Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Oscuridad 1
A ella nunca le había gustado demasiado estar rodeada de personas.
No era que odiara a los demás. Simplemente… no sabía muy bien cómo relacionarse con ellos.
Cuando alguien le hablaba, solía bajar la mirada, responder con pocas palabras y esperar pacientemente a que la conversación terminara. En reuniones prefería sentarse en un rincón. En lugares llenos de gente buscaba automáticamente el sitio más tranquilo. Y cuando tenía que hablar frente a otras personas, sentía que su corazón quería escapar de su pecho.
Era tímida.
Introvertida.
Y, sobre todo, solitaria.
Pero no se sentía sola.
Porque tenía algo que para ella era mucho más importante que cualquier conversación.
Dibujar.
Sus lápices eran sus mejores amigos.
Los cuidaba con un cariño casi exagerado. Tenía lápices de todos los colores imaginables, algunos nuevos y perfectamente afilados, otros pequeños y gastados por tantas horas de uso. Había lápices de colores, grafito, carboncillo, acuarelas… cualquier cosa que pudiera dejar una marca sobre el papel terminaba convirtiéndose en una de sus herramientas favoritas.
Y, por supuesto, tenía su cuaderno.
Su inseparable cuaderno de dibujos.
Era un objeto sencillo, lleno de manchas de pintura, pequeñas marcas en las esquinas y páginas dobladas. Pero para ella era casi un tesoro.
En sus páginas había paisajes, animales, personas que imaginaba, casas que nunca había visitado, vestidos que jamás había visto y mundos enteros que solamente existían dentro de su cabeza.
Podía pasar horas dibujando sin darse cuenta del tiempo.
Una tarde podía comenzar haciendo un pequeño boceto y, cuando levantaba la cabeza, descubrir que ya era de noche.
[¿Ya pasó tanto tiempo?]
A veces se olvidaba de comer.
A veces olvidaba responder mensajes.
A veces incluso olvidaba dormir.
No porque estuviera triste.
Simplemente era feliz así.
Con un lápiz entre los dedos y una hoja en blanco frente a ella, sentía que podía respirar mejor.
El mundo exterior podía ser ruidoso, complicado y agotador.
Pero sobre el papel todo era diferente.
Ella podía decidir qué existía.
Podía dibujar una montaña donde no había ninguna.
Podía pintar un cielo de colores imposibles.
Podía crear personas amables, lugares tranquilos y paisajes perfectos.
Y tenía un sueño.
Uno muy sencillo.
Algún día quería poder dibujar para siempre.
[No necesito mucho más que esto.]
[No necesito tener muchos amigos.]
[No necesito ser famosa.]
[Solo quiero seguir dibujando.]
Por eso, aquella tarde había subido hasta una montaña nevada.
Había encontrado un lugar desde donde podía observar un paisaje precioso.. enormes montañas cubiertas de nieve, árboles blancos por el frío y un cielo despejado que parecía extenderse hasta el infinito.
Se sentó con su cuaderno sobre las piernas.
Sacó sus lápices.
Y comenzó a dibujar.
Primero trazó las montañas.
Después añadió los árboles.
Luego comenzó a trabajar las sombras de la nieve, pasando cuidadosamente el lápiz una y otra vez sobre el papel.
El viento soplaba con fuerza, pero ella apenas le prestaba atención.
Estaba completamente concentrada.
Sus ojos recorrían el paisaje y luego regresaban al dibujo.
[La sombra debería ser un poco más azul...]
Tomó otro lápiz.
[Así está mejor.]
Continuó.
Pasó una hora.
Luego otra.
Y ella seguía dibujando.
Hasta que una ráfaga de viento especialmente fuerte pasó por el lugar.
—¡Ah!
Su caja de lápices salió disparada.
La pequeña caja rodó por el suelo y comenzó a deslizarse hacia el borde del cerro.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¡No!
Se levantó de inmediato.
Aquellos lápices eran importantes.
¡Muchísimo!
Sin pensarlo, corrió detrás de la caja.
—¡Espera!
La caja siguió rodando.
Ella estiró una mano.
—¡Te tengo!
Pero no la tenía.
Su pie resbaló sobre la nieve.
—¿Eh...?
Durante un instante, todo pareció quedarse en silencio.
La caja continuó descendiendo por la pendiente.
Y ella también.
—¡AAAAAH!
Su cuerpo comenzó a caer por el cerro.
Intentó sujetarse de algo.
Sus dedos encontraron nieve.
Luego una rama.
Pero todo se desprendió.
Su cuaderno salió volando.
Los lápices se dispersaron por la pendiente.
Y ella continuó cayendo.
[Esto... no puede estar pasando...]
Intentó abrir los ojos.
Vio el cielo.
Luego la nieve.
Después las montañas.
Todo comenzó a girar.
Y entonces...
Algo golpeó con fuerza su cabeza.
El dolor fue inmediato.
Después, nada.
Ni frío.
Ni viento.
Ni nieve.
Ni montañas.
Ni siquiera podía sentir su cuerpo.
Solo existía una oscuridad profunda y silenciosa.
Y mientras su conciencia desaparecía poco a poco, un último pensamiento cruzó por su mente.
[Me habría gustado mucho haber seguido pintando...]
Después de eso, no hubo nada más.
Solo oscuridad.