Esta historia comienza con Daniela y Marcos.
Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.
Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.
Pero la verdad es otra.
Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.
Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.
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Capítulo 2 — Yo no lo veo como mi tío
Hola, soy Daniela Sánchez, tengo diecinueve años y nací en Medellín, Colombia, el 22 de marzo de 2007.
Vivo con mi mamá, Lisbeth, y con Marcos, el mejor amigo de ella.
Bueno... para ser sincera, decirle simplemente “el mejor amigo de mi mamá” se queda corto.
Marcos ha estado en mi vida desde que tengo memoria.
Mi mamá siempre me enseñó a decirle “tío Marcos”. Cuando era pequeña ni siquiera me preguntaba por qué. Para mí era normal. Si todos decían que era mi tío, pues yo también lo decía.
Pero ahora que crecí, entiendo perfectamente la verdad.
Marcos no es mi tío.
No somos familia.
No tenemos ningún parentesco.
Él solamente es amigo de mi mamá y ha estado presente durante toda mi vida.
Y últimamente esa diferencia me importa bastante.
Porque la verdad es que Marcos me gusta.
Sí.
Me gusta.
Me daba hasta pena admitirlo conmigo misma, pero ya no podía seguir haciéndome la boba.
A veces buscaba cualquier excusa para estar cerca de él.
Si tenía una tarea, iba donde él.
Si quería ver una película, lo invitaba.
Si necesitaba preguntarle cualquier bobada, entraba a su habitación.
Y si no tenía ninguna excusa...
Pues me inventaba una.
—Marcos, ¿qué estás haciendo?
—Nada importante.
—Ah, ¿y puedo quedarme acá?
—Claro.
Y yo feliz.
Lo peor era que él parecía no darse cuenta de mis intenciones.
O por lo menos eso quería creer.
Había algo que me costaba muchísimo: decirle “tío”.
Cada vez que esa palabra salía de mi boca sentía algo raro.
—Tío, ¿me ayudas?
Apenas la decía, por dentro pensaba:
¿Por qué le sigo diciendo así?
Porque yo no lo veía como familia.
Nunca había sentido que fuera mi tío de verdad.
Para mí era Marcos.
Un hombre.
Un hombre que, aunque había estado presente desde que yo era pequeña, ahora veía de una manera completamente diferente.
Y eso me confundía.
Una tarde entré a su habitación.
Él estaba sentado frente al computador.
—Marcos.
—¿Qué pasó, Dani?
Me encantaba cuando me decía Dani.
—¿Estás ocupado?
—Un poquito. ¿Por?
—Nada... quería hablar.
Él apartó la mirada del computador.
—Bueno, sentate.
Me senté en la cama.
Me quedé callada unos segundos.
La verdad no tenía nada que decir.
Había entrado solamente porque quería verlo.
—¿Y de qué querías hablar? —preguntó.
—Pues...
Me quedé pensando.
—Se me olvidó.
Marcos soltó una risa.
—¿Cómo se te va a olvidar?
—Ay, pues se me olvidó y ya.
—Vos sí sos mucha cosa.
Sonreí.
Me gustaba hacerlo reír.
A veces sentía que podía pasar horas simplemente estando a su lado.
Pero había algo que me preocupaba.
No sabía si él me veía solamente como la hija de Lisbeth.
Quizás para él todavía era aquella niña que corría por toda la casa.
Quizás nunca se había dado cuenta de que yo ya había crecido.
Y, sinceramente, no sabía qué hacer con eso.
Porque yo sí me daba cuenta de todo.
Me daba cuenta cuando entraba a una habitación y él levantaba la mirada.
Me daba cuenta cuando hablábamos y se quedaba callado.
Me daba cuenta de que últimamente parecía incómodo cuando yo le decía “tío”.
Pero no sabía si era por la misma razón que yo.
Una noche estábamos viendo una película en la sala.
Yo estaba sentada a su lado y mi mamá todavía no había llegado del trabajo.
—¿Te gusta la película? —me preguntó.
—Más o menos.
—Entonces, ¿pa' qué la escogiste?
—Porque vos la querías ver.
—¿Yo?
—Sí.
Me miró confundido.
Yo sonreí.
—Era mentira.
—Daniela, vos sí sos terrible.
Me reí.
Después apoyé la cabeza en el respaldo del sofá y lo miré de reojo.
No podía evitarlo.
Marcos me gustaba.
Y aunque sabía que para mi mamá él era simplemente su mejor amigo, para mí ya no era solamente eso.
Yo lo veía como un hombre.
Y quizás ese era precisamente el problema.
Porque no sabía si él alguna vez podría verme de la misma manera.
aveces me metía los dedos pensado en el