El es abandonado por su alfa y encuentra refugio en otro
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capitulo 6
Darían estaba llorando sobre el frío pavimento mientras Luca se enfrentaba a los cobradores.
Los golpes resonaban en el callejón.
Darían apenas podía respirar del miedo.
Hasta que, de repente, vio algo cerca de un bote de basura.
Un tubo de metal.
Lo miró fijamente.
Después miró a los hombres que estaban atacando a Luca.
—¡Toma esto, malparido! —gritó.
Agarró el tubo y golpeó a uno de los cobradores.
—¡Ah!
El hombre cayó de rodillas.
Darían, completamente fuera de sí, comenzó a repartir golpes a diestra y siniestra.
—¡Eso te pasa por tocarme!
—¡Y eso por asustarme!
Luca se quedó mirándolo con incredulidad.
Aquel Omega que hacía unos minutos estaba llorando en el suelo ahora parecía una pequeña tormenta descontrolada.
Finalmente, los cobradores decidieron huir.
Darían dejó caer el tubo.
—¡Corran, cobardes!
Luca lo miró durante unos segundos.
Entonces sonrió.
—Eso fue increíble.
Darían levantó la barbilla, orgulloso.
—Claro que sí.
Pero apenas la adrenalina desapareció, sus piernas comenzaron a temblar.
Las lágrimas volvieron a aparecer.
—Yo... yo pensé que...
La voz se le quebró.
Luca se acercó inmediatamente y lo abrazó con fuerza.
—Ya está. Tranquilo. Todo está bien.
Le dio unas suaves palmadas en la cabeza.
Darían se aferró a su ropa mientras lloraba.
—No soy un perro...
Luca se quedó en silencio un instante.
Entonces comenzó a reír.
—Lo sé.
Darían levantó la cabeza, molesto.
—¿De qué te ríes?
Luca sonrió.
—Lo que pareces a uno bastante rabioso.
—¡¿Qué dijiste?!
Darían se separó de él, indignado.
Luca apenas tuvo tiempo de reaccionar.
¡Mordisco!
—¡Au!
Darían le había mordido la mano.
—¡Eso te pasa por llamarme rabioso!
Y antes de que Luca pudiera detenerlo, Darían salió corriendo.
Luca se quedó mirando su mano.
Después miró cómo el Omega desaparecía calle abajo.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—Definitivamente es rabioso...
Luca se quedó mirando cómo Darían desaparecía calle abajo.
Bajó la mirada hacia la mano que acababa de morderle.
—Este Omega...
Una sonrisa divertida apareció en sus labios.
No sabía qué era más absurdo: que Darían hubiera atacado a unos cobradores con un tubo o que después de todo aquello hubiera decidido morderlo a él.
—Definitivamente está loco.
Aun así, comenzó a caminar detrás de él.
No podía dejarlo solo después de lo ocurrido.
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Darían avanzaba rápidamente por la calle.
Se secó las lágrimas con el dorso de la mano.
—No necesito que nadie me proteja...
Se detuvo.
Miró hacia atrás.
No vio a nadie.
—Bien.
Siguió caminando.
Pero apenas dobló la esquina, escuchó pasos detrás de él.
Darían se puso tenso.
—No puede ser...
Se giró lentamente.
Luca apareció caminando tranquilamente.
—Te encontré.
Darían abrió los ojos.
—¡¿Me estabas siguiendo?!
—Sí.
—¡¿Por qué?!
—Porque acabas de ser atacado por unos cobradores.
—¡Ya estoy bien!
—Lo sé.
Luca señaló su mano.
—Pero también me mordiste.
Darían miró hacia otro lado.
—Te lo merecías.
Luca soltó una pequeña risa.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—Problemático.
Darían lo fulminó con la mirada.
—No soy problemático. Solo tengo mala suerte.
Luca levantó una ceja.
—¿Mala suerte?
—Sí.
Darían comenzó a contar con los dedos.
—Primero, mi mejor amigo desaparece con un mafioso. Después me encuentro con otro mafioso. Luego me persigue un guardaespaldas mafioso. Después unos cobradores intentan matarme y...
Hizo una pausa.
—Y ahora el mismo guardaespaldas mafioso me sigue.
Luca tuvo que contener la risa.
—Cuando lo dices así...
—¡Es exactamente así!
Luca negó con la cabeza.
—Ven. Te llevaré a casa.
Darían cruzó los brazos.
—No.
—¿Por qué?
—Porque ya hiciste suficiente.
—Escucha— le ordenó Luca
—¿Qué?
Luca lo miró seriamente.
—No voy a hacerte nada.
Darían entrecerró los ojos.
—Eso ya me lo dijiste antes.
—Y no te hice nada.
Darían se quedó callado.
Tenía razón.
Luca suspiró.
—Además, Caius no sabe que estás aquí.
Darían palideció.
—¡¿Caius?!
—Sí.
—¡Entonces con más razón me voy!
Darían comenzó a caminar en dirección contraria.
Luca lo sujetó suavemente del brazo.
—Espera.
Darían se giró.
—¿Qué?
—No tienes por qué tenerle miedo.
—¡Es un mafioso!
—Sí.
—¡¿Y dices que no tengo que tenerle miedo?!
Luca sonrió.
—Porque si Caius quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho.
Darían se quedó pensativo.
Aquello tenía sentido.
Pero no estaba dispuesto a admitirlo.
—Igualmente no confío en ustedes.
Luca soltó una pequeña risa.
—Eso ya lo había notado.
Y por primera vez, Darían no salió corriendo.
Simplemente comenzó a caminar a su lado.
Luca lo observó de reojo.
No sabía por qué, pero aquella pequeña victoria le había alegrado el día.