La descartaron como a un paquete devuelto.
Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.
Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.
Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.
Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.
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Capítulo 6: Un plato de calidez
Esa tarde puse a hervir dos ollas de agua.
Sasa se paró junto al baño, abrazada a mi pierna. Desde que vio salir la tina de plástico, no le quitaba los ojos al agua caliente que yo mezclaba con la del pozo.
—No quema —dije, metiendo el codo—. Tócala.
Ella rozó la superficie con un dedo y lo retiró de inmediato. Cuando le salpiqué un poco de agua en el pie, se sobresaltó y se escondió detrás de mis rodillas.
Bruno se rió.
—Sasa le tiene miedo al baño.
—No es miedo —dije—. Es que no está acostumbrada.
—Yo la ayudo a echarle agua.
—Bueno. Agarra el jarrito chico, no el grande.
Doña Inés estaba sentada en un banco atrás, pelando yuca. Desde que se abrió la bodega, hablaba mucho menos. Pero seguía frunciendo el ceño al verme preparar la toalla, el jabón de bebé, el peine fino y ropa limpia del ropero de Sasa.
—Con un baño simple basta —comentó—. No hay que hacer tanto aspaviento, como los hijos de los ricos.
—El jabón y la ropa siempre estuvieron ahí. Lo único que faltaba era alguien que quisiera usarlos con Sasa.
El cuchillo en la mano de doña Inés se detuvo. Prefirió no responder.
Le quité a Sasa el vestidito amarillo. Debajo de la tela, su cuerpo estaba flaco y lleno de pequeñas marcas de rascado. Tenía mugre ennegrecida en los pliegues del cuello y detrás de las orejas. Cuando le separé el pelo, encontré liendres pegadas cerca del cuero cabelludo.
Un calor me subió por detrás de los ojos.
Lo contuve. Sasa no necesitaba mi llanto. Necesitaba agua tibia y unas manos que no fueran bruscas.
—La limpiamos despacito, mija.
La senté en la tina. Al principio su cuerpo estaba rígido. Sus dos manitas se aferraron a mi brazo. La dejé sujetarse de mí mientras le echaba agua del hombro a la espalda.
Bruno se puso en cuclillas junto a la tina.
—Sasa, mira. El jarrito es como un barco.
Hizo flotar el jarrito pequeño. Sasa lo miró y luego lo empujó con la palma de la mano.
El agua salpicó la cara de Bruno.
—¡Eh!
Por primera vez, de la boca de Sasa salió una risita.
No fue una palabra. Solo un sonido leve, corto, casi inaudible. Pero Bruno abrió los ojos de par en par al instante.
—¡Rafa! ¡Sasa se rió!
Rafael, de pie en el umbral de la puerta, no respondió. Bajó la mirada hacia su hermanita, que volvía a golpear el agua. La comisura de su boca se movió apenas antes de que se apurara a poner cara de indiferencia.
Le lavé el pelo a Sasa dos veces. Cuando desapareció la espuma, la envolví en la toalla y me la senté en el regazo, en el corredor. Fui pasando el peine por los piojos y las liendres, uno a uno, sobre un paño blanco. Sasa se quejaba cuando el peine se atoraba, y volvía a callarse cuando yo le soplaba el cuero cabelludo.
—¿Te duele? —le pregunté.
Apoyó la mejilla contra mi pecho.
—Ya casi termino.
Bruno nos abanicaba con la tapa de un recipiente.
—Si le sacamos los piojos, ¿Sasa va a hablar bien?
—No es así. Sasa habla poco porque casi nunca le enseñaron. Podemos conversar con ella seguido, decirle el nombre de las cosas y escucharla cuando intenta hacer un sonido.
—Yo puedo contarle un montón.
—De eso no tengo duda.
Bruno se rió, orgulloso.
Cuando el pelo de Sasa quedó limpio, le puse una camiseta blanca y un pantalón suave. La cara que había debajo de aquella capa de mugre resultó ser luminosa, con unos cachetitos redondos que solo se le veían después de lavarla. Su pelo seguía ralo, pero olía a jabón.
Sasa volvió a levantar los brazos hacia mí.
La cargué, y esta vez se rió antes de que su cabeza tocara mi hombro.
Al caer la noche le di de comer arroz blando con huevo y zanahoria. Sentada en mi regazo, recibía cucharada tras cucharada. Sin gritos para que abriera la boca. Sin una mano apretándole la cabeza cuando tardaba en tragar.
A media comida, de pronto le empezaron a caer lágrimas.
Detuve la cuchara.
—¿Está muy caliente?
Negó apenas con la cabeza. Volvió a abrir la boca pidiendo el siguiente bocado, mientras otra lágrima le corría por la mejilla.
Sentí que me apretaban el pecho.
Se las sequé con el pulgar.
—No hay que apurarse. Mañana también habrá. Y pasado también.
Sasa no podía entender todas mis frases. Pero su cuerpo poco a poco se fue aflojando entre mis brazos, como si el tono de mi voz ya fuera suficiente.
Bruno se sentó en el suelo y le contó de Campeón, que una vez persiguió a una gallina hasta el sembradío. De cuando en cuando Sasa volteaba a mirarlo. Cada vez que la niña emitía un sonidito, Bruno le respondía como si estuvieran teniendo una conversación completa.
Rafael seguía de pie en la puerta.
No se acercaba, pero tampoco se iba.
—Todavía queda agua caliente —dije sin mirarlo demasiado—. Si quieres bañarte, te preparo una toalla. No tiene que ser ahora si aún no quieres.
—Yo me puedo bañar solo.
—Bien. Entonces solo tengo que dejarte la toalla.
Contempló a Sasa, que empezaba a adormecerse contra mi pecho. Cuando su hermanita sonrió entre sueños, los hombros de Rafael se tensaron. El niño apartó la cara, pero no lo bastante rápido para esconder que tenía los ojos húmedos.
Fingí no verlo.
Sasa terminó dormida con la mejilla limpia pegada a mi pecho. Su cuerpo estaba tibio y perfumado, como el de una niña completamente distinta a la que dos días atrás estaba sucia detrás de la reja.
Rafael seguía en la puerta. Un rato después caminó hacia la silla donde yo había dejado la toalla limpia. La tomó sin decir nada.
—El agua a lo mejor ya se enfrió —dije—. Espera, le agrego más caliente.
—No hace falta. Puedo solo.
Esta vez, su tono no fue tan cortante como antes.
Bruno se puso de pie de inmediato.
—Yo también me quiero bañar otra vez.
—Ya te bañaste en la mañana.
—Pero me salpicó Sasa.
—Esa es la peor excusa que he oído en mi vida.
La risa de Bruno llenó el corredor. Ni siquiera Rafael le mandó a callar.
De pronto Campeón se levantó de un salto en el patio. Su cola golpeó la tierra y sus ladridos se volvieron alegres.
Se oyó el pasador de la reja.
La puerta se abrió.
El hombre había vuelto a casa.
°\🙄/-
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦♀️
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷♀️🙎♀️
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🙎♀️
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷♀️😒🙎♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~~°
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎♀️