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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:120.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

10 años de trabajo. Un imperio millonario. Y solo 90 días de vida.
Para el mundo, yo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, hasta que un diagnóstico terminal lo cambió todo: me quedan tres meses.
Si voy a morir, romperé cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva.
Sin pensarlo dos veces, caminé directo al despacho de mi mayor rival en los negocios: el hombre más arrogante, insufrible y provocador que conozco. Esta vez no vine a hacer negocios... vine a vivir aunque sea una farsa.
¿Qué tan lejos llegarías si supieras que no tienes nada que perder?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo VI Admiración por el rival

Punto de vista de Sebastián

—Si sigues dando vueltas alrededor de esa mesa, vas a desgastar la alfombra de mi despacho, Sebastián —dijo Mateo, reclinándose en el sillón de cuero mientras agitaba el hielo de su vaso de whisky—. No me dijiste que venías a beber gratis solo para verte actuar como un león enjaulado.

Me detuve frente al ventanal de la oficina, observando el tráfico nocturno de la ciudad. Aflojé el nudo de mi corbata con impaciencia y dejé escapar un resoplido. Mateo no solo era el director financiero de mi firma; era el único sujeto en este ambiente con el que podía hablar sin tener que medir cada una de mis palabras.

—Salió de la clínica esta misma tarde —dije en voz baja, casi para mí mismo—. Firmó el alta voluntaria antes de que los médicos terminaran de procesar sus exámenes.

Mateo alzó una ceja, intrigado.

—¿Hablamos de la implacable Victoria Valenzuela? ¿La misma mujer que intenta cortarte la cabeza en cada licitación?

—La misma —respondí, girándome para enfrentarlo—. Ayer colapsó en el estacionamiento subterráneo de los Castañeda. Se desmayó justo frente a mí, Mateo. La sostuve en mis brazos antes de que se golpeara contra el concreto. Tenía las manos heladas, la tez completamente palida. Estaba sufriendo un dolor tremendo y, aun así, dos segundos antes de perder el conocimiento, tuvo las agallas de mirarme a los ojos con la barbilla en alto para decirme que estaba perfectamente bien y que me fuera al diablo.

Mateo soltó una carcajada suave, aunque su mirada reflejaba sorpresa.

—Esa mujer es de otra especie. Cualquier otra persona en el gremio habría aprovechado un momento de debilidad para victimizarse o pedir ayuda.

—Es inquebrantable —murmuré, tomando mi propio vaso de la mesa de centro—. Y eso es precisamente lo que me está volviendo loco.

Me dejé caer en el sofá frente a él. La imagen de Victoria en la cama de urgencias, rodeada de cables y luz fluorescente, no se me había borrado de la mente en todo el día. Acostumbrado a moverme en un entorno donde las mujeres se esforzaban por agradarme, sonreírme o buscar una excusa para cruzarse en mi camino, Victoria Valenzuela representaba una anomalía fascinante. Nunca le interesó mi dinero, mi apellido o el atractivo que otros tanto pregonaban. Desde el primer día en que nos cruzamos en una mesa de negociación, me miró como a un rival al que debía aplastar, manteniendo una distancia absoluta y tajante. Nunca buscó una grieta para meterse en mi cama; buscó trincheras para defender su imperio.

Le tenía una admiración profunda, casi adictiva. Victoria era la única persona en el mundo corporativo capaz de medirse conmigo de igual a igual, sin pestañear, sin ceder un solo milímetro.

—Estás fascinado con ella —señaló Mateo con una sonrisa ladina—. Siempre lo has estado, pero ahora es diferente. Tienes cara de preocupación real, hermano.

—Porque no está bien —admití, apretando el cristal del vaso con fuerza—. La conozco. Sé cuándo alguien actúa por soberbia y cuándo lo hace por pura supervivencia. Victoria está ocultando algo grave. El color de su piel, el modo en que se presionaba el abdomen cuando creía que nadie la miraba... No es solo estrés o agotamiento por trabajo, por más que ella intente venderme esa mentira.

—Si está enferma e insiste en seguir trabajando al cien por cien, se va a matar —comentó Mateo con tono sobrio—. Y tú lo sabes.

—Le escribí anoche. Le sugerí que aceptáramos la propuesta de los Castañeda para fusionar el proyecto de Onetto.

Mateo me miró como si me hubiera vuelto demente.

—¿Tú? ¿Proponer una alianza? Sebastián, llevas tres años intentando quitarle la hegemonía del mercado a las empresas Valenzuela. Si juntas sus firmas, estarías cediéndole la mitad del control de la operación más grande del año.

—No me importa el maldito contrato, Mateo —sentencié, poniéndome de pie de nuevo, impulsado por una frustración que no lograba contener—. Si trabajamos juntos, puedo asumir la carga operativa del proyecto. Puedo quitarle presión de encima sin que su orgullo sufra un solo rasguño. Si le ofrezco ayuda directa, me la va a tirar a la cara porque piensa que es lástima. Pero si lo planteo como un negocio, como una estrategia donde ambos ganamos, tal vez acepte y se obligue a parar un poco.

Mateo sacudió la cabeza, observándome con una mezcla de respeto y desconcierto.

—No va a aceptar. Sabes tan bien como yo que preferiría ver arder su empresa antes que admitir que necesita a Sebastián Alarcón para sostenerla.

