En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Túnicas 2
Unos días después, la condesa Dempster regresó personalmente a la mansión Lovelace.
Detrás de ella, dos ayudantes transportaban varias cajas cuidadosamente cerradas.
Apenas entró al salón principal, sonrió con satisfacción.
—Ya terminé.
Lila dejó el libro que estaba leyendo.
—¿Tan rápido?
La condesa levantó ligeramente el mentón.
—Jamás hago esperar a un cliente. Mucho menos cuando se trata de un viaje importante.
Las cajas fueron colocadas sobre una gran mesa.
La condesa abrió primero la más pequeña.
Dentro descansaban varias túnicas de un hermoso color celeste.
La tela era ligera, perfecta para viajar.
Los puños y el cuello estaban bordados con delicados hilos plateados que formaban discretos dibujos inspirados en hojas y pequeñas estrellas.
Lila las tomó entre sus manos con evidente cuidado.
—Son preciosas...
Murmuró con admiración.
Había varios modelos.
Algunos más sencillos para trabajar.
Otros un poco más elegantes para visitar residencias nobles.
Pero todos conservaban la comodidad que ella había pedido.
Los bolsillos interiores incluso estaban diseñados para guardar pequeños frascos de pociones sin que se rompieran durante el viaje.
—¡Esto es exactamente lo que necesitaba!
Dijo con una enorme sonrisa.
La condesa sonrió satisfecha.
—Lo sabía.
Luego abrió la segunda caja.
Allí descansaban los nuevos trajes del duque.
Liam los observó con atención.
Eran sobrios, elegantes y perfectamente confeccionados.
Sin embargo...
Después de unos segundos notó un detalle.
Los bordados plateados de sus puños eran exactamente iguales a los de las túnicas de Lila.
Incluso el tono de algunas telas combinaba perfectamente con el celeste que ella vestiría.
Liam permaneció inmóvil.
Lila también tardó unos segundos en darse cuenta.
Luego ambos levantaron lentamente la vista hacia la condesa.
Ella sonreía como si no hubiera absolutamente nada extraño.
El duque carraspeó.
—Condesa...
Ella respondió con absoluta naturalidad.
—¿Sí?
—¿No le parece que...
Miró nuevamente las prendas.
—...combinan demasiado?
La condesa sonrió aún más.
—Claro. Fue intencional.
Liam abrió ligeramente los ojos.
[Lo sabía.]
Antes de que pudiera decir nada, comenzó a imaginar la escena.
Él recorriendo el ducado.
Lila caminando a su lado.
Ambos vistiendo ropa que claramente parecía formar un conjunto.
[Pensarán...]
[Que somos pareja.]
Justo cuando aquel pensamiento cruzó por su cabeza...
Escuchó una risa.
Lila sostenía una de las túnicas mientras intentaba contener la carcajada.
—¡Van a pensar que somos pareja!
Dijo entre risas.
Liam la miró sorprendido.
Ella seguía riendo.
—La gente del ducado va a creer que usted encontró prometida durante una consulta mágica.
La condesa soltó una pequeña risa cómplice.
—No sería la primera vez que ocurre algo parecido.
Lila negó con la cabeza mientras seguía sonriendo.
—¡Me encanta!
Liam parpadeó.
—¿Le... encanta?
Ella asintió con total tranquilidad.
—Claro.
Luego habló con un tono completamente serio...
Aunque sus ojos seguían llenos de diversión.
—Y si la gente piensa que seré la próxima duquesa... No lo negaré.
La habitación quedó en silencio.
Liam la observó completamente confundido.
—¿Qué?
Lila volvió a reír.
—A la gente le encantan los chismes.
Levantó una mano haciendo un gesto despreocupado.
—Si les quitamos el misterio, perderán el interés demasiado rápido.
El duque no supo qué responder.
La condesa Dempster, en cambio, parecía divertirse enormemente.
Incluso el conde Dempster soltó una discreta risa mientras negaba con la cabeza, ya acostumbrado a las ocurrencias tanto de su esposa como, al parecer, de la joven maga.
Liam terminó suspirando.
—No es necesario. Puedo utilizar otra ropa.
Lila dejó cuidadosamente la túnica sobre la mesa.
Luego lo miró con una expresión completamente tranquila.
—¿Por qué?
—Porque...
Buscó las palabras adecuadas.
—Podrían malinterpretarlo.
Ella se encogió suavemente de hombros.
—¿Y?
La respuesta fue tan sencilla que Liam volvió a quedarse sin palabras.
Lila continuó.
—Los dos somos solteros. No estamos haciendo nada malo. Además...
Levantó una de las chaquetas del duque.
—Estos trajes son hermosos.
Lo miró de arriba abajo con expresión analítica.
—Y usted se verá muy bien con ellos.
Liam sintió una extraña incomodidad.
No por las palabras.
Sino por la naturalidad con la que ella las decía.
Lila jamás parecía darse cuenta del efecto que producían sus comentarios.
Mientras él seguía pensando cómo responder...
Ella le susurro solo a él, completamente seria:
—Además...Si después usted muere...
Liam levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué?
Lila sonrió con absoluta inocencia.
—Fingiré ser una viuda completamente desconsolada.
La habitación quedó completamente en silencio.
Ella llevó una mano al pecho y comenzó a interpretar una escena con exagerado dramatismo.
—"¡Ay, mi querido duque!"
Levantó la otra mano hacia la frente.
—"¡Jamás volveré a amar!"
Luego hizo una pausa teatral.
—Y así el pueblo tendrá chismes para comentar durante varios años.
La condesa Dempster soltó una carcajada imposible de contener.
Incluso el conde terminó riéndose por lo bajo.
Liam, en cambio, permanecía completamente inmóvil.
La observaba con una expresión que mezclaba desconcierto e incredulidad.
[¿Qué clase de persona bromea con algo así?]
Lila dejó de actuar y volvió a sonreír como si nada hubiera ocurrido.
—Era una broma. No se preocupe.
Liam negó lentamente con la cabeza.
Cada día estaba más convencido de una cosa.
Lila era la sanadora más dulce, amable y bondadosa que había conocido en toda su vida.
Y, al mismo tiempo...
Tenía un sentido del humor tan inesperado que nunca conseguía anticipar la siguiente cosa que saldría de su boca.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente