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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:321
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: La traición

Levantó lentamente la mirada hacia Lucía.

—¿Qué significa esto?

Lucía tomó el teléfono y leyó el mensaje.

Su expresión cambió.

—No lo sé.

—¿Estás segura?

—Sí.

Victoria la observó durante unos segundos.

—¿Hay algo que todavía no me hayas contado?

Lucía frunció el ceño.

—No.

—Lucía...

—Te estoy diciendo la verdad.

—Eso mismo me dijiste antes.

Lucía bajó la mirada.

—Tienes razón.

Victoria apretó la memoria USB entre sus dedos.

—Mi hermano está vivo. Alguien lo tiene. Alguien conoce nuestro pasado, conoce a mi familia y sabe dónde encontrarme.

—Y sabe dónde está la memoria.

—Exactamente.

Lucía respiró profundamente.

—Tenemos hasta medianoche.

Victoria miró el reloj.

Eran las siete de la noche.

Cinco horas.

Cinco horas para encontrar a un hombre al que creía muerto desde hacía tres años.

Cinco horas para descubrir quién estaba detrás de todo.

Y cinco horas para decidir si entregaban la única prueba que podía explicar lo ocurrido diez años atrás.

—Vamos —dijo Victoria.

—¿A dónde?

—A mi antigua casa.

Lucía negó.

—Es exactamente lo que quieren.

—También es donde tienen a mi hermano.

—Podría ser una trampa.

—Lo sé.

—Entonces no podemos ir.

Victoria la miró.

—Es mi hermano.

—Y tú eres la persona que quieren.

—¿Qué quieres que haga? ¿Que lo deje morir?

Lucía se acercó.

—No estoy diciendo eso.

—Entonces ayúdame.

Lucía sostuvo su mirada.

—Voy a ayudarte.

---

Salieron de la universidad por una puerta lateral.

La calle estaba prácticamente vacía.

Victoria miró hacia ambos lados.

—¿Dónde está tu automóvil?

Lucía señaló el estacionamiento.

—Ahí.

Caminaron rápidamente.

Cuando llegaron, Lucía se detuvo.

—Espera.

—¿Qué?

Lucía señaló el parabrisas.

Había un sobre.

Victoria se acercó.

—No lo toques.

—Puede ser información sobre mi hermano.

—Puede ser una trampa.

Victoria se quedó mirando el sobre.

Finalmente sacó un pañuelo y lo tomó.

Dentro había una fotografía.

Era su hermano.

Estaba sentado en una silla.

Tenía las manos atadas.

Victoria sintió que se le cortaba la respiración.

—Está vivo.

Lucía miró la fotografía.

—Sí.

En la parte posterior había una dirección.

Y una hora.

23:30.

Victoria levantó la mirada.

—Quieren que vayamos a las once y media.

—Falta poco.

—Sí.

Lucía observó la fotografía.

—¿Qué es ese lugar?

Victoria respondió:

—Un antiguo almacén.

—¿Lo conoces?

—Mi padre tenía negocios allí.

Lucía la miró.

—Entonces definitivamente no es casualidad.

Victoria guardó la fotografía.

—Vamos.

---

Durante el trayecto, Victoria recibió una llamada.

Era Daniel.

Dudó antes de contestar.

—¿Qué quieres?

—Necesito hablar contigo.

—Ahora no puedo.

—Es importante.

—Daniel, estoy ocupada.

—Lo sé.

Victoria frunció el ceño.

—¿Cómo lo sabes?

Silencio.

—Daniel.

—Porque alguien me está siguiendo también.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—Desde esta mañana.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Dónde estás?

—En mi casa.

Victoria miró a Lucía.

—No salgas.

—Eso pensaba hacer.

—Daniel...

—¿Sí?

—¿Tienes algo que ver con todo esto?

Hubo un largo silencio.

—¿Por qué me preguntas eso?

—Porque alguien me dijo que el enemigo está más cerca de lo que imagino.

Daniel respiró profundamente.

—Victoria, hay algo que necesito contarte.

—Dímelo.

—Tu padre me conocía.

Victoria quedó sorprendida.

—¿Qué?

