Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 18
Nunca imaginé que una simple fiesta empresarial pudiera ponerme tan nerviosa y... odiaba admitirlo.
Porque no era la gala, no eran los inversionistas internacionales, ni siquiera la presión de fingir delante de cientos de personas.
Era Dante.
Especialmente después de aquella conversación en el automóvil.
“Tenemos que actuar como dos personas realmente enamoradas.”
Maldito hombre, la frase llevaba horas atormentándome, por eso probablemente tardé demasiado arreglándome aquella noche. Mi habitación parecía un desastre absoluto entre maquillaje, zapatos y vestidos descartados, hasta que finalmente mis ojos volvieron a detenerse sobre el vestido rojo colgado frente al espejo y curiosamente… Sonreí.
Porque la antigua Mía jamás habría usado algo así, era elegante, sí, pero también atrevido.
El vestido se ajustaba perfectamente a mi figura marcando mi cintura y cayendo suavemente sobre mis piernas con una abertura lateral discreta pero suficiente para llamar atención. El color rojo hacía que mi piel resaltara todavía más y mi cabello oscuro cayendo sobre los hombros terminaba de completar algo que honestamente casi no reconocía, seguridad.
No perfección, no dulzura exagerada, simplemente seguridad y por primera vez en muchísimo tiempo…. Me sentí hermosa para mí misma.
No para Alexander, no para aprobación ajena.
Para mí.
El sonido de mi teléfono vibrando sobre la cama interrumpió mis pensamientos.
“Estoy abajo.”
Dante.
Respiré profundo una vez antes de bajar, pero apenas crucé la entrada principal de la mansión entendí que había cometido un grave error usando ese vestido, porque Dante Morelli dejó de respirar durante un segundo.
Literalmente, lo vi perfectamente.
Él estaba apoyado junto al automóvil vestido completamente de negro, impecable como siempre, con el cabello ligeramente acomodado hacia atrás y esa presencia absurda que hacía que cualquier otro hombre pareciera insignificante a su lado, pero apenas me vio… Se quedó mirándome, en silencio.
Sus ojos recorrieron lentamente mi cuerpo y, por primera vez desde que lo conocía, Dante parecía genuinamente afectado por algo.
Dios...Eso hizo cosas peligrosas con mi corazón.
Me acerqué intentando mantener compostura.
—¿Qué pasa?
Él siguió observándome unos segundos más antes de responder.
—Empiezo a pensar que tú disfrutas complicándome la vida.
Tuve que contener una sonrisa.
—¿Eso fue un cumplido?
—Fue una advertencia.
La manera en que lo dijo hizo que el calor subiera inmediatamente hasta mis mejillas.
Maldito hombre.
Dante abrió la puerta para mí sin dejar de mirarme como si todavía estuviera intentando procesar algo, y honestamente… jamás había sentido una mirada tan intensa sobre mi cuerpo, no era vulgar, eso era lo peor, era mucho más peligroso, porque parecía admiración real.
El trayecto hasta la gala estuvo lleno de pequeñas conversaciones que solo empeoraban la tensión entre nosotros.
—¿Siempre usas rojo? —preguntó él mientras conducía.
—No.
—Deberías empezar a hacerlo más seguido.
Giré apenas la cabeza hacia la ventana intentando ocultar mi sonrisa.
—¿Intentas coquetear conmigo, Morelli?
Escuché claramente su pequeña risa baja.
—¿Funcionó?
Dios... Este hombre iba a acabar conmigo.
La gala se realizaba en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad. Luces elegantes, música suave, empresarios importantes moviéndose entre conversaciones millonarias y cámaras capturando cada movimiento relevante de la noche y apenas entramos… Todas las miradas cayeron sobre nosotros.
Sentí inmediatamente cómo la mano de Dante se deslizaba sobre mi cintura acercándome suavemente hacia él, natural, seguro, como si llevara años haciéndolo.
