Carolina Ferreira creía haber encontrado el amor de su vida. Se casó llena de sueños e hizo todo lo posible para que el matrimonio funcionara. Pero, con el tiempo, empieza a sentir que algo no encaja. La distancia de Henrique Rodrigues no proviene solo de palabras duras, sino también del silencio, la frialdad y las ausencias nocturnas que hieren más que las peleas.
Henrique carga con un pasado que Carolina no conoce del todo y unas decisiones que nunca fueron realmente suyas. Mientras ella insiste en amar, él se cierra. Pero ningún corazón aguanta amar solo para siempre. Y cuando el sentimiento empieza a enfriarse, las consecuencias pueden ser irreversibles, y Henrique descubrirá que no se debe pisotear un corazón apasionado. Pero ¿será demasiado tarde?
NovelToon tiene autorización de Dayane Castro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 3
Carolina,
Entramos, y Bia ya pide dos bebidas para el bartender. Gin, energizante y una piedra enorme de hielo dentro del vaso grande. Pagamos la bebida, y seguimos a la pista de baile.
— Olvida que estás casada, solo disfruta el sonido. No necesitas dar ideas a nadie, solo necesitas disfrutar. — Estoy de acuerdo con ella, y juntas comenzamos a bailar.
La música cambia, y el alcohol comienza a pegar de verdad. Entonces, comienzo a soltarme más, bailando libremente, como si realmente no tuviera a Henrique en mi vida. Pero, cuando voy a vaciar el vaso en mi boca una vez más, siento una mano grande que me tira fuera de la pista.
— ¿Qué m#erda estás haciendo aquí?
— ¿Henrique? Yo... yo...
— Tú como una mujer casada, deberías estar en casa.
— Y tú también. Tú deberías estar en casa con tu esposa, t#ansando con ella, y no dejándola sola. Quien no da asistencia, abre competencia, Henrique.
— Ah, no es la santita que mi madre pensaba que eras. Tú hiciste que me obligara a casarme contigo, ¿ahora estás aquí vestida de esa manera, y aún hablando sobre competencia?
— Vete al infierno, desgraciado, yo no obligué a nadie a nada. — Lo empujo con fuerza, haciéndolo ir hacia atrás. — ¿Quieres saber?, estoy cansada de esto, quiero el divorcio.
Henrique comienza a reír a carcajadas, me toma del brazo y comienza a sacarme del salón. Intento tirar de mi mano de vuelta, pero él la sujeta de una forma que no tengo fuerzas para soltarme. Así que llegamos al coche de él, Bia aparece, intentando ser mi abogada.
— Suéltala, Henrique, si no la quieres, hay quien la quiera.
— ¡Ocúpate de tu vida! — Él le grita, y prácticamente me tira dentro del coche. Él cierra la puerta y da la vuelta, para ir al asiento del conductor. Miro a Bia, y ella sonríe, guiñando el ojo. — Vas a quedarte en casa, y hacer lo que siempre has hecho, tu papel de esposa.
— No voy a hacerlo. No voy a ser más tu esposa, es más, nunca lo fui, ¿por qué me estás cobrando eso ahora? — Él se queda callado, y eso me irrita. — Detén el coche, quiero bajarme. — Él ignora mi pedido, y acelera más el coche.
En pocos minutos, llegamos a casa y yo bajo primero. Lo miro a él que aún está sujetando el volante con fuerza, llega hasta para ver sus dedos poniéndose blancos.
— Aún usas una ropa de esas, ¿realmente estás tan loca por c#ger que ibas a hacerlo con cualquiera?
— Sí, iba a hacerlo, ¿piensas que solo los hombres tienen necesidades? Yo me guardé para ti hasta ahora, pero aunque no sea hoy, voy a perder mi virginidad con un desconocido. — Él da un golpe en el volante y abre la puerta. Yo entro corriendo para dentro de casa y sigo a mi cuarto, ya cerrando la puerta con llave.
Espero que venga detrás, pero no viene, ni siquiera oigo los pasos de él en el pasillo. Voy hasta el balcón, y lo veo volviendo para dentro del coche y saliendo. Imbécil, estúpido, solo tú puedes salir, ¿no es así? Vamos a ver mañana, lo que vas a hacer cuando yo salga.
Voy para el baño, me quito la ropa, y me pongo mi pijama. Esta es la última vez que uso esto, pues a partir de mañana, voy a usar solo camisón. Si él mandó que me comporte como una esposa, así lo haré.
(...)
Por la mañana, me levanto temprano, y voy directo a hacer mi higiene. Cuando abro mi armario, reparo mejor en lo que Bia quiso decir. Solo tengo ropas que son muy recatadas, y eso realmente me envejece más.
Saco todo, coloco sobre la cama, y miro la que puedo usar ahora para hacer las compras. Salgo de casa justo en el momento en que él está llegando, y para mejorar la situación, aparenta estar borracho.
— ¡No me fastidies! — Él habla bajando del coche y cerrando la puerta.
Entro en mi tragándome sapos, pues voy a controlarme y no voy a cobrarle más nada, así, él no va a poder cobrarme nada a mí. Me cansé, estoy ya en mi límite de todo, y si él quiere un matrimonio solo por apariencia, así será.
Enciendo el coche y él se queda mirando, miro por el retrovisor cuando salgo del portón, y él aún está allí parado como un poste. Sigo hasta una tienda muy conocida en Morumbi, hago una compra enorme, cambiando totalmente mi estilo, para como yo era antes de conocer a Henrique. Cuando estoy en la caja para pagar, oigo a dos mujeres detrás de mí conversando.
— Tú sacaste fue la suerte grande, mejor que ganar en la lotería, pues ese dinero nunca va a acabar.
— Qué hacer, él me ama y está loco por mí. Pena que la madre de él lo obligó a casarse con aquella sosa, pues yo debería ser la dueña de todo el dinero de Henrique. — Al oír el nombre de él, miro hacia atrás, y me deparo con la rubia de la foto. Miro hacia adelante nuevamente, es como si mi mundo entero se cayera.
Él está bancando ella, dando todo lo que ella quiere, solo para tener el placer de tenerla a su lado, incluso siendo amante. Cierro mis ojos y aguanto el llanto, pues aunque eso me duela, no puedo dejar que aparezca.
Paso la tarjeta que él me dio en nuestro noviazgo por primera vez, tomo mis compras y las llevo para el coche. Y aquí dentro, sin que nadie me vea, me permito llorar, dejar todo el dolor que estoy sintiendo, salir por mis ojos.
Yo solo no entiendo el por qué él aceptó casarse conmigo, siendo que ama a otra mujer. Incluso con la madre de él obligándolo, él ya es mayor de edad, y podría decir no. Haberla visto en la foto me dolió, pero haber visto y oído todo lo que ella habló, me dolió aún más. Seco mi rostro, enciendo el coche y sigo de vuelta para casa.