—Mucho antes de que tú y yo nos casáramos.

—¿Cómo?

—Trabajé para él durante un tiempo.

Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Qué hiciste?

—Nada ilegal.

—Entonces ¿por qué nunca me lo dijiste?

—Porque sabía que tu relación con tu padre era complicada.

—¿Qué hacías para él?

—Administraba algunos de sus negocios.

Victoria se quedó callada.

—¿Y conocías a Mateo?

Daniel tardó demasiado en responder.

—Sí.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace diez años.

—¿Y Lucía?

—También la conocía.

Victoria miró a Lucía.

Lucía parecía tan sorprendida como ella.

—¿Por qué nunca me dijiste?

—Porque pensé que no era importante.

—¡Todo esto es importante!

—Victoria...

—¿Qué sabes sobre aquella noche?

Daniel guardó silencio.

—Dime.

—No puedo hablar por teléfono.

—Entonces dime dónde.

—No vengas a mi casa.

—¿Por qué?

—Porque alguien podría estar escuchando.

La llamada terminó.

Victoria miró a Lucía.

—¿Tú sabías que Daniel conocía a mi padre?

—No.

—¿Y a Mateo?

—Tampoco.

Victoria sintió que la desconfianza crecía.

—Entonces ¿quién está diciendo la verdad?

Lucía la miró.

—No lo sé.

---

A las nueve de la noche llegaron a un pequeño hotel.

Necesitaban un lugar donde esconderse hasta la hora de la cita.

Lucía dejó las llaves sobre la mesa.

—Aquí estaremos seguras.

Victoria la miró.

—¿Seguras?

Lucía sonrió con tristeza.

—Bueno... relativamente.

Victoria se sentó.

—Tengo miedo.

Lucía se acercó.

—Yo también.

—No por mí.

—Lo sé.

—Tengo miedo de que mi hermano esté sufriendo.

Lucía se arrodilló frente a ella.

—Vamos a encontrarlo.

Victoria la miró.

—¿Y si no?

—Lo encontraremos.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

Lucía tomó su mano.

—Porque ya te perdí una vez.

Victoria sintió un nudo en la garganta.

—No quiero que vuelvas a perderme.

—No voy a hacerlo.

Victoria acarició su rostro.

Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse.

Se besaron.

Fue un beso diferente.

No había desesperación.

Había miedo.

Pero también una promesa.

Cuando se separaron, Victoria apoyó la frente contra la de Lucía.

—Te amo.

Lucía cerró los ojos.

No respondió inmediatamente.

Victoria sintió miedo de haber dicho demasiado.

Entonces Lucía susurró:

—Yo nunca dejé de amarte.

Victoria la abrazó.

Pero el momento duró poco.

El teléfono de Lucía vibró.

Un mensaje.

“Qué bonito. Lástima que no durará.”

Lucía palideció.

Victoria tomó el teléfono.

—Nos están viendo.

—Sí.

—¿Cómo?

Lucía miró alrededor.

—No lo sé.

Victoria observó la habitación.

—Cámaras.

Comenzaron a revisar.

Detrás de un detector de humo encontraron una pequeña cámara.

Victoria sintió rabia.

—Nos han estado observando.

Lucía la arrancó.

—Entonces saben que tenemos la memoria.

—Probablemente.

—Tenemos que movernos.

---

A las diez y cuarto salieron del hotel.

Cambiaron de automóvil.

Usaron calles secundarias.

Victoria llevaba la memoria USB escondida.

—¿Y si nos están siguiendo?

Lucía miró el espejo.

—No veo a nadie.

—Eso no significa nada.

—Lo sé.

Llegaron al almacén a las once.

Estaba completamente oscuro.

—Esperamos veinte minutos —dijo Lucía.

Victoria miró la fotografía de su hermano.

—No.

—¿Qué?

—Entramos.

—Victoria...

—Si están esperando que lleguemos a las once y media, podemos adelantarnos.

Lucía pensó unos segundos.

—Está bien.

Entraron.

El lugar olía a humedad.

Había cajas antiguas.

Máquinas abandonadas.

Y una oficina al fondo.

