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LA MUJER QUE NUNCA SE ARRODILLÓ

LA MUJER QUE NUNCA SE ARRODILLÓ

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alexa Rodríguez Murillo

Valeria, una mujer fuerte, exitosa e independiente, decide abandonar al hombre que ama cuando este le falta al respeto. Mientras él comprende demasiado tarde su error, ella reconstruye su vida, encuentra un amor basado en la admiración mutua y demuestra que la dignidad siempre debe estar por encima del amor.

NovelToon tiene autorización de Alexa Rodríguez Murillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El silencio de una mujer decidida

Hay quienes creen que lo más difícil de una ruptura es decir "adiós".

Se equivocan.

Lo verdaderamente difícil es aprender a vivir con el silencio que queda después.

Aquella noche, cuando la puerta del departamento se cerró detrás de Valeria, Adrián permaneció inmóvil.

No corrió tras ella.

No porque no quisiera.

Sino porque estaba convencido de que volvería.

Se dejó caer sobre el sofá y sonrió con arrogancia.

—Mañana se le pasará...

Siempre vuelve quien ama de verdad.

Era la primera vez que subestimaba a la mujer que tenía enfrente.

Y sería el error más caro de su vida.

Valeria condujo durante varios minutos sin rumbo.

Las luces de la ciudad se reflejaban en el parabrisas, pero ella apenas las veía.

Las lágrimas comenzaron a caer lentamente.

No lloraba porque dudara de su decisión.

Lloraba porque perder a alguien que amas siempre duele.

Se detuvo frente a un parque.

Apagó el motor.

Apoyó la frente sobre el volante.

Y lloró como no lo hacía desde la muerte de su padre.

Recordó el día en que conoció a Adrián.

Las primeras conversaciones.

Los viajes.

Las promesas.

Los abrazos.

Los planes de construir una vida juntos.

Todo eso había existido.

Todo había sido real.

Pero también era real que el hombre que la enamoró ya no era el mismo.

O quizá...

Nunca había dejado ver quién era realmente.

Después de varios minutos respiró profundamente.

Sacó un pañuelo.

Secó sus lágrimas.

Se miró en el espejo retrovisor.

—Está bien llorar...

Pero nunca por haber elegido respetarte.

Encendió nuevamente el automóvil.

Y siguió su camino.

Esa noche llegó a la casa de su madre.

Cuando Soledad abrió la puerta, entendió inmediatamente lo que había ocurrido.

No hizo preguntas.

Simplemente la abrazó.

Valeria volvió a llorar.

—Lo dejé...

Su madre acarició su cabello.

—Lo sé.

—Lo amaba, mamá.

—También lo sé.

—¿Por qué duele tanto hacer lo correcto?

Soledad sonrió con tristeza.

—Porque el corazón tarda un poco más que la razón en aceptar la realidad.

Ambas permanecieron abrazadas durante largo rato.

Finalmente, la madre habló.

—¿Te faltó al respeto otra vez?

Valeria asintió.

—Delante de muchas personas.

Intentó hacerme sentir pequeña.

Y entendí que, si me quedaba, algún día terminaría creyendo que realmente lo era.

Su madre la tomó del rostro.

—Escúchame bien.

Estoy orgullosa de ti.

Porque elegiste llorar unos meses...

En lugar de sufrir toda una vida.

Al día siguiente, Adrián despertó esperando encontrar un mensaje.

Nada.

Revisó el teléfono.

Ninguna llamada.

Ningún "buenos días".

Ninguna explicación.

Sonrió.

—Está esperando que la busque.

No lo hizo.

Pensó que ella terminaría escribiéndole primero.

Pasó un día.

Después dos.

Luego una semana.

El silencio continuaba.

Valeria tomó una decisión.

No bloquearía a Adrián.

Tampoco le escribiría.

No publicaría indirectas en redes sociales.

No hablaría mal de él con nadie.

Simplemente desaparecería de su vida.

Porque entendía algo que pocas personas comprenden.

El verdadero cierre no consiste en demostrar que estás mejor.

Consiste en dejar de necesitar demostrar cualquier cosa.

En la oficina, todos notaron que algo había cambiado.

No porque Valeria estuviera triste.

Sino porque trabajaba aún más concentrada.

Camila entró con una carpeta.

—Licenciada...

¿Se encuentra bien?

Valeria levantó la vista.

—Sí.

—¿Está segura?

