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Los Cinco Herederos del Multimillonario

Los Cinco Herederos del Multimillonario

Status: Terminada
Genre:CEO / Oficina / Romance oscuro / Completas
Popularitas:904
Nilai: 5
nombre de autor: J.Borges

Aurora lo perdió todo en una sola noche. Cinco años después, vuelve con cinco razones para no volver a rendirse.

La víspera de su compromiso, Aurora encuentra a su prometido en la cama con su propia hermana. Y sus padres, en vez de consolarla, eligen quedarse del lado de la hija «perfecta». Sin casa, sin familia y con el corazón hecho pedazos, acaba en un bar… y en los brazos de un desconocido: João Pedro de Andrade, uno de los hombres más ricos del país, frío, reservado y drogado sin saberlo.

Por la mañana, ella se marcha. Él despierta sin poder recordar su rostro.

Cinco años después, Aurora ya no es la joven que salió llorando de aquella casa. Es la dueña de una marca de joyas que se abre paso en el mercado y la madre de cinco pequeños genios: uno hackea computadoras, otro descubre malas inversiones en minutos, dos diseñan joyas y todos tienen más iniciativa que muchos adultos.

Hasta que el destino los pone frente a frente. João Pedro no deja de preguntarse por qué esa mujer le resulta tan familiar… y por qué esos cinco niños lo miran como si ya lo conocieran.

Entre secretos que creía enterrados, una hermana que no se resigna a perder y un pasado que vuelve a tocar su puerta, Aurora tendrá que decidir en quién confiar. Porque hay verdades que no se pueden esconder para siempre.

Traición, maternidad, lujo y un amor que empezó de la forma menos esperada.

Porque Aurora no volvió para pedir perdón. Volvió para demostrar quién es.

NovelToon tiene autorización de J.Borges para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16 — Ahora somos nosotros

Aurora salió de la oficina de la mano de João Pedro. Por primera vez, no sentía ganas de esconder el pasado. Tampoco quería seguir viviendo con miedo de lo que Emilia pudiera hacer. Había elegido confiar en él. Y ahora quería seguir adelante.

—¿Estás bien? —preguntó João Pedro.

Aurora respiró hondo.

—Sí.

—¿Segura?

Ella sonrió.

—Segura. Creo que, por primera vez, estoy cansada de tener miedo.

João Pedro le apretó la mano.

—Entonces no vuelvas a tener miedo sola.

Aurora lo miró.

—¿De verdad te vas a quedar?

—Si tú me lo permites.

Ella sonrió.

—Te lo permito.

Esa tarde, los dos fueron a recoger a los niños. En cuanto entraron a la sala, los cinco corrieron hacia Aurora.

—¡Mamá!

Miguel le abrazó las piernas.

—¡Tardaron mucho!

Theo señaló a João Pedro.

—Él también vino.

—Vine —respondió João Pedro.

Davi se cruzó de brazos.

—¿Te vas a quedar a cenar?

João Pedro miró a Aurora. Ella sonrió.

—Sí.

Los niños lo celebraron.

Esa noche, João Pedro se sentó a la mesa con ellos. No como un multimillonario. No como un posible padre. Solo como alguien que empezaba a formar parte de esa familia.

Después de la cena, Miguel apareció con un dibujo.

—Hice esto para ti.

João Pedro tomó el papel. Era un dibujo de seis personas. Aurora. Los cinco hijos. Y João Pedro.

Se emocionó.

—¿Quiénes son estas personas?

Miguel respondió con naturalidad:

—Nuestra familia.

Aurora se quedó sin palabras. João Pedro la miró. Ninguno de los dos necesitó decir nada.

A la mañana siguiente, Aurora recibió la confirmación de que la prueba se realizaría. Estaba nerviosa. João Pedro lo notó.

—Todavía puedes echarte para atrás.

Aurora negó con la cabeza.

—No.

—¿Estás segura?

—Sí. Quiero saber.

Él le tomó la mano.

—Entonces vamos a descubrirlo juntos.

El procedimiento fue tranquilo. Después de entregar las muestras necesarias, solo quedaba esperar el resultado. Pero, en lugar de convertir esos días en ansiedad, Aurora decidió aprovechar el tiempo. Llevó a João Pedro a conocer mejor su empresa. Le mostró el atelier. Las piedras preciosas. Los dibujos. Las piezas que había creado cuando todavía no tenía dinero para montar una gran estructura.

João Pedro lo observaba todo con admiración.

—¿Construiste esto tú sola?

—Con muchísima dificultad.

—Estoy impresionado.

Aurora sonrió.

—No tienes por qué.

—Claro que sí.

Miró a su alrededor.

—Tomaste un dolor enorme y lo convertiste en algo hermoso.

Ella se conmovió.

—No lo hice por venganza.

—Lo sé.

—Lo hice porque necesitaba sobrevivir.

João Pedro se acercó.

—Y lo lograste.

Aurora sonrió.

—Lo logré.

Él le tomó la mano.

—¿Y ahora?

Ella lo miró.

—Ahora quiero vivir.

João Pedro acercó el rostro. Aurora no retrocedió. El beso fue delicado. Sin prisa. Sin miedo.

Cuando se separaron, ella sonrió.

—Creo que me está gustando esto.

—¿Te gusto yo?

—También.

Él rio.

—¿«También»?

—No te pongas creído.

Los dos se rieron.

Esa noche, João Pedro volvió a quedarse a cenar. Los niños ya estaban acostumbrados a su presencia. Theo le pidió ayuda con un problema de la computadora. Davi le mostró una hoja de cálculo que había hecho. Livia le pidió su opinión sobre el dibujo de una joya. Valentina le preguntó si sabía contar cuentos. Miguel simplemente se sentó a su lado. João Pedro les respondió a todos.

Aurora lo observaba, sintiendo una paz que no conocía desde hacía años.

Más tarde, cuando los niños se durmieron, se quedó en la terraza con João Pedro.

—Nunca imaginé que mi vida llegaría hasta aquí.

—Yo tampoco.

—¿Te arrepientes de esa noche?

João Pedro lo pensó unos segundos.

—Me arrepiento de no haberte recordado.

Aurora bajó la vista.

—Pero quizá fue mejor así.

—¿Por qué?

—Porque tuve que aprender a vivir por mí misma.

João Pedro le tomó la mano.

—Y ahora ya no tienes que hacerlo todo sola.

Aurora apoyó la cabeza en su hombro.

—Lo sé.

Por primera vez, lo creyó. No porque João Pedro le hubiera prometido el mundo, sino porque estaba ahí. Presente. Respetando su espacio. Respetando a sus hijos. Respetando su historia. Y en ese momento Aurora se dio cuenta de que quizá había encontrado algo mucho más grande que al hombre de aquella noche: había encontrado a alguien en quien podía confiar.

A la mañana siguiente, el laboratorio envió un mensaje.

«Resultado de la prueba disponible.»

Aurora se quedó inmóvil frente a la pantalla. João Pedro estaba a su lado. Le tomó la mano.

—¿Lo abrimos?

Aurora respiró hondo.

—Juntos.

Hizo clic, y el resultado de la prueba apareció en la pantalla, frente a los dos.

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