Victoria encontró una fotografía sobre un escritorio.

Era su padre.

Junto a él estaba Mateo.

Y junto a ellos...

Daniel.

Victoria sintió que las piernas le temblaban.

—No.

Lucía tomó la fotografía.

—¿Qué hace él aquí?

Victoria no respondió.

En la parte posterior había una fecha.

Dos meses antes del accidente.

—Daniel estaba involucrado —susurró Victoria.

—No necesariamente.

—Está en una fotografía con mi padre y Mateo.

—Eso no demuestra nada.

Victoria miró a Lucía.

—¿Por qué lo defiendes?

Lucía se quedó sorprendida.

—No lo estoy defendiendo.

—Parece que sí.

—Victoria...

—Todos me han mentido.

—Yo no.

—Tú también.

Lucía guardó silencio.

De pronto escucharon un ruido.

Ambas se giraron.

Una puerta se cerró al fondo.

—Hay alguien aquí —susurró Lucía.

Caminaron lentamente.

Llegaron a una habitación.

Estaba vacía.

Pero había una computadora encendida.

En la pantalla aparecía una transmisión en directo.

Victoria se acercó.

Y entonces lo vio.

Su hermano.

Estaba sentado en una habitación oscura.

—¡Dios mío!

Victoria golpeó la mesa.

—¡¿Dónde está?!

Apareció un mensaje:

“Entréguenme la memoria.”

Victoria escribió:

“Primero suéltalo.”

La respuesta apareció:

“Primero la memoria.”

Victoria apretó los dientes.

—No.

Lucía la miró.

—¿Qué haces?

—No pienso entregarla.

—Entonces podrían matarlo.

Victoria miró la pantalla.

Su hermano levantó lentamente la cabeza.

Como si pudiera verla.

Entonces dijo algo.

La transmisión tenía audio.

—Victoria...

Ella sintió que las lágrimas aparecían.

—¡Estoy aquí!

Su hermano miró hacia un lado.

—No confíes...

La transmisión se cortó.

—¡No!

Victoria golpeó la computadora.

—¡No!

Lucía la abrazó.

—Tranquila.

—¡Estaba intentando decirme algo!

—Lo sé.

—Dijo que no confiara.

—Sí.

Victoria se separó.

—¿En quién?

Lucía la miró.

Y antes de que pudiera responder, se escucharon pasos.

Esta vez eran muchos.

Venían desde afuera.

Lucía apagó las luces.

—Tenemos que escondernos.

Se ocultaron detrás de unas cajas.

La puerta del almacén se abrió.

Entraron tres hombres.

Uno de ellos encendió una lámpara.

Victoria reconoció al primero.

Era el hermano de Mateo.

—Busquen la memoria.

Los otros comenzaron a revisar el lugar.

Victoria miró a Lucía.

Lucía negó con la cabeza.

No podían enfrentarlos.

Uno de los hombres se acercó a las cajas donde estaban escondidas.

Victoria contuvo la respiración.

El hombre extendió la mano.

Entonces se escuchó un fuerte golpe afuera.

Los tres hombres se giraron.

—¿Qué fue eso?

Uno salió corriendo.

Los otros dos lo siguieron.

Lucía tomó la mano de Victoria.

—Ahora.

Corrieron.

Salieron por una puerta lateral.

---

Llegaron al automóvil.

Victoria cerró la puerta.

Lucía arrancó.

—¿Quién hizo ese ruido?

—No lo sé.

Victoria miró hacia atrás.

El hermano de Mateo estaba afuera.

Los observaba.

Pero no las perseguía.

—¿Por qué nos dejó escapar?

Lucía no respondió.

Entonces Victoria sintió algo en el bolsillo.

Sacó el teléfono.

Había un mensaje nuevo.

“No fue Mateo quien provocó el accidente.”

Otro mensaje llegó.

“Fue alguien que tú conoces.”

Victoria miró a Lucía.

—¿Quién?

El teléfono vibró nuevamente.

Una fotografía apareció.

Victoria abrió la imagen.

Era de aquella noche.

Ella estaba dentro del automóvil.

Mateo estaba afuera.

