Morí una vez intentando salvar una vida. No pienso morir una segunda vez por culpa de unos traidores.
Cuando Saray Lagranh reencarna como Kaileris Enthal, la villana destinada a ser ejecutada en una novela que había leído, descubre que la verdadera culpable era su mejor amiga y que su prometido jamás estuvo de su lado.
Conociendo su trágico final, decide cambiar su destino de la forma más escandalosa posible.
"¿Mi ex prometido y mi ex mejor amiga me convirtieron en la villana? Perfecto. Entonces voy a convertirme en la mujer más influyente de este imperio. Y si para lograrlo termino casándome con el padre de mi ex prometido, mejor aún."
Entre intrigas nobles, planes de venganza, animales rescatados y una protagonista tan inteligente como sarcástica, Kaileris está decidida a demostrar que la mejor venganza no es destruir a tus enemigos...
Es convertirte en la persona que jamás podrán superar.
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El arte de sobrevivir al corsé (y a las bestias)
Si tuviera que elegir entre operar de urgencia a un Rottweiler con mal temperamento o pasar diez minutos dentro de un corsé imperial, elegiría al perro sin dudarlo. Al menos el perro tiene la decencia de morderte de frente; el corsé te estrangula el alma en silencio.
—¡Un poco más, Relis! ¡Sé que puedes jalar más fuerte! —le exigí, aferrándome con las dos manos a uno de los postes tallados de mi enorme cama de caoba.
—Señorita Kaileris, por amor a los cielos, si jalo más no va a poder respirar —protestó Relis, resoplando mientras tiraba de los cordones de satén con todas sus fuerzas—. Además... usted odiaba los corsés ajustados. Decía que prefería los vestidos holgados de cuello alto. ¿Por qué de repente quiere una figura tan... marcada?
—Porque la silueta de una mujer infunde respeto en la corte, Relis. Y si voy a asfixiarme, prefiero que sea luciendo espectacular —respondió con una sonrisa, soltando una bocanada de aire en cuanto la cuerda se tensó por completo.
Me di la vuelta y me miré en el espejo de cuerpo entero. Habían pasado exactamente tres semanas desde que desperté en este cuerpo. Tres semanas de absoluta tortura logística.
En mi vida como Saray, mi uniforme diario consistía en una filipina médica cómoda, unos jeans desgastados y unos tenis que me permitían correr detrás de cualquier animal. Mi cabello solía estar recogido en un moño desastroso sostenido por un bolígrafo. Ahora, como Lady Kaileris Enthal, vestirse era una declaración de intenciones.
La antigua Kaileris siempre se vestía para ocultarse, temerosa de las críticas de Selius, usando cuellos asfixiantes y mangas largas que tapaban cada centímetro de su piel. Yo, con la madurez y la seguridad de mis veintiocho años mentales, no pensaba hacer eso.
—Tráeme el vestido de terciopelo vino tinto, Relis. El que tiene el escote cruzado —ordené.
—¿El que mandó a modificar con el sastre de la corte? Pero señorita... —Relis abrió los ojos de par en par al sacar la prenda—. El corte de los hombros cae bastante bajo y destaca mucho su busto... Además, la hendidura de la falda llega casi por encima de la rodilla al caminar. Su padre el Marqués se va a escandalizar.
—Mi padre se acostumbrará. Y la sociedad también —dije con absoluta calma mientras dejaba que deslizara la costosa tela sobre mi cuerpo—. Una mujer que sabe lo que posee no se esconde. Se exhibe con clase.
El vestido me quedaba como una segunda piel. El terciopelo de un rojo vino profundo abrazaba mis curvas, acentuando de manera peligrosa la estrechez de mi cintura gracias al corsé. El escote en "V" revelaba la elegante línea de mis clavículas y el inicio de mi pecho de una forma sugerente pero impecablemente aristocrática. El contraste de la tela oscura con mi piel de porcelana y mi cabellera negra suelta era, sencillamente, letal. No parecía una jovencita lista para ser pisoteada; parecía una reina de la noche lista para cazar.
Durante estas semanas de encierro, justificadas por mi "delicada salud tras la caída del caballo", me dediqué a absorber cada fragmento de la memoria de Kaileris. Y lo que descubrí me dio un asco profundo. La verdadera Kaileris no era mala; era patética en su obsesión por encajar. Había gastado su adolescencia intentando agradar a un imbécil caprichoso como Selius Carsont, soportando sus desplantes y permitiendo que Sabell Hart se metiera en su guardarropa, en su joyero y, eventualmente, en la cama de su prometido.
