Kaiser, un ex soldado, queda sepultado bajo los escombros de su propio hogar y despierta en un cuerpo odiado por todos y cargado con recuerdos de crueldad que no le pertenecen. Pronto descubre que la muerte de ese cuerpo, fue ejecutado por sus esposos bestia —criaturas superiores, juramentadas en sangre— y que ahora él es el villano cuya sombra piden destruir. Entre la culpa ajena que lo corroe y la furia inminente de quienes lo odian, debe decidir si aceptará el castigo o devolverá el tormento; en ese limbo, la redención puede ser más aterradora que la venganza.
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Cap 19: Aris y Farul
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Era la tarde del día siguiente y Aris no había salido de su habitación, ni siquiera para comer. Los tres hombres estaban un poco preocupados por él, pero no iban a buscarlo, ya que el día anterior no quiso recibirlos y sabían que este no los quería cerca ya que los veía como rivales. Un poco preocupado por el cachorro, Farul fue a buscarlo con un plato de comida, no podía permitir que este se enfermara, cuando la amenaza del gran khan estaba latente y no se sabía que podían planear Roxana y compañía.
— Aris, ¿Puedo pasar?— preguntó mientras llamaba a la puerta
Al no obtener respuesta, abrió la puerta y no vió al hombre en el lugar. Dejando escapar un suspiro, dejó la comida en la mesa de noche, para buscar al chico en el baño, al no encontrarlo ahí, lo buscó bajo la cama, pero tampoco estaba allí.
— “ dónde se habrá metido este cachorro caprichoso”— pensaba observando el lugar
Percibiendo un fuerte aroma a chicle, Farul se dirigió hacia el closet, al abrirlo, vió a Aris acostado sobre algunas prendas, mientras frotaba sus piernas con incomodidad.
— Cachorrito, ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no has bajado a comer?— preguntaba con preocupación
Al escucharlo y percibir el aroma del hombre, Aris levantó su cabeza con su rostro sonrojado y sus ojos llorosos. Sin que Farul se lo esperara, el lobo se lanzó sobre él, tirandolo al suelo, mientras lo besaba con efusividad.
— Aris, detente— pidió acunandole el rostro
— Amo, lo necesito…….. por favor, ayúdeme…… yo……. Yo quiero estar con usted.
— ¿Estás en tu celo? ¿Desde cuándo estás así? ¿por qué no me dijiste?
— Amo…… ayúdeme, por favor…… no quiero que duela.
— Cariño, no estás consciente, buscaré algo para aliviarte ¿Si?
— Antes decía lo mismo y traía a esas bestias para que me acosaran……… por favor, seré obediente......... Ayúdeme— dijo para volver a besarlo con urgencia
— Traeré a Arion para que te ayude, ¿De acuerdo? Ambos son caninos. Él podrá ayudarte mejor— respondió separándose del beso
Con dolor en su zona íntima y con deseos intensos de intimar, Aris se aferró más a Farul,ientras se frotaba contra este.
— No quiero, lo quiero a usted…….. por favor, ayúdeme……. Usted es mi esposo……. Quiero estar con mi esposo……. Quiero a mi amo……. Por favor......... por favor, ayúdeme.
Al verlo tan vulnerable y suplicando por intimar, Farul lo alzó en brazos y lo llevó hasta la cama, sosteniéndolo con toda la delicadeza del mundo, como si fuera algo precioso que jamás quisiera dañar. Allí lo depositó con cuidado, donde las sábanas se acomodaron a su alrededor como un abrazo suave.
Farul se inclinó sobre Aris sin apresurarse, haciendo que sus labios se encontraran primero con una ternura inmensa, lenta, cálida, llena de deseo, para luego ir ganando una dulce urgencia, la necesidad de estar más cerca, la necesidad de fundirse el uno en el otro.
El hombre recorría el rostro de Aris con sus besos, pasando por la comisura de sus labios, el contorno de las mejillas, la frente y cada lugar donde su piel se erizaba al contacto. Sus manos lo acariciaban con respeto y cariño, siguiendo las líneas de su figura, como si quisiera memorizar cada detalle, mientras sentía cómo su respiración se acompasaba a la de el joven lobo, cómo sus corazones latían al mismo ritmo, llenos de ternura, de confianza y de ese sentimiento profundo que los unía.
— cachorrito, te cuidaré bien— sin detener sus caricias
Poco a poco, con movimientos pausados y atentos, Farul retiró la ropa de Aris, mientras que el joven le ayudaba a también quedar desnudo, siempre con la mirada puesta el uno en el otro, cuidando cada gesto, sin prisa, asegurándose en cada paso que ambos deseaban lo mismo. Cuando ya no había nada que los separara, Farul se abrió paso al interior de Aris, cuidando siempre de ser gentil y no lastimarlo, aunque el lobo estaba bastante lubricado y listo para recibir a su pareja.
Aris movía sus caderas buscando más placer, por lo que Farul lo sostuvo con fuerza de la cadera para hacer sus penetraciones más profundas y feroces. Ante las atenciones, Aris gemía de placer, con su rostro sonrojado y pequeñas lágrimas brotando de sus ojos.
— Qué expresiones tan lindas— comentó deleitado por el rostro de placer de Aris
Completamente perdido en el placer, Aris usó su fuerza para cambiar de posición y quedar sobre Farul. En esa posición, apoyó sus manos en el pecho del hombre, para mover sus caderas con ímpetu. Mientras ellos estaban perdidos en su burbuja de placer, Arion abrió la puerta de la habitación, viendo la escena con molestia.
— Arion, sal inmediatamente— ordenó Farul, cubriendo la desnudez de Aris con las sábanas
— Otra vez dándole preferencias a Aris— dijo con molestia
Aris debido a su celo no prestaba atención a nada más que saciar sus ganas, es así que aunque Arion estuviera viendo, el trataba de mover sus caderas, en tanto Farul lo sostenía con fuerza para que no se expusiera ante el hombre.
— Arion, te he dicho que te retires, esta es mi privacidad con Aris. Después hablamos.
Molesto, Arion se retiró cerrando la puerta con un golpe seco. Mientras que Farul y Aris continuaron su encuentro, aunque Farul estaba un poco incómodo por el hecho de que Arion lo hubiera visto intimar con Aris.
— “ después soluciono eso, por ahora lo más importante es Aris”
Pasado un tiempo, ambos se cubrieron con la suavidad de las mantas, y se quedaron abrazados, sintiendo el calor de la piel del otro, con la certeza de estar en el lugar seguro, con el alivio de poder ser completamente ellos mismos frente a la persona que deseaban. Cada caricia, cada respiración entrecortada, cada beso que se daban ahora más despacio, era una promesa de cuidado, de pertenencia, de una conexión que se disfrutaba tanto en la calma como en la cercanía.
— Descansa, pequeño cachorro caprichoso— murmuró mientras lo acariciaba con suavizadad