Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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Limite invisible
El sábado amaneció helado
Un viento seco golpeaba los cristales del piso treinta y dos
Yuri estaba en la sala, sentado sobre el piso de mármol con las piernas cruzadas
Tenía varias telas de satén desplegadas, bocetos y tijeras de corte rodeándolo por completo
Dmitry salió de su despacho vistiendo una sudadera negra y pantalones cómodos, sosteniendo su tableta
Se detuvo al ver el desorden en el centro del salón
—Dijimos que las áreas comunes permanecían libres de trabajo manual manual —dijo Dmitry con voz neutra
—Tienes un escritorio en tu habitación
Yuri ni siquiera levantó la vista del corte que estaba haciendo en la tela
—En mi cuarto no entra luz natural a esta hora
No voy a arruinar un diseño a ciegas
Dmitry se acercó y pisó con la punta de su zapato la esquina de un pliego de papel para patrones
—Tienes cinco minutos para recoger esto, Romanov
Yuri soltó las tijeras con un golpe sordo y se puso de pie de un salto, encarándolo a pocos centímetros
—¿Te molesta tanto ver a alguien trabajando de verdad en esta casa? —desafió Yuri
—No estoy dañando tu piso solo estoy usando el espacio
Dmitry dio un paso al frente, acortando la distancia hasta que sus pechos casi se tocaron.
—El problema no es la tela, Yuri el problema es que buscas cualquier excusa para desafiar las normas que aceptaste
—Acepté vivir aquí, no convertirme en una estatua de adorno para tu sala—replicó el menor, alzando la barbilla
—Si tanto te disgusta mi presencia, regresa a tu oficina
Dmitry soltó un suspiro pesado
Con un movimiento rápido, sujetó a Yuri del brazo y lo atrajo hacia él con firmeza
La cercanía fue tan repentina que Yuri sintió el choque de sus respiraciones
—No me provoca ningún disgusto tu presencia—murmuró Dmitry, bajando la voz a un tono peligrosamente grave
—Lo que me molesta es que juegues a provocarme pensando que no habrá consecuencias
—¿Y cuáles son esas consecuencias?—susurró Yuri, sintiendo que el pulso se le disparaba
—¿Vas a encerrarme?
Dmitry aflojó el agarre de su brazo, pero en lugar de alejarse, subió la mano lentamente hasta la nuca de Yuri, enredando los dedos en sus mechones rubios
—Podría quitarte el acceso al taller los fines de semana —dijo Dmitry, apoyando el pulgar cerca de la mandíbula del joven
—O podría empezar a exigir que cumplas el contrato al pie de la letra
Yuri tragó saliva, incapaz de apartar la mirada de los ojos oscuros de Dmitry
El calor de la mano del magnate le quemaba la piel
—Inténtalo y te juro que...
—¿Que qué?—interrumpió Dmitry, acercando su rostro un milímetro más
—No tienes ningún control aquí, Romanov
Ni sobre la casa, ni sobre esto
Dmitry lo soltó de golpe y dio dos pasos atrás, recuperando su compostura en un segundo
—Limpia la sala antes del mediodía borís vendrá a revisar la suite
Se giró y regresó a su despacho, dejando a Yuri de pie entre sus telas, con el corazón latiéndole desbocado contra las costillas y la piel de la nuca ardiendo
Yuri apretó los puños, observando la puerta cerrada del despacho
Dio un pisotón de rabia que hizo resonar sus botas contra el piso de mármol
—¡Eres un maldito tirano!—gritó, sabiendo perfectamente que Dmitry lo escuchaba al otro lado
Sin embargo, no tuvo más remedio que agacharse a recoger sus cosas
Recogió los bocetos, dobló los pliegos de satén con brusquedad y metió las tijeras en su bolso
No pensaba quedarse encerrado en esa jaula de cristal todo el fin de semana
Minutos después, vestido con su abrigo pesado y una bufanda gris, Yuri se encaminó hacia la puerta principal
Al pasar frente al estudio, la puerta se abrió de golpe
Dmitry apareció en el umbral con el ceño fruncido, sosteniendo una carpeta
—¿A dónde crees que vas?—preguntó Dmitry, escaneándolo de arriba abajo
—Al taller—respondió Yuri sin frenar el paso
—No voy a quedarme aquí viendo cómo me perdonas la vida
—Hay una alerta por tormenta de nieve afuera —dijo Dmitry con tono firme, saliendo al pasillo para taparle el paso
—Los caminos hacia la zona industrial están cerrados por hielo no vas a ninguna parte
—No necesito tu permiso para salir a la calle, Sokolov —soltó Yuri, tratando de esquivarlo, pero Dmitry puso una mano dura contra la pared, bloqueándole el camino
—No es una cuestión de permiso, es de sentido común
Si te pasa algo allá afuera, la responsabilidad legal cae sobre mí
Regresa a tu habitación
Yuri se pegó a él, encarándolo frente a frente
La diferencia de altura apenas le daba ventaja a Dmitry, pero la intensidad en los ojos del joven era sofocante
—Admítelo de una vez—siseó Yuri
—Te da pánico que esté fuera de tu vista porque no puedes controlar lo que hago
Dmitry no pestañeó
Acercó su rostro al de Yuri hasta que sus narices casi se tocaron, saturando el espacio entre ambos con su presencia
—Me da pánico la idea de tener que ir a buscar tu cadáver a una zanja por culpa de tu inmadurez, Romanov
Así que te lo repito por última vez quítate el abrigo y entra a la sala
—Oblígame—desafió Yuri en un susurro cargado de veneno
Dmitry apretó la mandíbula
Por un instante, la máscara impecable del ejecutivo pareció romperse por completo, dejando ver una furia oscura y contenida
Con un movimiento rápido y preciso, sujetó a Yuri de la cintura con un solo brazo y lo empujó suavemente contra la pared contigua, acorralándolo con su propia figura
—No sigas jugando con fuego, Yuri—advirtió Dmitry con una voz tan baja y rasposa que le provocó un escalofrío al menor
—Porque te prometo que si me obligas a intervenir, no te va a gustar la forma en que voy a mantenerte bajo control
Yuri sintió que el aire se le congelaba en los pulmones
La presión de la mano de Dmitry en su cintura y la cercanía de sus labios lo dejaron paralizado
La rabia en su pecho se transformó de golpe en un latido violento que le retumbaba en la garganta
—Inténtalo...—logró murmurar Yuri, aunque su voz sonó apenas como un aliento contenido
Dmitry sostuvo su mirada durante tres segundos eternos, recorriendo con la vista cada rasgo del rostro de Yuri antes de soltarlo bruscamente y dar un paso atrás
—A tu cuarto
Ahora