Novela +18
Dante, un poderoso Alfa y líder de la mafia, entrega su vida para salvar a su amado omega, Kael, durante una sangrienta guerra entre organizaciones criminales.
Sin embargo, la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, descubre que ha reencarnado en el cuerpo de Elizabeth, una joven Alfa universitaria que murió durante el despertar de su poder. Ahora, atrapado en el cuerpo de una mujer, Dante solo tiene un objetivo: recuperar al omega que juró proteger y amar.
Pero todo ha cambiado.
Kael ya no es el omega indefenso del pasado. Ahora es un frío y brillante CEO, marcado por un accidente que lo dejó paralítico. Y, para empeorar las cosas, rechaza rotundamente a Elizabeth, pues asegura que jamás podría enamorarse de una mujer.
Dante no piensa rendirse.
No importa si ahora posee un cuerpo diferente, si el mundo entero está en su contra o si Kael lo odia. Para él, Kael sigue siendo su omega... y jamás permitirá que otro Alfa lo reclame.
Porque, aunque haya renacido como...
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CAPÍTULO 5 — SENTIMIENTOS
Elizabeth abandonó el edificio sin mirar atrás.
Las puertas automáticas se cerraron lentamente a su espalda.
Cada paso que daba parecía pesar una tonelada.
El llanto de Dael seguía resonando en su cabeza.
«¿Por qué se hablan tan feo...? Tengo miedo...»
Apretó los dientes con fuerza.
Nunca había sentido una derrota semejante.
Había sobrevivido a guerras entre mafias, traiciones y atentados. Había perdido incontables hombres bajo su mando sin que su determinación flaqueara.
Pero el llanto de un niño...
El llanto de su propio hijo...
Había destrozado todas sus defensas.
Sin detenerse, desapareció entre la multitud.
......................
Mientras tanto, en el último piso del edificio, el ambiente dentro de la amplia oficina permanecía en completo silencio.
Kael estaba en su silla de ruedas eléctrica frente al enorme ventanal. La ciudad se extendía ante sus ojos, pero su atención no estaba puesta en el paisaje.
En sus brazos descansaba Dael.
Después del susto y de tanto llorar, el pequeño había terminado quedándose profundamente dormido, con la cabeza apoyada contra el pecho de su padre. Sus pequeñas manos aún sujetaban con fuerza la tela del saco de Kael, como si incluso dormido temiera separarse de él.
Kael bajó la mirada.
Con infinita delicadeza apartó un mechón de cabello rubio que caía sobre el rostro del niño.
Su expresión, normalmente fría e impenetrable, se suavizó por completo.
—Qué niño tan llorón... —murmuró con ternura.
Aunque sus palabras parecían una queja, sus movimientos eran extraordinariamente cuidadosos, procurando no despertarlo.
Entonces levantó la vista.
A un costado de la oficina permanecía de pie su asistente personal, un joven omega vestido con un impecable traje gris. Llevaba años trabajando para Kael y conocía perfectamente el significado de cada uno de sus gestos.
Le bastó una breve mirada y un ligero movimiento de la mano.
El asistente comprendió de inmediato.
Se inclinó respetuosamente.
—Entendido, señor Kael.
Su voz fue firme y profesional.
—Investigaré todo sobre esa mujer.
Kael no respondió.
Esperó a que el asistente abandonara la oficina y la puerta se cerrara en silencio.
Solo entonces volvió a bajar la mirada hacia Dael.
El pequeño dormía plácidamente, ajeno a todo lo ocurrido.
Kael acarició lentamente su espalda.
Recordó el momento en que Dael, entre lágrimas, había dicho:
"Papá... ¿por qué se hablan tan feo...? Tengo miedo..."
Aquellas palabras le oprimieron el pecho.
Nunca antes había visto a su hijo llorar de esa manera.
Su mirada se ensombreció.
Después, inevitablemente, la imagen de aquella joven volvió a aparecer en su mente.
Sus ojos verdes.
La desesperación con la que preguntó por qué estaba en una silla de ruedas.
Y aquella absurda afirmación...
"Soy Dante."
Kael cerró lentamente los ojos.
—...Imposible.
Su voz apenas fue un susurro.
Dante había muerto hacía diez años.
Él mismo había visto su cuerpo sin vida colgando bajo un puente.
No podía ser él.
Era una mujer.
No importaba cuánto se parecieran la intensidad de su mirada o la forma en que pronunció su nombre.
Era imposible.
Sin embargo...
¿Por qué, cuando aquella mujer me miró, sentí por un instante que realmente me conocía?
Kael abrió los ojos y observó nuevamente a Dael, que seguía durmiendo tranquilamente entre sus brazos.