—Relájate —murmuró cerca de mi oído—. Solo mírame a mí.
Eso definitivamente no ayudó, porque cuando levanté la mirada y encontré sus ojos tan cerca… mi respiración volvió a desordenarse ligeramente.
Dios... Necesitaba urgentemente dejar de reaccionar así a este hombre.
Pero la noche avanzó demasiado bien, peligrosamente bien.
Dante era increíble manejando personas. Lo observé hablar con inversionistas importantes, negociar discretamente mientras sonreía con elegancia y, aun así, jamás dejarme sola ni un momento. Cada vez que alguien se acercaba, él me incluía naturalmente en las conversaciones y eso… Eso me sorprendió muchísimo, porque Alexander jamás hacía eso, Alexander me dejaba atrás.
Dante, en cambio, parecía disfrutar escucharme hablar.
Incluso cuando discutí un par de estrategias financieras con uno de los empresarios extranjeros, noté claramente la manera en que Dante me observaba, interesado, casi orgulloso.
Cuando finalmente el hombre se alejó, Dante bajó apenas la cabeza hacia mí.
—Así que escondías esa parte inteligente de ti.
Le lancé una mirada divertida.
—Tal vez nadie antes me dejaba usarla.
Sus ojos se sostuvieron sobre los míos unos segundos más y algo en su expresión cambió apenas, más suave, más intenso.
Tuve que apartar la mirada primero, porque de pronto el ambiente se sentía demasiado pequeño para ambos.
Y honestamente… La tensión entre nosotros llevaba toda la noche creciendo de formas absurdas, pequeños roces, miradas demasiado largas, sonrisas peligrosas.
Hasta que finalmente la gala terminó cerca de medianoche y subir al automóvil con Dante después de tantas horas fingiendo estar enamorados resultó ser una pésima idea.
Porque el silencio dentro del carro no era incómodo, era peor, era tensión pura.
Sentía todavía el calor de su mano sobre mi espalda. La manera en que me había mirado toda la noche. La forma en que prácticamente todos nos creyeron y lo peor era que ya no sabía cuánto de aquello seguía siendo actuación.
Dante conducía tranquilo, demasiado tranquilo. Mientras yo intentaba ignorar la electricidad absurda que llenaba el espacio entre ambos, hasta que finalmente habló.
—Ese vestido fue cruel.
Giré lentamente la cabeza hacia él.
—¿Cruel?
Él soltó una pequeña risa baja sin apartar la mirada del camino.
—No tienes idea de la cantidad de autocontrol que tuve que usar esta noche.
Mi respiración se detuvo apenas, sentí calor recorrerme completa.
—Dante…
Él finalmente estacionó el automóvil en una calle vacía cerca de mi casa y entonces el silencio volvió, pesado, intenso, peligroso.
Mis ojos se movieron lentamente hacia él ymaldita sea… Él ya me estaba mirando, directamente.
La tensión explotó tan rápido que ni siquiera sé quién se movió primero, solo sentí su mano sujetando suavemente mi rostro mientras me besaba otra vez y esta vez… Esta vez definitivamente no era actuación.
El beso fue inmediato, profundo, desesperadamente contenido después de toda la noche reprimiendo tensión.
Mis manos terminaron aferrándose a su saco mientras él me acercaba más hacia él, y honestamente sentí que mi cabeza dejaba de funcionar apenas profundizó el beso lentamente.
Todo en Dante era intenso, la manera en que besaba, la forma en que respiraba cerca de mí, cómo sus dedos se tensaban apenas sobre mi cintura.
Mi corazón latía tan fuerte que parecía imposible que él no pudiera escucharlo.
Cuando finalmente nos separamos apenas unos centímetros, ambos respirábamos ligeramente agitados y entonces Dante apoyó suavemente su frente contra la mía mientras murmuraba con voz baja.
—Esto empieza a convertirse en un problema, Mía.