El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.
Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.
Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.
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11
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Aquel fue un día agotador para el Grupo Balcázar. Dos inversores decidieron aplazar el desembolso de sus fondos. El contrato del proyecto del Parque Industrial Altamira no llegó a firmarse. Varias divisiones tuvieron que detener sus tareas porque no había manera de tomar las decisiones operativas.
Gustavo y Selena llegaron a casa cuando ya caía la noche.
Apenas entraron, Miranda, que llevaba rato esperando en la sala de estar, se levantó de inmediato a recibirlos. Pero, en cuanto vio sus caras tan descompuestas, la mujer frunció el ceño.
—¿Qué les pasa? —preguntó, mirando alternadamente a su esposo y a su hija.
Sobre todo al ver el rostro de Selena, por lo general tan alegre y ahora abatido.
—¿Ocurrió algo en la empresa? —preguntó Miranda con inquietud.
Gustavo dejó caer su cuerpo exhausto sobre el sofá. Se recostó sin fuerzas, la cabeza echada hacia atrás y los ojos apretados. Luego soltó un largo suspiro antes de contarle todo lo sucedido desde la mañana.
Desde los inversores que empezaban a dudar de la estabilidad del Grupo Balcázar, hasta el gran proyecto que no se había podido firmar porque nadie era capaz de suplir el papel de Alena.
Mientras más escuchaba el relato de su esposo, más se tensaba el rostro de Miranda.
—Entonces... ¿Alena de verdad se encargaba de todo eso?
Gustavo asintió despacio.
—Yo también me enteré hoy.
La sala volvió a quedar en silencio, hasta que, poco después, Miranda dijo en voz baja:
—Entonces... llamemos a Alena para que vuelva. Al fin y al cabo, es nuestra hija. La empresa la necesita.
Selena apretó los puños con fuerza. Sin que sus padres lo notaran, la muchacha apretó la mandíbula. No le gustaba en absoluto que llamaran de vuelta a Alena, pero tampoco podía hacer nada.
Gustavo guardó silencio unos instantes antes de asentir al fin. Enderezó la espalda y enseguida tomó su celular para buscar el número de Alena.
Pero, aunque llamó varias veces, solo se oía un "tut" sin tono de espera. Lo único que escucharon fue la voz de la operadora al otro lado, que le hizo apretar la mandíbula.
—El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de cobertura.
Miranda tomó también su celular para intentar comunicarse con Alena. Pero el resultado fue el mismo. Por curiosidad, Selena probó a llamar desde su propio teléfono. Tampoco entró.
Miranda empezó a irritarse.
—¿Adónde se metió esa muchacha? ¿Por qué no hay forma de localizarla?
—¿Y si lo hace a propósito, para que la llamemos de vuelta? —Eso era lo que pensaba Gustavo. No había ni pizca de preocupación por Alena; en lo único que pensaban era en la empresa.
* * *
Mientras tanto, en la residencia de la familia Sebastián.
El ambiente de la lujosa mansión, por lo general apacible, se había vuelto opresivo. El eco de unos gritos furiosos retumbaba por todo el salón principal.
¡Pum!
Un costoso jarrón de cristal salió disparado y se estrelló contra el piso de mármol, haciéndose añicos.
—¡Hijo inútil!
Richard Sebastián estaba de pie, erguido, con las manos en la cintura. El rostro del hombre maduro estaba encendido por una ira que había llegado a su punto máximo. La punta de su dedo índice apuntaba directamente a Renzo, que permanecía de rodillas ante él.
Renzo no se atrevía siquiera a levantar la cabeza. Ni a rozarse la comisura del labio, que se veía partida. Tenía las dos mejillas amoratadas. Incluso la sien izquierda seguía enrojecida por el golpe que acababa de recibir.
En el sofá, no muy lejos de allí, Melanie Sebastián solo podía llorar tapándose la boca. Una y otra vez la mujer quiso detener a su esposo, pero esta vez la furia de Richard estaba completamente fuera de control.
—Ya, basta... —dijo ella con voz débil.
—¡Cállate, Melanie! —le gritó Richard sin voltearse.
La mujer rompió a sollozar con más fuerza. Mientras tanto, Richard no apartaba la vista de Renzo.
