener que actualizar lo que dice.

—¿Vas a volar alto?

—Depende del caballo. Lo acordamos allá arriba.

—¿Cómo lo acuerdan? Los caballos no hablan.

—Hablan. Pero no con la boca. Ya vas a ver.

Llevé a Trueno al centro del picadero. Le pasé la mano por el cuello, apoyé la frente en la suya, y sentí que se abría algo que yo había cerrado con llave hacía años. Puse el pie en el estribo.

Y subí, en un solo movimiento, limpio, y escuché, a mis espaldas, cómo se moría a medias la risa de Bianca.

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