—Entonces tendré que obligarla —dije entre dientes—. La gala de los Castañeda es mañana por la noche. Va a asistir, lo sé. No va a permitir que la elite financiera piense que está fuera de juego.

—¿Y qué piensas hacer cuando la veas ahí?

—Asegurarme de que no se caiga a pedazos —respondí con firmeza—. Y averiguar qué demonios le está pasando, aunque tenga que arrastrarla de vuelta a ese hospital yo mismo.

Mateo apuró el resto de su bebida y se levantó, dándome un golpe afectuoso en el hombro antes de caminar hacia la salida.

—Solo ten cuidado, Sebastián. Esa mujer ha construido una muralla de acero a su alrededor durante diez años. Si intentas derribarla a la fuerza para salvarla, podrías terminar saliendo lastimado tú también.

Cuando la puerta del despacho se cerró, me quedé a solas con el silencio de la noche. Miré la pantalla de mi teléfono sobre el escritorio. El último mensaje de Victoria seguía ahí, seco y distante: “No necesito la lástima de nadie”.

Sonreí de lado, sintiendo una mezcla de rabia y atracción profunda. Podía ser todo lo terca y arrogante que quisiera, pero mañana en la gala no pensaba dejarla sola. Victoria Valenzuela estaba acostumbrada a luchar contra el mundo entero, pero esta vez iba a tener que luchar contra mí para evitar que la protegiera.

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Magdalena Petrazzini
Felicitaciones escritora, excelente tu novela!!! Me encantó, escribís muy bien. 🫶🥀😘🫂⭐⭐⭐⭐⭐🌍🇦🇷🇦🇷👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Silvina Bello
Hermosa novela 🥰
Maria Kupke Probst
Una historia llena de emociones. Me encantó. Voy por más. Felicitaciones
Maria Kupke Probst
Maravillosa
Maria Kupke Probst
Vieja ridícula no comas ansias. El karma te está alcanzando y vas a pagar todas juntas.
Maria Kupke Probst
Las personas que se creen con derechos de los demás sin haberlo trabajado y sin que les correspondan. Están locas y merecen la cárcel o algo peor. Catalina y su hija no tienen derecho a nada. Creo que la vieja tiene mucho que ver con el suicidio del padre de la verdadera heredera.
Maria Kupke Probst
Que vieja maldita. Y que paciencia tiene como para esperar 30 años para recibir su recompensa. Espero que Victoria se pueda salvar y que a esta vieja y a su hija les de un cáncer terminal peor que el de Victoria.
Maria Kupke Probst
Selene no se da cuenta que quien matar a la gallina de los huevos de oro. Cuando reaccione será tarde para ella y su mamá.
Marisel Nadalsalas
me encantõ
Maria Kupke Probst
Selene es una bruja. Su hermana es la que mantiene a ella y a su madre y encima la odia por in hombre que ni la registra. Que mala hermana y egoísta es. Que se busque un trabajo y se mantenga sola y ahí puede ir detrás del hombre que quiera.
Maria Kupke Probst
Es muy fácil pensar en gastar y divertirse cuando el dinero viene de arriba. No hay que ganarlo. Y encima critican a quien se lo da. Si tuvieran que hacer sacrificios para ganarlo otra sería la historia. Pobre Victoria haciendo todo por su madre y hermana enferma como está y nadie se apiada de ella.
veritoo❤️
definitivamente..está hermana salió loca..totalmente destornillada
veritoo❤️
pero está vieja si q está loca...ya nació chiflada le culpa a la hermana d su miseria está sin tuerca el diminuto cerebro q tene. y la hija loca igual q ella.. definitivamente llevan en los genes esa locura
veritoo❤️
cuando dicen lo q m pertenece refiriéndose a fortunas vidas o personas sabiendo q no es así..m dan unas ganas tremendas d entrar en la novela y darles un sopla moco bien potente para q se reinicie el inútil cerebro q tnen y entender q no les pertenece nada q digan q simplemente qren robar nada mas
veritoo❤️
x su orgullo d porquería lo alejó d ver el proceso d su embarazo y el nacimiento d su bb. tbe derecho a estar no enojado enojadisimo..tomo la desviación x los dos ..fue sumamente egoísta .ahora reconoce q los recursos d el son mejores q los d ella y aún así despidió sola ..no hay justificación ella despidió sola xq así siempre fue nunk le importo nada más q ella y lo q decía ..Sebastián la tne q tratar d la misma manera a ver si aguanta ella...pro q después se reconcilien
veritoo❤️
la falacia?. qbo sospechen la verdad?...esa vieja armó todo para inventar la enfermedad?..o la está envenenando d verdad y no es un canser q tne? q vieja basura😡😡
veritoo❤️
wuou..q eficiente resultó ser la selenita q fue directo al hospital a buscar información y con informante y todo..xq tendría un informante Enel hospital después d todo..si lo único q le importa son las fiestas y los vestidos ..salió inteligente la piba..q era lo qestudio?🤔
Gloribel Torres
Espectacular. Me fascinó 💯
Belkys Natalia Quintero García
excelente trabajo felicidades autora bendiciones
Belkys Natalia Quintero García
el que mal obra ,mal acaba, lo que se siembra eso se recoge, ahí está
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