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Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Layla, La Pincesa Guerrera De Al-Jazair

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Romance paranormal / Época / Aventura
Popularitas:481
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En los años de mayor esplendor de Al-Jazair, cuando la paz reinaba absoluta tras la gran victoria de Karim y Amara, el palacio real brillaba con una luz que parecía no pertenecer a este mundo. Los jardines eran eternamente verdes y floridos, las fuentes cantaban día y noche, y la gente vivía segura y feliz bajo el gobierno sabio y justo del Rey Zayn y la Reina Elena. Todos conocían y amaban la historia de su hijo mayor, Karim, el príncipe que había salido en busca de su destino, había vencido a la oscuridad y había traído la luz definitiva. Su nombre se contaba en canciones, en libros y en historias que las madres contaban a sus hijos antes de dormir.
Pero había otra historia, la de alguien que vivía en la misma sombra de esa gloria, alguien que tenía la misma sangre, la misma magia, pero un espíritu completamente distinto y salvaje. Era Layla, la hija pequeña de Zayn y Elena, nacida años después que su hermano.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HEREDERO PERDIDO REGRESA.

—«El heredero perdido regresará, marcado por la luz y el olvido» —leyó Caelen en voz alta, mientras las palabras se hacían claras en su mente—. «Encontrará su camino guiado por la fuerza de Al-Jazair. Se unirá a la sangre de Zoraya a través del vínculo de hermanos. Y juntos, los cuatro, borrarán la oscuridad que amenaza con devorarlo todo. Malakor creyó destruirnos, pero solo sembró lo que hoy florece con más fuerza. La Casa de Velarion no ha muerto… solo ha estado durmiendo, esperando el momento exacto para renacer con más poder que nunca».

Layla escuchaba todo con el corazón desbocado, entendiendo ahora que todo lo que habían vivido, todo lo que habían sufrido y encontrado, estaba escrito desde el principio de los tiempos. Nada era casualidad. Su encuentro, su amor, su viaje, incluso su relación con su hermano Karim y su cuñada Amara… todo formaba parte de un plan mayor, diseñado por la magia antigua para salvar el mundo de la amenaza de Malakor.

—Eres mucho más grande de lo que imaginabas, mi amor —le dijo ella, acercándose a él y abrazándolo con fuerza, llena de orgullo y emoción—. No solo eres un príncipe… eres la clave de todo. Eres el centro de esta profecía que mantiene el equilibrio de todo lo que existe.

Caelen la estrechó entre sus brazos, apoyando su barbilla sobre su cabeza, mirando aquel mural con una nueva comprensión y una determinación absoluta.

—Y tú eres la llave que me abrió todas las puertas —respondió él con voz profunda—. Sin ti, esto seguiría oculto. Sin ti, yo seguiría siendo nadie. Pero ahora… ahora lo sé todo. Y ahora sé también que mi poder no es solo mío… es nuestro. Porque tú eres parte de esta historia tanto como yo.

Lord Theron, que había permanecido en silencio y con gran respeto durante todo aquel descubrimiento, se acercó un paso, con una sonrisa de satisfacción en su rostro anciano.

—Alteza —dijo con solemnidad—. El castillo os ha aceptado. La magia ha despertado por completo. Pero hay algo más que debéis ver. Hay cámaras secretas en las profundidades de este lugar, donde se guardan los conocimientos, las armas y la esencia misma de la Luz Eterna. Solo el rey o la reina pueden entrar. Pero creo… —miró a ambos con complicidad—… que hoy, esta noche, es el momento de que vosotros dos toméis posesión definitiva de todo lo que os pertenece.

Theron se despidió para ir a inspeccionar los alrededores y asegurar que estuvieran a salvo, dejándolos solos en la inmensidad del gran salón. Al quedarse solos, el silencio se llenó inmediatamente con la energía vibrante que siempre existía entre ellos. Caelen se giró hacia ella, y en sus ojos zafiros ya no solo había amor y gratitud… había también ese deseo ardiente, esa necesidad incontrolable de tenerla, de poseerla, de marcarla como suya que siempre lo consumía cuando estaban cerca.

Se acercó despacio, con ese paso elegante y felino que tenía ahora, propio de su realeza, y levantó una mano para acariciar su mejilla, bajando lentamente hacia su cuello, su hombro, enviando escalofríos de placer por todo el cuerpo de Layla.

—Estamos en mi casa, mi princesa —susurró él con voz ronca y profunda, una voz que resonaba en el cuerpo de ella como música—. Estamos en el lugar más sagrado para mí, el lugar que me vio nacer y que ahora me ve regresar como hombre, como príncipe y como tu amante. Y quiero que el primer recuerdo que este castillo tenga de nosotros, sea el recuerdo de nuestro amor. Quiero que cada pared, cada piedra, cada rincón de este lugar sepa que tú eres mi reina.

Layla sintió cómo el calor se apoderaba de ella, cómo su piel se volvía sensible y ardiente solo con su cercanía, solo con escuchar sus palabras. Lo deseaba con una fuerza que a veces le asustaba, pero que también la hacía sentir viva, completa y poderosa.

—Entonces hazlo, mi príncipe —le respondió ella con una sonrisa llena de reto y pasión, acercándose más a él, rozando su cuerpo con el suyo, sintiendo la dureza y el calor que emanaba—. Toma lo que es tuyo. Hazme tuya aquí, donde tus antepasados te están mirando. Demuéstrales que has vuelto, y que has vuelto con la mujer que amas.

