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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:10.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 10 LA TRAMPA DE LA HOSPITALIDAD

La mañana del miércoles se desarrolló con una precisión milimétrica. Tal y como le había prometido a Adrián, mi rendimiento profesional fue impecable. Enterré mis fantasmas sentimentales en el fondo de mi maletín y me concentré en ser la asistente perfecta. Durante las cuatro horas que duró la reunión en el centro financiero, observé fascinada a mi jefe en su hábitat natural. Adrián Valero era un estratega brillante. Con una calma imponente y argumentos de un peso legal y económico aplastante, desarmó una a una las reticencias de los inversores internacionales. Al mediodía, el acuerdo para la fusión multimillonaria estaba cerrado y las firmas estampadas en los contratos. El éxito era absoluto.

Sin embargo, la euforia profesional duró muy poco. Justo cuando salíamos del edificio de oficinas, con la carpeta de los contratos bajo el brazo y una sensación de alivio en el cuerpo, un todoterreno negro de alta gama se detuvo frente a nosotros. La ventanilla del copiloto bajó, revelando el rostro perfectamente maquillado de Priscila y, al volante, la sonrisa entusiasta de Héctor.

—¡Chicos! Qué puntualidad —exclamó Héctor, apagando el motor y bajando del coche a toda prisa—. Hemos pensado que, ya que Adrián ha terminado sus reuniones importantes, es una soberana tontería que os quedéis encerrados en un hotel del centro. Mi padre ha puesto a nuestra disposición la finca familiar y la casa de invitados está completamente vacía. Tiene piscina, jardín y total privacidad. Priscila y yo insistimos en que os mudéis allí con nosotros hasta el día de la boda. Así podremos ponernos al día como antes, Leo.

El pánico me atenazó la garganta de inmediato. Miré a Adrián de reojo, suplicándole internamente con la mirada que inventara cualquier excusa corporativa para declinar la invitación. Quedarnos en un hotel nos daba un espacio de seguridad; mudarnos a la propiedad de la familia de Héctor significaba estar bajo su microscopio las veinticuatro horas del día. Priscila, esbozando una sonrisa que no llegaba a sus ojos, reforzó la oferta desde el coche.

—Sí, por favor, Adrián —dijo Priscila, clavando sus ojos analíticos en mi jefe—. Sería un honor para nosotros tener al director ejecutivo de la firma en casa. Además, la suite principal de la casa de invitados está recién decorada. Es perfecta para una pareja tan... compenetrada como vosotros. No aceptamos un no por respuesta, sería un desaire para la familia.

Adrián guardó silencio durante un par de segundos, sopesando la situación. Sus ojos oscuros brillaron con esa chispa de diversión oculta que yo ya empezaba a reconocer. Sabía perfectamente que rechazar la oferta de manera tajante levantaría sospechas inmediatas en Priscila, quien parecía buscar cualquier fisura en nuestra historia. Con una seguridad pasmosa, Adrián dio un paso al frente y sonrió con cortesía.

—Es un ofrecimiento extraordinariamente generoso, Priscila, Héctor —respondió Adrián, y su voz profunda destiló una naturalidad que me dejó helada—. No quisiéramos ser una molestia, pero dado que los negocios principales de la firma ya están resueltos, aceptamos encantados. Será un placer compartir estos días previos al enlace con vosotros. Pasaremos por el hotel a recoger el equipaje y os seguiremos en un taxi.

Media hora después, tras un trayecto tenso en el asiento trasero de un Mercedes de servicio, llegamos a la finca familiar. El lugar era una propiedad inmensa, rodeada de jardines ingleses perfectamente podados y muros de piedra antigua. La casa de invitados era, en realidad, una villa de dos plantas de un lujo rústico y sofisticado. Héctor y Priscila nos guiaron a través del porche hasta la planta superior, deteniéndose frente a una gran puerta de madera de roble.

—Esta es la suite principal —anunció Priscila, abriendo la puerta de par en par con un gesto teatral—. Tiene las mejores vistas al lago de la propiedad y absoluta intimidad. Os dejamos para que os instaléis y deshagáis las maletas. Os esperamos abajo en una hora para tomar un refrigerio en el jardín.

—Gracias, Priscila. Es magnífica —respondió Adrián, entrando en la habitación mientras empujaba su maleta de mano.