Y alguien más estaba sentado en el asiento del conductor.

Victoria acercó la imagen.

—No...

Lucía miró.

—¿Quién es?

Victoria comenzó a llorar.

—No puede ser.

—¿Quién?

Victoria levantó la mirada.

—Daniel.

Lucía se quedó completamente inmóvil.

—¿Estás segura?

Victoria asintió.

—Es él.

Entonces apareció el último mensaje:

“Pregúntale a tu esposo por qué estaba conduciendo el automóvil de Mateo la noche del accidente.”

Victoria sintió que el mundo se desmoronaba.

—Tengo que hablar con él.

Lucía tomó el volante con más fuerza.

—Sí.

—Ahora.

---

Daniel estaba esperándolas en un estacionamiento vacío.

Cuando Victoria bajó del automóvil, él levantó la mirada.

—Sabía que vendrías.

Victoria caminó hacia él.

—¿Por qué estabas con Mateo aquella noche?

Daniel cerró los ojos.

—Victoria...

—¡Respóndeme!

Lucía permaneció detrás de ella.

Daniel respiró profundamente.

—Porque tu padre me pidió que ayudara a Mateo.

—¿A hacer qué?

—A llevarte.

Victoria sintió que el corazón se le detenía.

—¿Tú me llevaste?

—Sí.

—¿Dónde?

—Al automóvil.

—¿Y después?

Daniel bajó la mirada.

—Mateo tomó el volante.

Victoria sintió rabia.

—La fotografía dice que tú conducías.

Daniel levantó los ojos.

—Porque después del accidente fui yo quien tomó el volante.

—¿Por qué?

—Porque Mateo estaba inconsciente.

Victoria se quedó callada.

—Entonces tú estuviste allí.

—Sí.

—¿Viste lo que ocurrió?

Daniel no respondió.

Victoria se acercó.

—¿Viste quién provocó el accidente?

Daniel cerró los ojos.

—Sí.

—¿Quién?

Daniel la miró.

—Tu hermano.

Victoria quedó paralizada.

—Eso es imposible.

—No.

—Mi hermano estaba muerto.

—No estaba muerto.

—¡¿Entonces qué pasó?!

Daniel respiró profundamente.

—Él apareció en la carretera.

—¿Por qué?

—Porque estaba intentando detener a Mateo.

Victoria negó.

—No.

—Sí.

—Estás mintiendo.

Daniel miró a Lucía.

—Pregúntale a ella.

Victoria se giró.

Lucía estaba pálida.

—¿Qué sabe ella?

Daniel respondió:

—Mucho más de lo que te ha contado.

Victoria miró a Lucía.

—¿Qué significa?

Lucía no respondió.

—¡Lucía!

Ella comenzó a llorar.

—Victoria...

—¿Tú conocías a mi hermano?

Lucía cerró los ojos.

—Sí.

Victoria retrocedió.

—¿Desde cuándo?

Lucía susurró:

—Desde antes de conocerte.

El silencio fue devastador.

Victoria miró a una y a otro.

De repente, todo parecía una mentira.

Su padre.

Mateo.

Daniel.

Lucía.

Su hermano.

Todos parecían formar parte de una historia que ella había olvidado.

Y entonces su teléfono vibró.

Un nuevo mensaje.

“Ya entendiste quiénes estuvieron aquella noche.”

Victoria leyó el siguiente.

“Ahora descubre quién te hizo olvidar.”

Y después apareció una fotografía.

Victoria la abrió.

Era una imagen del hospital.

Ella estaba inconsciente en una cama.

A su lado estaba su madre.

Y detrás de ella...

Lucía.

Pero Lucía llevaba en la mano un pequeño objeto.

Una jeringa.

Victoria sintió que el corazón se le detenía.

Miró lentamente a Lucía.

—¿Qué es eso?

Lucía comenzó a llorar.

—No es lo que parece.

Victoria retrocedió.

—Entonces dime qué es.

Lucía no pudo responder.

Daniel observaba en silencio.

Y por primera vez, Victoria tuvo una duda que jamás había imaginado:

¿Y si la persona en quien más confiaba era precisamente la que había borrado su pasado?

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