No hizo falta más. Caelen la tomó entre sus brazos con una urgencia y una fuerza que la hicieron soltar un gemido ahogado, fundiendo sus labios con los de ella en un beso profundo, hambriento y feroz. Fue un beso que lo decía todo: el reencuentro con su pasado, la certeza de su futuro, el amor inmenso que sentía y la pasión que siempre los consumía. Sus lenguas se encontraron y lucharon con ansia, devorándose el aliento, reconociéndose como siempre, pero ahora con una intensidad mil veces mayor.

La levantó en brazos con facilidad absoluta, demostrando su fuerza real, y comenzó a caminar hacia las escalinatas que llevaban a las habitaciones privadas de la familia real, mientras sus manos ágiles y ansiosas ya empezaban a desabrochar las prendas de ella, queriendo sentir su piel cuanto antes.

Al llegar a la habitación principal, más grande, más hermosa y más mágica que todo lo que habían visto hasta ahora, la depositó suavemente sobre la gran cama real, cubierta de sedas blancas y doradas. Se quedó un momento de pie, mirándola, mientras se deshacía de su propia ropa, dejando al descubierto su cuerpo perfecto, fuerte, lleno de cicatrices y de las marcas brillantes de Velarion que ahora irradiaban luz propia, iluminando toda la estancia con tonos azules y dorados.

—Eres la visión más hermosa que jamás ha existido —le dijo él con voz llena de admiración, mientras se acercaba despacio a la cama, subiendo a ella y cubriendo su cuerpo con el suyo, piel con piel, fundiendo sus calores en uno solo—. Eres mi vida, Layla. Mi todo.

Sus manos grandes, cálidas y expertas recorrieron cada centímetro de su cuerpo desnudo, memorizando cada curva, cada forma, cada reacción suya. Conocía cada parte de ella, sabía exactamente dónde tocar, dónde acariciar, dónde presionar para hacerla perder la razón y el equilibrio. Le besó los labios, el cuello, bajó hacia su pecho, tomando en su boca sus pechos firmes y redondos, haciéndola arquear la espalda y gemir alto de placer.

—Me encanta cómo reacciona tu cuerpo ante mí… —murmuró él contra su piel, bajando más y más, recorriendo su cintura, su ombligo, sus caderas, llegando hasta el centro más íntimo de ella, donde ya estaba húmeda, abierta y pidiéndolo a gritos—. Me encanta saber que solo yo puedo hacerte sentir esto. Solo yo puedo llevarte al cielo y al infierno con mis manos, con mi boca, con mi cuerpo.

Y allí, en su habitación, en su hogar, Caelen la amó con una intensidad y una magia nunca antes vistas. Con su boca la llevó al límite una y otra vez, arrancándole gritos de placer que resonaban en las paredes de cristal, mezclando su propia magia con la de ella, haciendo que la luz brillara con tanta fuerza que parecía que el sol había entrado en la habitación.

Cuando finalmente se colocó entre sus piernas abiertas, mirándola con esos ojos zafiros llenos de amor y deseo, se detuvo un instante, disfrutando de esa tensión perfecta, de ese momento en que sabía que estaba a punto de unir sus vidas y sus almas una vez más.

—Te amo, Layla —le dijo con sinceridad absoluta, antes de empujar despacio, profundo, llenándola por completo, haciéndola suya de la forma más pura y real que existía—. Te amo como príncipe, como hombre, como mago y como todo lo que soy. Y te amaré por siempre.

Comenzó a moverse dentro de ella, con un ritmo que era una mezcla perfecta de fuerza y ternura, de posesión y adoración. Cada movimiento, cada embestida, cada roce, estaba cargado de significado: su regreso, su identidad recuperada, su amor eterno, su destino cumplido. La luz dorada y azul salía de sus cuerpos, envolviéndolos, protegiéndolos, sellando su unión ante la historia y ante sus antepasados.

La tomó de mil formas, demostrándole su destreza, su poder y su amor. La hizo sentir cosas que nunca antes había imaginado, mezclando el placer físico con la magia más profunda, haciendo que cada vez que se tocaban, se sentían más unidos, más completos, más uno solo. Le habló de Karim y Amara, de su futuro encuentro, de las tierras que gobernarían juntos, de la luz que traerían de nuevo al mundo, mientras la llenaba una y otra vez, haciéndola suya una y otra vez.

—Seremos grandes, tú y yo —le decía él entre besos y gemidos, acercándola al borde del clímax—. Juntos con tu hermano y tu cuñada, seremos la fuerza que nadie podrá vencer. Pero ahora… ahora solo somos nosotros. Y esto… esto es nuestro.

Cuando llegaron juntos al clímax, fue una explosión de sensaciones, de luz y de magia tan poderosa que hizo vibrar todo el castillo, como si la propia construcción celebrara aquel momento de amor y triunfo. Se quedaron abrazados, temblando, sudorosos y felices, con las piernas entrelazadas, recuperando el aliento, mirándose a los ojos con una complicidad que iba mucho más allá de las palabras.

Caelen se recostó a su lado, arrastrándola para que reposara su cabeza sobre su pecho marcado de luz, y acarició su cabello con suavidad, mirando hacia el techo con una sonrisa llena de paz y determinación.

—Mañana, mi amor —dijo él en voz baja, llena de promesas—, entraremos en las cámaras secretas. Recuperaré todo mi poder, todo mi conocimiento, todo lo que me pertenece. Y entonces… entonces estaremos listos. Listos para lo que venga. Listos para enfrentarnos a Malakor. Listos para escribir nuestra leyenda completa.

Layla sonrió, cerrando los ojos, sintiéndose en paz, feliz y poderosa. Tenía claro quién era ella, quién era él, quiénes eran su hermano Karim y su cuñada Amara, y cuál era su misión en el mundo. Todo encajaba a la perfección. Y junto al Príncipe de Velarion, su amor, su igual y su rey, estaba lista para todo.

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