Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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REENCUENTRO
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Catorce malditas horas de viaje hacia Aurevia y no tenía idea de dónde quedaba ese dichoso país ni de cómo era. Tendría que haberle hecho caso a Valeria cuando me dijo que podía mostrarme imágenes, pero estaba demasiado cansada de todo como para aceptar.
También tendría que haberme preparado mentalmente para un vuelo tan largo o, al menos, para saber que llegaría entumecida al lugar donde tendría que tomar otro avión.
Pasé medio día en el mismo avión y, aunque viajar en primera clase era cómodo, eso no lograba que pudiera estirar las piernas tanto como necesitaba.
Al aterrizar, bajé del avión con dolor de espalda y las piernas tan cansadas como cuando me tocaba estar de pie durante horas en el restaurante.
Cuando abordé el segundo avión, comencé a desear regresar con Valeria y olvidarme de la existencia de su hermano.
Al aterrizar en Aurevia, me sentía todavía más cansada. No sabía si necesitaba pasar una hora bajo el chorro de agua de la ducha, comer, dormir o sentarme durante cuatro horas con las piernas en alto.
Tenía los tobillos hinchados y necesitaba arrojar mi calzado, aunque fuera cómodo, lo más lejos posible.
Di los primeros pasos apoyándome en cada asiento libre.
Jamás me había sentido tan cansada, considerando que no había hecho absolutamente nada en más de medio día.
Vi a León demasiado pronto y eso solo me provocó rabia. En definitiva, tenía los tobillos hinchados por su culpa y lo peor era que había cambiado mi vida sin siquiera consultarme.
--Hola-- me saludó con tranquilidad
Solo por verlo tan tranquilo, sentí ganas de arrastrarlo de regreso al avión y enviarlo a China o al país más lejano posible de Aurevia.
--No te ves bien
--Qué observador-- respondí con mordacidad-- No me siento bien en absoluto
--¿Necesitas ir al médico?-- preguntó mientras metía la mano en el bolsillo y sacaba su teléfono de inmediato
--Necesito recuperar la forma de mi trasero porque se me acható de tantas horas sentada. Se me hincharon los tobillos y asumo que mis pies están bastante peor de lo que imagino, y todo es tu culpa
Su respuesta fue soltar una risa.
--Todo puede solucionarse y no creo que tu trasero haya perdido su forma
--No me mires, idiota
--Estás frente a mí, es imposible verte el trasero desde esta posición. Si ya acabaste de discutir, podemos irnos
--Iré detrás de ti
Él comenzó a caminar con mis dos maletas, mirando hacia atrás como si temiera que me perdiera en el aeropuerto.
Llegamos a un automóvil y me abrió la puerta para que subiera. No esperaba ese gesto, pero lo atribuí a su deseo de mantener esta farsa para salvar su reputación.
Comenzó a conducir en silencio hasta que llegamos a un edificio.
Pocos minutos después, entramos al apartamento donde viviríamos.
--Si necesitas algo...
--Un baño
Él me guio hasta donde estaba.
Después de orinar, miré mi aspecto. Tenía unas ojeras oscuras que habrían obligado a Valeria a maquillarme si estuviera aquí. Me quité el calzado y sentí palpitar los pies. Jamás se me habían hinchado tanto ni luego de un doble turno atendiendo mesas.
Salí del baño descalza y fui hacia el sofá de la sala.
--Sí que se te hincharon los pies
--Demasiado, y según sé, esto se pondrá peor durante las últimas semanas-- suspiré
Le envié un mensaje a Valeria para avisarle que había llegado y, tal como imaginaba, me respondió de inmediato, llenándome de preguntas que me hicieron sonreír.
--Mi hermana te preguntará si llegué a tiempo para recogerte. Podría apostarlo
--Ya lo hizo-- respondí y continué escribiéndole a Valeria, que no dejaba de hacerme preguntas
Quiso saber hasta si el asiento había sido cómodo. Eso me hizo sonreír porque es la única persona que se ha preocupado genuinamente por mí en muchísimo tiempo.
Bajé la cremallera de mi abrigo holgado y puse una mano sobre mi vientre al sentir que el bebé se movía.
Vi que León seguía de pie, mirándome. Mantenía los ojos fijos en mi abdomen cuando terminé de escribirle a su hermana.
--No sabía que estabas así-- dijo, recordando que mi rostro estaba mucho más arriba
--Mi embarazo es real, no como nuestro futuro matrimonio
--No te imaginaba embarazada. ¿Puedo preguntarte algo sobre eso?
Suspiré profundamente porque ya sabía qué le interesaba: la identidad del padre del niño, aunque debería haberlo preguntado hacía mucho tiempo, incluso antes de cometer la estupidez de anunciar nuestro falso compromiso.
--No sé quién es su padre, ni siquiera consideré posible quedar embarazada. Imagino que este bebé sí es un milagro, a diferencia de mi hermano-- dije con amargura
--En realidad, quería saber qué día tienes que ir a un nuevo control, pero, si prefieres decirme algo más, puedo escucharte sin problema
¿Por qué me pasaban estas cosas a mí? Sentí que la vergüenza por la humillación gratuita a la que me había sometido subía hasta mis mejillas.
--¿Valeria no te lo dijo?
--Mi hermana me envió una lista de cosas que debía tener listas para cuando llegaras, así como también me dijo que tengo que buscarte una doctora porque no quieres que te atienda un hombre. No me dijo puntualmente qué día tienes que hacerte un control prenatal
--A mí me dijo que vendrá a la boda, ¿cuándo será?
--Tenemos que llevar nuestros documentos al registro civil antes. Allí nos dirán la fecha
--Tendré que practicar decir acepto
--Tómalo como un trámite
--Eso es lo que es, aunque no es lo que pienso del matrimonio, pero cada uno lo toma como quiere
Él miró su teléfono y luego fue hacia la cocina. Volvió con un potecito de flan. Definitivamente, su hermana le había dicho que lo comprara para mí porque era algo que había comenzado a disfrutar durante el corto período que vivimos juntas.
No diría que me sentí en casa al probar la primera cucharada, pero al menos sentí algo familiar. La realidad era que, desde hacía años, no sentía que perteneciera a ningún lugar.
Al terminar el pequeño postre, me puse de pie y fui hacia la cocina para encontrar el cesto de basura. León debió indicarme dónde estaba. Después, fui hacia la ventana de la sala.
Miré hacia la calle y sentí la tranquilidad de este nuevo lugar. Pude comprender por qué era la opción preferida para desaparecer, aunque no sabía si en mi caso sería posible, debido a que mi nombre era de dominio público gracias a mi futuro marido.
ya sabe la verdad y sigue de necia
y todavía tiene el descaro de culpar a León
espero que ahora que sabe por lo menos una disculpa a un León ya dejó claro que entiende su actitud de ella