Ella estaba muy enferma y paso su vida en hospitales, Pero reencarna como una hermosa mujer de cabello celeste, que solo quiere ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Baile 2
Aria se sentía tan satisfecha con su baile que estuvo a punto de olvidar por completo el desagradable encuentro en el jardín.
Casi.
Porque, cuando levantó la mirada, vio algo que hizo que su sonrisa se volviera ligeramente traviesa.
A unos metros de distancia, Niccolo Sartori la observaba.
Y no estaba solo.
A su lado se encontraba su hermano, mientras que Nino permanecía frente a ambos con una expresión de profundo descontento.
El pequeño había visto a Aria bailar.
También había visto cómo varios jóvenes nobles se acercaban para pedirle una danza.
Y, aparentemente, había decidido que aquello constituía una excelente oportunidad para recordarle a su tío lo mal que se había comportado.
—Qué vergüenza me hiciste pasar, tío.
Niccolo cerró los ojos.
[De nuevo no].
—Nino, por favor...
—La señorita Aria fue amable conmigo y tú la trataste mal.
—Ya te he dicho que lo lamento.
—Pues debes recordarlo.
Niccolo suspiró.
Su sobrino parecía haber convertido aquella frase en su nueva ocupación favorita.
Y lo peor era que cada vez que la repetía, tenía toda la razón.
Mientras tanto, Aria acababa de recibir una invitación para bailar de un joven noble.
Era atractivo, de cabello castaño y modales impecables. Se inclinó frente a ella con una sonrisa respetuosa.
—Señorita Vizconti, ¿me concedería esta pieza?
Aria aceptó con amabilidad.
No estaba buscando marido, pero tampoco tenía intención de rechazar todas las invitaciones que recibiera. Después de todo, había acudido a la celebración para disfrutar de la velada.
Además, bailar era mucho más divertido de lo que había imaginado.
Mientras la pareja se desplazaba por la pista, Aldo se quedó observándola desde un lado.
Su hermana parecía feliz.
Y eso era lo único que le importaba.
El conde sonrió satisfecho.
Sin embargo, cuando su mirada se desplazó hacia los invitados que aguardaban para solicitar otra baile, reparó en dos hombres que se acercaban a su posición.
Reconoció al primero inmediatamente.
Niccolo Sartori.
Habían coincidido en numerosas reuniones a lo largo de los años. Tenían edades similares, ocupaban posiciones importantes dentro de la nobleza y sus responsabilidades les habían permitido mantener una relación cordial.
No eran amigos íntimos, pero se conocían lo suficiente como para saludarse con familiaridad.
Aldo enderezó la espalda cuando Niccolo llegó frente a él.
El conde Sartori se inclinó formalmente.
—Conde Vizconti. Me alegra encontrarlo esta noche.
Aldo le devolvió el saludo con la misma cortesía.
—Conde Sartori. Espero que esté disfrutando de la celebración.
—Por supuesto.
Niccolo hizo una pausa.
Su mirada se desplazó discretamente hacia Aria.
La joven acababa de terminar su baile y estaba conversando con otro invitado.
No miró a Niccolo.
Ni una sola vez.
Aldo lo notó.
Y, aunque no dijo nada, la expresión de su rostro cambió ligeramente.
Conocía a su hermana.
Aria podía ser coqueta, caprichosa y bastante exigente cuando se trataba de vestidos, pero nunca había sido descortés sin motivo. Si estaba ignorando deliberadamente a un invitado, era porque había sucedido algo que la había molestado.
Niccolo también lo notó.
[Perfecto. Ahora el hermano también se ha dado cuenta].
El conde Sartori se aclaró la garganta.
—Por cierto, quería aprovechar la ocasión para saludar formalmente a su hermana.
Aldo lo observó con atención.
—¿A mi hermana?
—Sí. La he visto hace un momento, pero no he tenido la oportunidad de conversar con ella.
Aquello era una manera muy elegante de describir lo sucedido en el jardín.
Aldo no respondió inmediatamente.
En cambio, miró hacia Aria.
La joven estaba inclinada ligeramente hacia Nino, que acababa de acercarse a ella.
Su expresión había cambiado por completo.
Sonreía con dulzura y escuchaba atentamente al pequeño.
—¡Señorita Aria!
Aria se volvió hacia él.
—¡Nino!
El niño sonrió de oreja a oreja.
—¿Cuándo termina la fiesta?
Aria soltó una risita.
—No lo sé, cariño. ¿Por qué?
Nino miró hacia su tío y después volvió a observarla.
—Porque quiero que hagamos las galletas.
Aria se llevó una mano al pecho.
—¡Ah, claro! No podemos olvidar un asunto tan importante.
—¡Y quiero hacer el dragón negro!
—Por supuesto. Pero también debemos hacer un dragón rojo para que pueda competir con él.
Nino pareció considerar la propuesta.
—Está bien.
Después se inclinó ligeramente hacia ella.
—¿Vendrás a nuestra casa?
Aria sonrió.
—Si recibo una invitación, con mucho gusto.
—¡Te la enviaré!
—Entonces la esperaré con entusiasmo.
Nino se rio.
Aldo observó la escena con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
Su hermana parecía conocer al pequeño Sartori desde hacía mucho tiempo, aunque aquella era la primera vez que los veía juntos.
Y, sobre todo, parecía genuinamente encariñada con él.
Niccolo también observaba la interacción.
Cada sonrisa de Aria hacia su sobrino le recordaba lo injusto que había sido en el jardín.
Con él, la joven había mantenido una distancia impecable.
Con Nino, en cambio, su voz se volvía cálida y su expresión se iluminaba.
La diferencia era tan evidente que resultaba dolorosa.
Que tierno
autoraaaaaaaa de mis amores yo creo que si me va a dar el Yeyo, ya salimos de Sunderland con varios territorios en puerta,vamos entrando a Vagur y sus viñedos, también vamos para Forest en algún momento???? /Drool//Drool//Drool//Drool//Drool/