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UNA VUELTA PROHIBIDA

UNA VUELTA PROHIBIDA

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:559
Nilai: 5
nombre de autor: Daniela escalante Jiménez

En el mundo de la Fórmula 1 no existen los amigos, solo rivales. Gael Rainer es la promesa de Mercedes: frío, calculador, imparable. Mara Varela es el orgullo de Ferrari: brillante, valiente y dueña de cada secreto de su equipo.

Se encontraron en una noche donde no existían los colores ni las reglas. Una noche de pasión que lo cambió todo. Pero cuando amaneció y se reveló la verdad, comprendieron que su amor es una traición para todos: para sus equipos, para sus familias, para el mundo entero.

Entre la velocidad de la pista y el silencio de los escondites, deberán elegir: ¿obedecer las leyes que los separan o arriesgarlo todo por una vuelta que nunca debió existir?

NovelToon tiene autorización de Daniela escalante Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14 LEJOS DE CASA,CERCA DE MI

El sol se filtraba apenas entre las cortinas gruesas de la habitación cuando abrí los ojos, y la primera sensación que tuve fue una pesadez suave en la cabeza, el eco de la celebración de la noche anterior: el champán, las risas, la música que retumbaba en el pecho y esa euforia que no se apaga de golpe. Miré el reloj: eran las diez de la mañana. Me quedé unos minutos recostada, sin prisa, dejando que los recuerdos pasaran despacio: el abrazo de Carlos, la gratitud en la mirada de Charles, el saludo corto y reservado de Gael que me había dejado un nudo en el estómago.

Me levanté despacio, caminé descalza hasta el baño y abrí la llave de la ducha. El agua tibia cayó sobre mí, lavando el cansancio, el maquillaje, cualquier rastro de la noche anterior. Me quedé allí un buen rato, respirando profundo, sintiendo cómo el vapor me envolvía y me devolvía la claridad. Al salir, me vestí con ropa cómoda: pantalón de mezclilla holgado, una playera sencilla y una gorra que me cubriera el cabello revuelto. Mientras terminaba de empacar, tomé el teléfono y marqué a mi papá. Contestó al tercer tono, y su voz me dio de inmediato esa sensación de tierra firme.

—¿Hija? ¿Todo bien?

—Todo perfecto, pa —le dije, y mi voz sonó tranquila, segura—. Solo quería avisarte que ya me voy hacia China. La próxima carrera es allá y hay que llegar con tiempo para revisar todo.

—Qué orgullo me das, mija —respondió él, y sentí que se le quebraba un poco la voz—. Ya estás recorriendo el mundo, haciendo lo que te gusta. Cuídate mucho. Y recuerda lo que te enseñamos tu abuelo y yo: la cabeza siempre fría, el ojo puesto en la pista, y el corazón… el corazón úsalo con cuidado.

—Lo llevo grabado a fuego —le aseguré con una sonrisa—. Te llamo en cuanto me instale. Te quiero mucho.

—Y yo a ti. Buen viaje, mi vida.

Colgué, cerré la maleta y salí hacia el aeropuerto. Mientras esperaba el transporte, llamé a Mireya. Contestó de inmediato, con esa energía ruidosa y cálida que siempre la caracterizaba.

—¡Aquí está la ganadora! ¿Cómo te sientes?

Me reí, mirando hacia los lados para asegurarme de que nadie me escuchara.

—Oye, amiga… te quería contar algo. Hay un hombre entre nosotros, pero no es nada serio, nada definido. Solo… nos encontramos, nos gusta estar juntos, y es solo eso: sexo. Y me siento increíble así. Siento que puedo estar con quien quiera, disfrutar, sin ataduras, sin promesas que no sé si pueda cumplir por todo lo que viajo, todo lo que me muevo.

Mireya soltó una exclamación de aprobación tan fuerte que tuve que alejar un poco el teléfono.

—¡Eso es lo mejor que te podía pasar, Mara! O sea, te diviertes, te conoces a ti misma, no te atas a nadie que te haga sufrir o te reclame por no estar en casa. Está perfecto. Tú eres de aire, de movimiento, no puedes estar encerrada en un solo lugar. Disfrútalo al máximo.

—Eso pienso yo también —admití, sintiendo que me aliviaba decirlo en voz alta—. Me siento libre. Bueno, ya me tengo que ir. Te hablo en cuanto pueda.

—¡Claro! Cuídate mucho. Adiós.

