Beatriz reencarna en la villana de su novela favorita. La cual tiene un destino de muerte.
Beatriz, ahora Vania Lankaster, decide escapar a otra región para no morir.
¿Podrá Vania escapar de su destino?
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Capítulo 6: Zaláz
Ya en el barco me ofrecieron una habitación. Allí me cambié por un vestido sencillo. Si quería hacerme pasar por plebeya, tendría que vestirme como ellos. La foto que había tomado de Clara la puse en el bolsillo del vestido para no perderla. Luego me acosté a dormir. Mañana estaría llegando a Fúaz. Es un lugar donde hay abundante cosecha y nadie iría a buscarme allá, porque también hay muchos monstruos.
Todo estaba en calma. En medio de la noche, unos gritos me despertaron asustada.
—¡Amarren fuerte la vela! —dijo un hombre.
—¡Se va a caer el mástil! —exclamó otro.
El barco se mecía de un lado a otro de manera brusca. Un rayo cayó sobre el barco y un fuerte estruendo retumbó después.
Salí de la habitación y me encontré con un caos afuera. Una tormenta gigante azotaba el mar, y el mástil acababa de caerse, rompiendo también los demás.
—¡Señorita, vuelva adentro! —me pidió el anciano.
—Pero necesitan ayuda.
—No necesitamos ayuda de una mujer —dijo uno de los hombres.
—Ay no... —dije, mirando detrás del anciano.
Él miró en la misma dirección que yo y abrió los ojos de par en par.
—¡¡Todos adentro!! —gritó.
Se avecinaba una ola gigante, tan alta que parecía querer tragarse el cielo.
—Oh, por Dios... —dije.
Todos corrieron adentro para resguardarse. Yo iba a entrar, pero un viento recio me sacudió el vestido y la foto salió volando. Cayó cerca de la barandilla del barco.
—Necesito tomar la foto —murmuré, y traté de llegar hasta ella, pero el movimiento del barco no me lo permitía.
—¡¡Niña, no seas estúpida y entra ya!! —me gritó el anciano.
Yo no le hice caso y seguí intentando. Después de varios esfuerzos, logré alcanzarla, pero la ola me golpeó y me lanzó por la borda. En ese instante, el anciano cerró la puerta para que el agua no llegara a los demás.
—Pobre chica... —dijo con tristeza.
El agua y su corriente me hicieron dar vueltas sin control. Cada tanto lograba salir a la superficie para tomar aire. Aún sostenía la foto en mi mano derecha.
Otra ola me golpeó con fuerza y me hundió hasta el fondo, chocando contra un arrecife. Uno de mis pies quedó atrapado en un coral gigante. Traté de sacarlo, pero era imposible.
Puse la foto en mi boca para sujetarla y, con las dos manos, comencé a tirar del pie, pero no salía.
Ya casi no tenía aire. Lo intenté de nuevo, y otra vez, hasta que finalmente lo liberé. Tomé la foto nuevamente con la mano y empecé a nadar hacia arriba. La corriente me golpeó una vez más, y esta vez ya no me quedaban fuerzas ni aire.
Mis ojos se cerraron lentamente.
¿Moriré de nuevo? —me pregunté.
.......
Sentí que flotaba en la oscuridad y pensé: Así que esto es morir. La otra vez no tuve la oportunidad de sentirme así porque reencarné rápidamente.
—Beatriz...
Escuché una voz femenina que me llamaba.
—¿Hola? ¿Quién está ahí?
No podía ver quién era porque mis ojos no se abrían.
—Beatriz, aún no puedes morir.
—¿Quién me habla?
—Tienes un futuro bello por delante. Solo tienes que ser fuerte y luchar por las personas que amas. Todo lo demás no importará.
—¿Por qué me dices eso? ¿Quién eres?
—Lo sabrás más adelante. Ahora... despierta.
Nada más darme la orden de despertar, mis ojos se abrieron y la luz del sol me quemó la vista. El agua que tenía en los pulmones salió después de toser tanto, y por fin pude respirar. Creo que soñé con algo, pero no recordaba qué era.
—¿Dónde estaré metida?
Miré a todos lados y vi que estaba en una playa de arena blanca, bañada por la luz del amanecer. En mi mano aún sostenía la foto de Clara.
—Uff, menos mal que no la perdí.
—¡Oh, por Dios! —gritó una mujer detrás de mí.
Me giré y vi a una anciana de cabellos blancos y baja estatura, vestida con ropas humildes pero limpias.
—¿Estás bien, niña? —se acercó preocupada.
—Sí, eso creo. Venía en un barco, pero por la tormenta caí al agua.
—¡Oh, qué mal! Pobrecita...
—¿Me puede decir dónde me encuentro?
—Estás en Zaláz.
—¿De verdad?
No lo podía creer. Estaba en Zaláz, el lugar donde vivió Clara.
—Bueno, estás en un pequeño pueblo de la región. ¿Cómo te llamas?
—Vania Lan... Vania, me llamo Vania.
No quería que nadie supiera mis orígenes.
—Encantada, niña. Mi nombre es Esther —me sonrió con calidez—. ¿Y qué hacías en el mar, Vania?
—Pues... emprendí un viaje para explorar otras regiones y tal vez quedarme en alguna.
—¡Oh, qué bien! Entonces quédate aquí en Zaláz. Es un lugar muy próspero y seguro gracias a nuestro príncipe.
—¿Príncipe?
—Bueno, antes era el príncipe, ahora es el Archiduque. Ven conmigo. Te quedarás un tiempo en mi casa hasta que puedas valerte por ti misma.
—Muchas gracias. Le prometo que trabajaré duro.
La anciana sonrió satisfecha y me tomó de la mano para que la acompañara. A lo lejos, el sol comenzaba a iluminar los tejados del pueblo, y una brisa suave traía el aroma a tierra húmeda y flores silvestres. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que tal vez este lugar podría ser mi nuevo hogar.
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