—Señorita... —La voz de Relis me sacó de mis pensamientos. Me miraba con una mezcla de lástima y timidez ante mi nueva apariencia—. Sé que el médico dijo que está bien, pero... ya no llora. Y se ve tan... diferente. Hermosa, pero peligrosa.
—¿Debería llorar? —pregunté, alzando una ceja mientras aplicaba un sutil bálsamo rojo en mis labios, dándoles un aspecto húmedo y provocativo.
—Bueno... antes de caer del caballo, usted descubrió que el joven amo Selius llevó a Lady Sabell al festival del sol del norte. Se pasó tres días enteros encerrada. Pero desde que despertó... ni siquiera ha mencionado su nombre.
Sonreí de lado. Relis era astuta. Había sido la sombra de Kaileris desde la infancia y la conocía mejor que nadie.
—Relis, mi querida y leal Relis —dije, ajustando un delicado collar de encaje negro que se ceñía a mi cuello—. Como veterinaria... quiero decir, como mujer sabia que soy, he aprendido una valiosa lección sobre la naturaleza. Cuando un cachorro callejero prefiere hurgar en la basura en lugar de comer carne de primera calidad, no te enojas con el cachorro. Simplemente dejas que se muerda con las ratas.
Relis parpadeó por completo perdida.
—¿Cachorro? ¿Ratas? Milady, ¿está hablando del heredero del ducado?
—Exactamente. Selius Carsont es un cachorro malcriado que no sabe distinguir entre el oro y el bronce —comenté con total indiferencia—. Que Sabell se quede con las sobras. Yo apunto a la corona de la manada.
—¿Sigue con esa locura del Duque Xilian? —Relis bajó la voz a un susurro aterrorizado—. Señorita, el Duque Carsont es un hombre temible. Dicen que no tiene corazón y que su poder es igual al del Emperador. ¡Es el padre de su prometido!
—Ex prometido —corregí con suavidad, dándole un sutil toque a mi vestido para revelar brevemente la línea de mi pierna a través de la abertura de la falda—. Selius no sabe ni cómo manejar sus propias finanzas sin el sello de su padre. Xilian Carsont, en cambio, maneja el ejército más poderoso del continente. Es un hombre de verdad, no un niño jugando a ser rey. Dime, ¿quién es el verdadero partido aquí?
Antes de que Relis pudiera entrar en otra crisis nerviosa, un golpe firme sonó en la puerta de la habitación. La silueta alta y rígida de un hombre mayor apareció en el umbral. Era el mayordomo principal de la mansión Enthal.
—Lady Kaileris —anunció con una reverencia impecable, aunque sus ojos se abrieron un poco más de lo normal al notar mi drástico cambio de vestuario—. El Marqués, su padre, solicita su presencia en el salón de té de inmediato. Tenemos visitas.
Mi pulso no se alteró, pero mis ojos felinos se afilaron.
—¿Quién ha llegado, Jeffrey?
—El joven amo Selius Carsont y Lady Sabell Hart, milady. Han venido a visitarla tras enterarse de su recuperación.
Relis se tensó a mi lado, apretando los puños con rabia contenida. Sabía perfectamente a qué venían. Venían a regodearse. Venían a ver a la dócil e histérica Kaileris suplicar por atención, llorar por la traición y armar un escándalo que arruinara aún más su reputación ante la sociedad.
Me miré una última vez en el espejo. El terciopelo vino tinto abrazaba mis caderas de una forma pecaminosa, y el sutil movimiento de la falda dejaba al descubierto la cantidad justa de piel para capturar todas las miradas de la habitación. No había rastro de la chica rota de hace tres semanas.
—Perfecto —dije, esbozando una sonrisa sensual y felina—. Es hora de hacer el control de plagas. Relis, búscame un abanico. El negro de encaje traslúcido. Vamos a ver si el pequeño Selius puede sostener la mirada ante la mujer que acaba de perder.
Caminé hacia la salida con paso firme, cadencioso y seguro. En mi vida pasada, había lidiado con hienas, serpientes y parásitos de todo tipo. Selius y Sabell no eran diferentes. Eran solo dos parásitos que se habían alimentado de la ingenuidad de Kaileris durante demasiado tiempo.
Pero la clínica estaba cerrada. Y la nueva dueña de esta casa iba a demostrarles lo que pasa cuando juegas con un depredador de verdad.
la belleza cuesta y es doloroso /CoolGuy/