En cuanto Héctor y Priscila bajaron las escaleras y sus voces se perdieron en el piso inferior, cerré la puerta con suavidad y me giré hacia el interior de la estancia. El aire se me congeló en los pulmones. La suite era espectacular, con techos altos de vigas vistas, una chimenea de piedra y un gran ventanal que inundaba todo de luz natural. Pero mi mirada se clavó, de forma inevitable y catastrófica, en el centro de la habitación. Sobre una tarima de madera oscura, se erigía una imponente cama de matrimonio de tamaño king size, vestida con sábanas de lino blanco inmaculado y un mullido edredón de plumas.

No había otra cama. No había un sofá lo suficientemente grande. Solo había un colchón inmenso destinado para los dos.

—Señor Valero... —balbuceé, sintiendo que el rostro me ardía de la vergüenza y el pánico—, solo hay una cama. Esto... esto es un error absoluto. No podemos quedarnos aquí. Tengo que bajar ahora mismo y decirle a Priscila que ha habido una confusión, que necesitamos habitaciones separadas. Me muero de la vergüenza, de verdad.

Adrián dejó su maleta junto al armario empotrado, se quitó la americana gris y la colgó con cuidado en una percha. Luego, se giró despacio hacia mí, desabrochándose los puños de la camisa blanca y remangándoselos hasta los antebrazos, revelando una piel bronceada y unos brazos firmes que delataban su disciplina física. Se acercó a la cama, apoyó una mano en uno de los postes de madera y me miró con una calma exasperante, sazonada con esa media sonrisa irónica que tanto me descolocaba.

—A ver, Leonor, use la cabeza un momento —dijo con su tono pausado y seguro—. Si baja ahora mismo a pedir otra habitación con el argumento de que no quiere dormir conmigo, ¿qué cree que pensará la prometida de su amigo? Esa mujer está buscando la más mínima excusa para demostrar que somos un fraude. Si una pareja que supuestamente lleva meses de relación estable y apasionada exige dormir en camas separadas en una escapada romántica, la mentira se cae en cinco minutos. ¿Es eso lo que quiere? ¿Quiere que Héctor descubra que todo esto ha sido un teatro de su orgullo?

—No... claro que no quiero eso —respondí hundiéndome de hombros, mirando las sábanas blancas como si fueran un campo de minas—. Pero señor Valero, usted es mi jefe. Esto es una falta de respeto enorme hacia su intimidad. Yo... yo no puedo compartir una cama con usted. Llevo años sin... bueno, nunca he estado en una situación así. No sé cómo actuar.

Adrián acortó la distancia que nos separaba con dos pasos firmes, deteniéndose justo frente a mí. Su imponente estatura me obligó a levantar la cabeza, quedando mi rostro a escasos centímetros de su pecho. El aroma a madera y ámbar de su colonia me envolvió por completo, alterando de inmediato el ritmo de mis pulsaciones.

—Leonor, míreme —ordenó con suavidad, y su voz adquirió un matiz protector y extrañamente cálido que me hizo sostenerle la mirada—. Es solo un mueble con un colchón grande. Le aseguro que tengo el autocontrol suficiente para no invadir su espacio. No soy un monstruo, soy su socio en esta mentira. Dormiremos cada uno en un extremo, trazaremos una línea invisible si eso la hace sentir más segura y mantendremos las distancias durante las horas de sueño. Pero frente a ellos, somos amantes. Así que respire, deshaga su equipaje y mentalícese. La hospitalidad de su amigo es una trampa, sí, pero nosotros vamos a jugar mejor que ellos. ¿De acuerdo?

Tragué saliva, asintiendo levemente con la cabeza mientras sentía un nudo eléctrico en el estómago.

—De acuerdo, señor Valero. Trazaremos la línea.

—Perfecto —concluyó Adrián, dándome un sutil toque de complicidad en el hombro antes de dirigirse al cuarto de baño—. Y empiece a llamarme Adrián a solas también, Leonor. Si se le escapa un "señor Valero" en mitad de la noche o durante el desayuno, estaremos acabados.

La puerta del baño se cerró, dejándome sola frente a la inmensa cama. Me senté en el borde del colchón, sintiendo la suavidad de las sábanas bajo mis manos temblorosas. El enredo había alcanzado un nivel de intimidad que jamás habría imaginado cuando abrí aquel sobre dorado en mi habitación. Estaba atrapada en una villa de lujo, compartiendo el espacio más privado con el hombre más magnético e inalcanzable de la compañía, y por primera vez en cinco años, el recuerdo de Héctor empezó a desdibujarse en mi mente, sustituido por la intensa y perturbadora cercanía de Adrián Valero.

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Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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