—¿Sabes lo que está pasando ahora mismo?
Renzo apretó ambos puños.
—Lo sé, papá.
—¡No! —bramó Richard—. ¡No tienes la menor idea!
El hombre tomó una tableta que había sobre la mesa y la lanzó frente a Renzo.
—¡Míralo tú mismo!
La pantalla de la tableta aún mostraba distintos portales de noticias de economía.
"La boda del heredero del Grupo Sebastián queda oficialmente cancelada."
"Alena Balcázar anuncia la cancelación de la boda ante los invitados."
"El mercado cuestiona la relación entre el Grupo Sebastián y el Grupo Balcázar."
Richard tomó aire con brusquedad.
—¡En un solo día! ¡Un solo día! ¡El apellido Sebastián es la comidilla de todo el país!
Renzo inclinó aún más la cabeza.
—Perdóname, papá.
—¿Perdón? —Richard soltó una risa sarcástica—. ¿Crees que una disculpa puede devolverle el honor a la familia Sebastián? ¡Dejaste a tu futura esposa sola en el altar! ¡Delante de miles de invitados! ¡Delante de la prensa! ¿Y ahora, con toda tranquilidad, me sales con un perdón?
Renzo se mordió el labio.
—Papá... yo solo...
—¡Cállate! —lo cortó Richard antes de que se defendiera—. ¿Sabes por qué elegí a Alena como tu futura esposa?
Renzo alzó despacio el rostro.
—Por el compromiso que arregló el abuelo.
Richard negó con la cabeza.
—Alena es una mujer inteligente, con estudios, con capacidad de liderazgo. Durante años observé con mis propios ojos cómo ayudaba al Grupo Balcázar a crecer. Una mujer así es digna de ser la señora Sebastián.
La mirada de Richard se volvió aún más afilada.
—¿Y qué hiciste tú? La abandonaste como un idiota por otra mujer.
Renzo se apresuró a negar.
—No elegí a Selena, papá. Solo la acompañé al hospital.
Richard volvió a tomar algo de la mesa y lo arrojó con violencia, hasta darle a Renzo en la frente y arrancarle una mueca de dolor.
—¡Eres un imbécil! —gritó con fuerza—. ¿Estás ciego? ¿Acaso no ves que Selena es una mujer manipuladora? No es más que una consentida que no sabe nada de nada.
Renzo guardó silencio, pero apretó los puños a ambos lados del cuerpo. No soportaba que nadie hablara mal de Selena, aunque fuera su propio padre.
Richard negó despacio con la cabeza.
—Me decepcionaste.
La voz de Richard sonó baja, pero eso la hizo mucho más dolorosa que los gritos anteriores.
Richard avanzó hasta quedar justo frente a su hijo y volvió a hablar con voz grave.
—Acabo de recibir noticias de una persona de mi confianza.
Renzo levantó la cabeza de golpe.
—Esa empresa está sumida en el caos. Nadie sabe dónde está Alena. Su número está apagado. Incluso se marchó de la casa de su familia.
El rostro de Renzo cambió al instante.
—¿Qué? ¿Que se fue de su casa?
Richard asintió con frialdad.
—Sus padres la echaron.
Los ojos de Renzo se abrieron de par en par. La imagen de Alena alejándose sola llenó de inmediato su mente. ¿Adónde había ido? ¿Estaría bien? Sin saber por qué, de pronto sintió una opresión en el pecho.
—Escúchame bien. —Richard soltó un largo suspiro—. No me importa cómo lo hagas. La cuestión es que tienes que encontrar a Alena y traerla de vuelta. Solo a ella la aceptaré como nuera de la familia Sebastián. Si fracasas, no esperes que te dé el puesto de heredero.
El cuerpo de Renzo se congeló al oír la amenaza de su padre. Todo este tiempo había creído que sus padres solo mantenían esa relación por la cooperación empresarial y por el compromiso pactado entre las familias.
Solo ahora se daba cuenta de que su padre de verdad valoraba a Alena como persona, y no como simple heredera de la familia Balcázar. Pero ahora, la mujer a la que siempre había desatendido por Selena... había desaparecido por completo, sin dejar rastro. ¿Dónde iba a buscar a Alena?