Llegué al aeropuerto, fui directo a la ventanilla, saqué mi boleto con la tarjeta que me había dado Elena y me dirigí a la puerta de embarque. El vuelo desde Austria hasta Shanghai duró más de diez horas. Cruzamos cielos de un azul profundo, nubes que parecían montañas de algodón, y luego oscuridad que se apoderó de las ventanas. Pasé gran parte del tiempo mirando hacia afuera, pensando en lo extraño que era mi vida ahora: hace apenas unos meses yo solo cambiaba llantas, y ahora viajaba por el mundo como estratega oficial  y mecánica de una escudería de Fórmula 1. A veces parecía un sueño.

Al aterrizar, el aire me golpeó distinto: más cálido, húmedo, con olores a comida especiada, a flores desconocidas y a esa energía vibrante de una ciudad que nunca duerme. Me instalé en el hotel más cercano al circuito, un edificio moderno de vidrio y acero, con amplios ventanales que daban a la ciudad iluminada. Dejé mis cosas, me miré al espejo y decidí salir: quería caminar, ver, sentir que estaba en un lugar nuevo sin las prisas del trabajo.

Ya era noche cerrada, y Shanghai brillaba como si alguien hubiera volcado un cielo lleno de estrellas sobre la tierra. Rascacielos de todos los tamaños con luces de neón de todos los colores, puentes que cruzaban el río Huangpu iluminados en tonos dorados y azules, calles llenas de gente que caminaba, reía, comía. Caminé despacio, como una turista más, deteniéndome en cada esquina para mirar. Me detuve en un pequeño puesto artesanal y compré unos llaveros: uno con la forma del circuito, otro con un dragón dorado, otro con flores de cerezo. Tomé fotos de los reflejos en el río, de los letreros luminosos, de mí misma con la ciudad de fondo, y las subí a mi Instagram con una frase sencilla:  Ya estoy lista.

Regresé al hotel cuando el cansancio pesó más que la curiosidad, me metí en la cama y dormí profundamente, sin sueños, hasta que desperté a la una de la tarde según el horario local. El teléfono sonó pocos minutos después. Miré la pantalla y me quedé congelada un instante: Jovany.

Contesté con una sonrisa que me salió sola.

—¡Hola! Hace muchísimo tiempo que no sabía de ti. ¿Qué te trae por aquí?

Se escuchó su risa, esa risa que recordaba de cuando éramos niños y aprendíamos juntos con nuestros abuelos y papás en el taller.

—Nada, solo quería decirte dos palabras: Fórmula 1.

Me reí, sentándome en el borde de la cama.

—¿Cómo que Fórmula 1? ¿Tú también estás trabajando aquí?

—¡Así es! —exclamó, y se notaba la emoción desbordada en su voz—. Me aceptaron. Soy el nuevo presentador de noticias oficiales de la F1. ¡Por fin! Después de tantos años practicando, de tantos intentos, de acompañar a mi papá a todos lados… ya está. Él va a llorar de la emoción cuando se entere.

—¡Qué noticia tan maravillosa, Jovany! —grité de alegría—. Me alegro con toda el alma. Te lo mereces más que nadie.

—Gracias, Mara. Y bueno… por los trámites y todo eso, creo que no nos veremos hasta el Gran Premio de Japón. Pero ahí nos encontraremos sí o sí. Oye, y hablando de cosas serias… tú ya tienes veintiuno, ¿verdad? Ya no te falta nada para sentar cabeza.

Me reí, sacudiendo la cabeza.

—Aguas, no te adelantes —le dije con tono juguetón—. Soy joven todavía. Y además, mi vida ahora es ir de un lado a otro. No hay prisa por nada.

—Ya te veré —dijo él riendo—. Nos vemos pronto. Cuídate mucho.

Colgué la llamada, me cambié con ropa fresca y salí de nuevo a perderme por la ciudad. Fui al Jardín Yu, con sus puentes curvos sobre estanques llenos de peces dorados, sus pabellones antiguos y sus senderos de piedra que parecían llevar a otro siglo; caminé por el Bund, mirando asombrada la silueta de rascacielos futuristas al otro lado del río; y recorrí parte de la calle Nanjing, llena de tiendas, música y gente que sonreía al pasar. En un momento, unos fotógrafos que cubrían la zona me vieron, me saludaron amablemente y me pidieron si podían tomarme unas fotos.

—Eres muy bonita —me dijeron con respeto.

Yo les sonreí y les respondí en chino, tal como mi papá me había hecho aprender desde niña: un saludo respetuoso, una palabra de agradecimiento, una pequeña frase que hizo que abrieran los ojos sorprendidos y me desearan una buena estancia.

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Ana Gonzalez
más capitulos excelente novela ❤️
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