Lo abrazó un poco más cerca de su pecho.
Sea quien sea esa mujer...
No permitiré que se acerque a mi hijo hasta descubrir cuáles son sus verdaderas intenciones.
......................
Mientras tanto...
En un pequeño apartamento, Elizabeth cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.
¡Bang!
El ruido resonó por toda la habitación.
Sin siquiera quitarse los zapatos, arrojó la mochila al suelo.
Esta cayó pesadamente junto al sofá.
Elizabeth pasó una mano por su cabello y terminó dejándose caer sobre la cama.
—¡Ahhh...!
Se cubrió el rostro con ambas manos.
—¡Maldita sea!
Su voz estaba llena de frustración.
Había esperado aquel reencuentro desde que reencarnó.
Y lo había arruinado en cuestión de minutos.
Recordó la expresión de Kael.
Fría.
Distante.
Desconfiada.
Después apareció el rostro lloroso de Dael.
Aquello hizo que una punzada atravesara su pecho.
Giró lentamente la cabeza hacia el teléfono móvil que descansaba sobre la cama.
Lo tomó.
Durante unos segundos permaneció observando la pantalla apagada.
Finalmente comenzó a buscar.
Ceo Kael.
Aparecieron decenas de noticias.
Entrevistas.
Fotografías.
Artículos sobre el joven director ejecutivo que había levantado una de las empresas más importantes del país.
Elizabeth abrió una imagen.
Kael aparecía vestido con un elegante traje negro.
Su expresión seguía siendo igual de seria que años atrás.
Solo había cambiado una cosa.
La silla de ruedas.
Elizabeth sintió que el pecho le dolía.
Siguió deslizando el dedo.
Otra fotografía.
Esta vez Kael sostenía la mano de un pequeño niño rubio.
Dael sonreía feliz mientras levantaba un helado.
Kael lo observaba con una expresión mucho más cálida que cualquiera de las que había conocido en el pasado.
Elizabeth permaneció inmóvil.
Después apareció otra fotografía.
Y otra.
Y otra más.
En todas ellas estaban Kael y Dael.
Celebrando cumpleaños.
Saliendo de la escuela.
Paseando por un parque.
Compartiendo una comida.
Una pequeña familia.
Sin él.
Elizabeth sintió un nudo en la garganta.
Con la yema de sus dedos acarició lentamente la pantalla.
Como si pudiera tocar a ambos a través de aquellas imágenes.
Una lágrima cayó sobre el teléfono.
Luego otra.
Y otra más.
—...
No se molestó en secarlas.
Durante diez años...
Kael había tenido que enfrentarse solo al mundo.
Había criado solo a su hijo.
Había aprendido a vivir sobre una silla de ruedas.
Y él...
No había estado allí.
Lo siento...
Las lágrimas continuaban cayendo en silencio.
Siguió investigando.
Cada noticia revelaba un poco más de aquellos diez años que nunca había vivido.
Cada fotografía era un recordatorio de todo lo que había perdido.
Y, al mismo tiempo...
De todo lo que deseaba recuperar.
Poco a poco, el llanto cesó.
Elizabeth levantó la cabeza.
Sus ojos verdes aún estaban húmedos, pero la tristeza comenzaba a transformarse en otra cosa.
Una determinación intensa.
Obsesiva.
Enfermiza.
Una lenta sonrisa apareció en sus labios.
—¿Y qué... si ahora soy una mujer?
Su voz apenas fue un susurro.
No apartó la mirada de la fotografía donde Kael sonreía débilmente mientras Dael en sus piernas dormía apoyado sobre su pecho.
—Kael...
La sonrisa se volvió más profunda.
Había algo inquietante en ella.
—Sigues siendo mío.
Sus dedos apretaron el teléfono con fuerza.
—No importa que mi cuerpo haya cambiado.
Su respiración se volvió pausada.
—No importa si ya no me reconoces.
Sus ojos brillaban con una intensidad difícil de describir.
—Haré que vuelvas a mirarme.
La sonrisa desapareció por completo.
Fue sustituida por una expresión escalofríante.
—Y si tengo que obligarte a aceptarme...
Haré lo que sea necesario.
Elizabeth se negó a aceptar un futuro en el que Kael y Dael permanecieran lejos de ella.
Apoyó nuevamente la vista sobre la fotografía de su hijo.
Su expresión se suavizó.
—No permitiré...
Sus palabras estuvieron cargadas de una firmeza absoluta.
—...que mi hijo crezca un solo día más sin mí.
tampoco así, debe haber una forma de que le diga que es dante sin que no se vuelva loco