Ella sonrió.

—Estoy sanando.

Eso lleva tiempo.

Pero voy bien.

Camila dudó unos segundos antes de hablar.

—Perdón si me entrometo...

Pero usted merece a alguien que se sienta orgulloso de verla brillar.

Valeria sonrió con gratitud.

—Algún día él también lo entenderá.

Solo espero que, cuando lo haga...

Ya no sea demasiado tarde.

Mientras tanto, Adrián seguía esperando.

Una noche llamó a uno de sus amigos.

—¿Has hablado con Valeria?

—Sí.

—¿Y qué dice?

—Nada sobre ti.

Aquella respuesta lo desconcertó.

—¿Ni siquiera preguntó por mí?

—No.

Está concentrada en su trabajo.

Colgó sintiendo una molestia extraña.

¿Cómo era posible?

¿Ni siquiera lo extrañaba?

Por orgullo, decidió esperar unos días más.

Las semanas se convirtieron en un mes.

Valeria había vuelto a sonreír.

Comenzó a asistir nuevamente a clases de pintura, una afición que había abandonado por falta de tiempo.

Los sábados desayunaba con su madre.

Los domingos visitaba un albergue donde colaboraba como voluntaria enseñando educación financiera a mujeres emprendedoras.

Descubrió que la paz tenía un sonido muy distinto al de la felicidad.

Era más silenciosa.

Más profunda.

Más estable.

Una tarde, mientras ayudaba a una joven a elaborar un plan de negocios, esta le preguntó:

—¿Usted siempre fue tan fuerte?

Valeria sonrió.

—No.

Aprendí a serlo.

—¿Cómo?

Ella respondió después de unos segundos.

—Entendiendo que la persona que más tiempo va a vivir conmigo...

Soy yo.

Así que debía aprender a tratarme con el mismo respeto que esperaba de los demás.

La joven bajó la mirada emocionada.

Aquellas palabras le cambiaron la perspectiva.

Sin saberlo, Valeria ya estaba inspirando vidas.

Una noche, Adrián pasó frente al edificio donde estaba la oficina de Valeria.

La vio salir.

Llevaba un vestido azul marino y caminaba junto a Camila mientras ambas reían.

Se quedó observándola desde el automóvil.

No parecía una mujer destruida.

No parecía alguien arrepentido.

Parecía...

En paz.

Aquello le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—¿Cómo puede estar tan tranquila?

Se preguntó.

No entendía que la tranquilidad de Valeria no significaba que hubiera dejado de amarlo.

Significaba que había elegido dejar de sufrir.

Y existe una enorme diferencia entre ambas cosas.

Aquella misma noche, Adrián abrió una caja donde guardaba recuerdos.

Encontró la primera fotografía que se tomaron juntos.

Las entradas del teatro donde tuvieron su primera cita.

El libro que le había regalado.

Una nota escrita por Valeria meses atrás.

"Gracias por respetar la mujer que soy. Nunca cambies esa parte de ti."

Adrián sintió un nudo en la garganta.

Leyó la frase una y otra vez.

"Nunca cambies esa parte de ti."

Había cambiado.

Y ni siquiera se había dado cuenta.

Por primera vez comenzó a preguntarse si ella tenía razón.

¿Y si realmente la había humillado?

¿Y si aquellas bromas nunca fueron tan inocentes como él quería creer?

Durmió muy poco aquella noche.

Porque la conciencia tiene una forma muy cruel de despertar cuando el orgullo empieza a quedarse solo.

Al amanecer, Valeria salió a correr como cada mañana.

El aire fresco acariciaba su rostro.

Mientras observaba salir el sol, recordó una frase que su padre le había dicho cuando era niña.

"Nunca persigas a quien no sabe cuidar tu compañía."

Durante años no comprendió aquellas palabras.

Ahora sí.

Sonrió.

Respiró profundamente.

Y siguió corriendo.

Porque, aunque su corazón todavía sanaba, su dignidad caminaba a su lado.

Y una mujer que decide no traicionarse a sí misma jamás vuelve a ser la misma.

Muy lejos de allí, Adrián seguía convencido de que aún tenía tiempo.

No sabía que el tiempo no siempre cura los errores.

A veces simplemente los vuelve irreversibles.

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Mariana Posternak
hermosa historia, cuenta la realidad que pasa miles de mujeres ,que callan y algunas ni llegan a contar la historia , ♥♥
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