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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Volver a empezar

Después de aquella noche en la que Fernanda se quedó frente al espejo preguntándose en qué momento había dejado de reconocerse, algo dentro de ella comenzó a cambiar.

No fue un cambio repentino.

No despertó al día siguiente convertida en una mujer completamente diferente.

Seguía teniendo inseguridades.

Seguía teniendo días malos.

Seguía pensando demasiado en las cosas que habían ocurrido y en las decisiones que había tomado.

Pero ahora había una diferencia.

Ya no quería quedarse atrapada en el pasado.

Por primera vez en mucho tiempo, Fernanda comenzó a pensar seriamente en su futuro.

Su hijo seguía siendo su prioridad.

Todo lo que hacía tenía una razón.

Quería verlo crecer, quería acompañarlo en cada etapa de su vida y quería que algún día pudiera mirar atrás y saber que su madre había hecho todo lo posible por salir adelante.

Por eso decidió comenzar a estudiar.

Al principio tuvo miedo.

Pensaba que quizá era demasiado tarde.

Se preguntaba si tendría la capacidad de aprender nuevamente, si podría organizarse entre la casa, su hijo y todas las responsabilidades que tenía.

Pero después comprendió que nunca era demasiado tarde para intentar construir una vida diferente.

El primer día que comenzó a estudiar estaba nerviosa.

Preparó sus cosas, se arregló con cuidado y salió pensando que quizá no sería capaz.

Sin embargo, cuando regresó a casa, se sintió orgullosa.

Había dado un pequeño paso.

Y ese pequeño paso significaba mucho.

Comenzó a descubrir que tenía capacidades que había olvidado.

Estudiaba cuando podía.

A veces por las noches, después de terminar sus responsabilidades.

Otras veces aprovechaba los momentos tranquilos durante el día.

Había ocasiones en las que se sentía cansada y quería abandonar.

Pero entonces miraba a su hijo y recordaba por qué había empezado.

—Tengo que seguir —se decía.

Y seguía.

Su vida comenzó a llenarse de pequeñas metas.

Terminar una tarea.

Aprender algo nuevo.

Hacer ejercicio.

Comer un poco más saludable.

Organizar la casa.

Pasar tiempo con su hijo.

Y, sobre todo, aprender a dedicar unos minutos del día a ella misma.

Poco a poco comenzó a notar que su autoestima estaba regresando.

Ya no se miraba al espejo buscando únicamente sus defectos.

Comenzó a fijarse en sus ojos.

En su sonrisa.

En la mujer que todavía estaba ahí.

Una mujer que había pasado por muchas cosas, pero que seguía de pie.

También comenzó a arreglarse más.

No para Pedro.

No para llamar la atención de nadie.

Lo hacía porque quería sentirse bonita para ella.

Porque había entendido que cuidarse no era vanidad.

Era una manera de decirse a sí misma que todavía importaba.

Pedro notó el cambio.

No siempre decía algo, pero la observaba.

Fernanda podía sentir que él se daba cuenta de que ella ya no era la misma mujer de antes.

Sin embargo, ella no buscaba explicaciones.

Su relación con Pedro continuaba.

Compartían su vida y seguían siendo una familia, pero Fernanda ya no dependía emocionalmente de él como antes.

Había comenzado a construir una pequeña parte de su mundo que pertenecía solamente a ella.

Sus estudios.

Sus metas.

Sus momentos con su hijo.

Sus nuevos hábitos.

Su propia tranquilidad.

Y eso le estaba haciendo bien.

Andrés, mientras tanto, seguía siendo parte de aquel lugar.

Pero únicamente de lejos.

Fernanda podía verlo pasar algunas veces.

Lo reconocía inmediatamente.

Había momentos en los que, sin querer, sus ojos lo seguían durante unos segundos.

Pero no existía ningún contacto entre ellos.

No hablaban.

No se escribían.

No se llamaban.

No buscaban encontrarse.

Él simplemente pasaba.

Y Fernanda continuaba con su vida.

Al principio, verlo todavía le provocaba una sensación difícil de explicar.

Su corazón parecía recordar cosas que su cabeza quería olvidar.

Pero cada vez ocurría con menos intensidad.

Ya no se quedaba esperando que él apareciera.

Ya no pensaba durante todo el día en si lo volvería a ver.

Si pasaba, pasaba.

Y si no pasaba, su vida continuaba exactamente igual.

Eso también era parte de su recuperación.

Fernanda comprendió que podía tener sentimientos sin permitir que esos sentimientos controlaran su vida.

No necesitaba hablar con Andrés.

No necesitaba saber qué pensaba.

No necesitaba descubrir si alguna vez había sentido algo por ella.

Tal vez algún día encontraría esas respuestas.

Tal vez nunca.

Pero ahora tenía cosas mucho más importantes que hacer.

Tenía un hijo que cuidar.

Tenía estudios que terminar.

Tenía una vida que reconstruir.

Y tenía una mujer dentro de ella que estaba esperando volver a vivir.

Una tarde, después de estudiar durante varias horas, Fernanda cerró sus cuadernos y se quedó mirando por la ventana.

Se sentía cansada.

Pero era un cansancio diferente.

No era el cansancio de sentirse perdida.

Era el cansancio de estar avanzando.

Sonrió.

Había hecho algo por ella.

Algo que meses atrás habría pensado que era imposible.

Tomó su teléfono y miró una fotografía de su hijo.

—Por ti y por mí —dijo en voz baja.

Porque ahora entendía que cuidar de su hijo también significaba cuidar de sí misma.

No podía enseñarle a su hijo a luchar por sus sueños si ella misma había renunciado a los suyos.

No podía decirle que debía valorarse si ella seguía creyendo que no valía nada.

Así que decidió demostrarle con su propia vida que siempre se podía volver a empezar.

Los días comenzaron a pasar.

Fernanda continuó estudiando.

Continuó haciendo ejercicio.

Continuó intentando comer mejor.

Continuó cuidando de su hijo.

Y, sobre todo, continuó aprendiendo a quererse.

Había días en los que volvía a sentirse insegura.

Días en los que una palabra podía hacerla dudar de sí misma.

Pero ahora sabía que un mal día no significaba que hubiera vuelto al principio.

Podía llorar y continuar.

Podía sentirse triste y continuar.

Podía extrañar el pasado y continuar.

Porque avanzar no significaba olvidar todo lo que había vivido.

Significaba dejar de permitir que aquello decidiera quién sería en el futuro.

Una mañana se volvió a mirar al espejo.

Esta vez no vio a una mujer destruida.

Vio a una mujer cansada, sí.

Una mujer con heridas.

Una mujer que todavía tenía muchas cosas por resolver.

Pero también vio algo más.

Vio esperanza.

Y sonrió.

—Estoy volviendo a encontrarme.

No sabía qué ocurriría con Pedro.

No sabía qué pasaría con sus sentimientos del pasado.

No sabía qué personas permanecerían a su lado en el futuro.

Pero ya no necesitaba tener todas las respuestas.

Por ahora le bastaba con seguir avanzando.

Paso a paso.

Día a día.

Por su hijo.

Por sus sueños.

Y por aquella mujer que durante tanto tiempo había dejado de reconocer.

La misma mujer que ahora, lentamente, estaba aprendiendo a volver a elegir.

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Lidia Morales
Me encantó tu novela
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