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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las lagrimas de Eiden

La mañana llegó, pero para Eiden el mundo parecía haberse detenido.

Se encontraba en la base militar cuando recibió una llamada. Al principio, respondió con normalidad, pensando que se trataba de algún asunto relacionado con su trabajo.

Pero, conforme escuchaba las palabras del otro lado, su rostro perdió todo el color.

—¿Qué…? No, eso no puede ser cierto…

Se puso de pie de golpe.

—¡Dígame que se equivocaron! ¡Por favor!

La persona al teléfono le confirmó la noticia.

Su novia había sido asesinada frente a su propia casa durante la noche.

Eiden dejó caer el teléfono sobre el escritorio.

—No… No puede ser…

Se llevó las manos a la cabeza, negándose a aceptar lo que acababa de escuchar. Apenas unas horas antes había estado con ella. Habían paseado juntos, se habían abrazado y se habían despedido con un beso.

Ella le había sonreído.

Le había dicho que tuviera cuidado.

Y él se había marchado sin imaginar que aquella sería la última vez que la vería con vida.

—¿Por qué…? —susurró, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas—. ¿Por qué te pasó esto?

Se cubrió el rostro y comenzó a llorar.

Por mucho que intentara mantener la compostura, no podía hacerlo. Era un militar acostumbrado a enfrentarse a situaciones difíciles, pero aquello no era una misión ni un entrenamiento.

Era la pérdida de alguien a quien quería.

Y no podía protegerla de lo que había ocurrido.

Horas después, Eiden llegó al velorio con su uniforme militar.

Caminaba lentamente, con los ojos hinchados y el rostro cansado. Algunos conocidos se acercaron para darle el pésame, pero él apenas pudo responder.

Solo quería verla por última vez.

Cuando llegó frente al ataúd, se quedó inmóvil.

Allí estaba ella, con el rostro tranquilo y las manos acomodadas sobre el pecho.

Eiden apretó los labios, intentando contener el llanto.

—Hola… —murmuró.

Se acercó un poco más.

—Te prometí que volveríamos a salir juntos. Dijiste que querías pasar más tiempo conmigo…

Su voz se quebró.

—¿Por qué no esperaste un poquito más? ¿Por qué tuve que dejarte sola?

Las lágrimas comenzaron a caerle por las mejillas.

Apoyó una mano en el borde del ataúd y bajó la cabeza.

—Lo siento mucho… Debí acompañarte hasta dentro de tu casa.

Permaneció allí durante varios minutos, llorando en silencio.

No sabía quién había sido el responsable. Tampoco entendía por qué alguien querría hacerle algo semejante a una mujer que no había hecho daño a nadie.

Pero una cosa era segura.

Eiden encontraría al responsable.

Y no descansaría hasta descubrir la verdad.

Mientras tanto, en la guarida de la pandilla 69, el ambiente era completamente distinto.

El Alfa de cabello negro estaba sentado en el comedor, desayunando tranquilamente. Llevaba ropa oscura y la venda habitual cubriéndole los ojos.

Comía como si nada hubiera sucedido la noche anterior.

De pronto…

¡BANG!

Las puertas del comedor se abrieron de golpe.

Varios miembros levantaron la cabeza.

Vanessa entró con el rostro endurecido y los tacones resonando contra el suelo. Recorrió la habitación con la mirada hasta localizar al Alfa.

—¡Tú! —exclamó.

Él continuó masticando tranquilamente.

Vanessa se acercó a la mesa.

—Levántate. Ahora mismo.

El Alfa dejó los cubiertos sobre el plato.

—¿Qué sucede?

—¡A la oficina! ¡Inmediatamente!

Sin discutir, se levantó de la silla y la siguió.

Los demás miembros intercambiaron miradas, preguntándose qué había ocurrido para que Vanessa estuviera tan furiosa.

Cuando llegaron a la oficina, el jefe ya los estaba esperando.

El Alfa entró primero y se sentó en una de las sillas frente al escritorio. Vanessa entró detrás de él y cerró la puerta con fuerza.

—¡¿Se puede saber qué demonios hiciste anoche?! —le reclamó.

El Alfa permaneció inexpresivo.

—No sé de qué hablas.

Vanessa soltó una risa incrédula.

—¡No me mientas! ¡Asesinaste a una mujer que no tenía absolutamente nada que ver con nuestros asuntos!

El jefe frunció el ceño y miró al Alfa.

—¿Es cierto eso?

El Alfa no respondió.

Vanessa comenzó a caminar de un lado a otro, furiosa.

—¡Podrías haberla dejado fuera de todo esto! ¡No era un objetivo, no pertenecía a ninguna pandilla y no representaba una amenaza para nosotros!

Se detuvo frente a él.

—¿En qué estabas pensando?

Silencio.

—¡Contéstame!

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza.

—Ya está hecho.

Vanessa abrió los ojos, indignada.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?

—¿Qué quieres que diga?

El jefe se levantó de su silla.

—¡Basta los dos! —ordenó, aunque su mirada permaneció fija en el Alfa—. Vanessa, explícame qué está pasando.

Ella respiró hondo antes de contestar.

—La policía está investigando el asesinato. Hay testigos que escucharon los disparos y podrían haber visto algo. Si relacionan este crimen con nosotros, tendremos un problema enorme.

Después volvió a mirar al Alfa.

—¡Podrían haberte descubierto! ¿Entiendes lo que significa eso? ¡No solo te pondrías en peligro tú, sino a toda la organización!

El Alfa permaneció sentado, sin mostrar arrepentimiento.

Vanessa apretó los puños.

—Te estás comportando como un idiota. Desde que te ordené eliminar a ese militar, estás actuando de una manera extraña. Y ahora haces esto por tu cuenta.

El jefe guardó silencio unos segundos.

—Número 69 —dijo finalmente—, necesito una explicación. ¿Por qué asesinaste a esa mujer?

El Alfa bajó ligeramente el rostro.

La imagen de Eiden besándola volvió a aparecer en su mente.

Recordó la mano de la chica entrelazada con la del omega. Su abrazo. Su sonrisa.

Y después, el beso frente a aquella casa.

—No tenía ninguna razón —respondió fríamente.

Vanessa lo miró con incredulidad.

—¿Cómo que no tenías ninguna razón?

El Alfa se levantó de la silla.

—Ya cumplí con lo que hice. Si eso es todo, me retiro.

—¡Todavía no he terminado contigo! —exclamó Vanessa.

Pero él ya caminaba hacia la puerta.

Antes de salir, escuchó la voz del jefe a sus espaldas.

—¡Número 69! La próxima vez que actúes sin autorización, tendremos una conversación mucho más seria.

El Alfa se detuvo brevemente.

—Entendido.

Y salió de la oficina.

Vanessa se volvió hacia el jefe, todavía furiosa.

—Algo le está pasando. Estoy segura.

El jefe se frotó la frente.

—Averigua qué es antes de que termine destruyéndonos a todos.

Vanessa miró hacia la puerta cerrada.

—Lo haré.

Mientras tanto, en el velorio, Eiden levantó la cabeza y se secó las lágrimas.

Todavía no conocía el rostro del asesino.

Pero había decidido encontrarlo.

Y el hombre al que buscaba era precisamente aquel que no podía dejar de pensar en él.

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