Es una historia sobre el poder más supremo del universo: la capacidad de ELEGIR tu propio destino, incluso cuando te enfrentas a ciclos kármicos milenarios.
NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 8: LA.OFENSIVA DE MARCUS
Marcus reaparece sin aviso, como un fantasma que se rehúsa a morir.
Aria estaba saliendo de su edificio, sosteniendo dos tazas de café—una para ella, una que había comprado instintivamente para Ethan—cuando vio el coche. No era un coche que ella no reconociera. Era el coche de Marcus. El mismo coche plateado en el que se habían ido a viajes que ella creía que eran románticos pero que ahora reconocía como ejercicios de control. Él dictaba a dónde iban. Él dictaba cuándo regresaban.
Pero lo que fue más inquietante fue verlo de pie al lado del coche.
Aria sintió su cuerpo entrar en alerta máxima. Su sistema nervioso, que había sido entrenado durante seis vidas para reaccionar a la presencia de Marcus como una amenaza, activó todos sus mecanismos de defensa de una vez. Su corazón aceleró. Su visión se estrechó. Sintió el clásico impulso de pelear o huir.
Pero esta vez, ella eligió una tercera opción: estar firme.
"¿Qué estás haciendo aquí?" preguntó, su voz fría como diamante. No había sorpresa fingida. No había confusión simulada. Solo declaración fría de hecho.
Marcus se veía como un fantasma. Y no de la manera romántica. Se veía como alguien que había estado muriendo lentamente durante meses. Había bajado de peso considerablemente. Sus mejillas estaban hundidas. Sus ojos tenían ojeras profundas que sugería que no había dormido adecuadamente en semanas. Su ropa colgaba de su cuerpo como si le perteneciera a alguien más.
"Necesitaba verte," dijo Marcus, su voz rasposa. "He estado... no puedo... Aria, necesito que entiendas algo."
"No," respondió Aria, intentando pasar por su lado. Ella tenía un café que se estaba enfriando. Tenía un día de trabajo. Tenía una vida que no incluía resolver los problemas emocionales de este hombre.
Marcus la sostuvo del brazo. No violentamente. Sus dedos no presionaban. Pero la presencia de su mano, incluso tan suavemente, provocó una reacción en Aria que la sorprendió. No fue miedo. Fue furia. Furia de que ella estuviera nuevamente en una posición donde un hombre creía tener derecho a sostenerla contra su voluntad.
"No me toques," dijo ella, liberando su brazo con un movimiento rápido. "Nunca, jamás, vuelvas a tocarme de nuevo."
"Solo escúchame," imploró Marcus. "Por favor. Solo cinco minutos. Necesitaba decirte algo. Necesitaba que supieras..."
"¿Qué?" interrumpió Aria. "¿Necesitabas que supiera qué, Marcus? ¿Que me amas? Ya me lo dijiste. ¿Que estabas confundido? Lo descubrí yo misma. ¿Que Victoria no significó nada? No me importa. Mi punto es que no me debes nada. Yo no te debo nada. Especialmente no cinco minutos de mi tiempo."
"Estoy sufriendo," dijo Marcus, y sus ojos se llenaron de lágrimas. "Sin ti, estoy sufriendo. Cada segundo de cada día es como estar muriendo lentamente. Aria, por favor, simplemente deja que te explique—"
Aria sintió un destello de compasión. Era pequeño, pero estaba allí. Era el residuo de seis vidas de estar condicionada a creer que el sufrimiento de Marcus era su responsabilidad. Que si él sufría, era porque ella había hecho algo mal. Que si ella lo amaba lo suficientemente bien, lo suficientemente fuerte, lo suficientemente sacrificadamente, entonces quizá él sería feliz.
Luego lo sofocó rápidamente.
"Ese no es mi problema," dijo ella, usando las mismas palabras que había usado semanas antes en la llamada telefónica. Parecían tener un poder particular cuando se pronunciaban en voz alta. "Tu bienestar emocional no es mi responsabilidad. Tu sufrimiento no es mi culpa. Y no voy a pasar el resto de mi vida intentando arreglarte."
"Te amo," dijo Marcus, su voz quebrándose de una manera que habría sido convincente hace meses. Ahora solo sonaba manipulador. "Siempre te he amado. Cometí errores, pero—"
"No," interrumpió Aria de nuevo, levantando la mano. "No termines esa frase. No voy a escuchar cómo tu amor me justifica lo que hiciste. Si me amabas, no me habrías traicionado. Si me amabas, no habrías estado con Victoria. Si me amabas, no me habrías dicho que eras plana y aburrida. Si me amabas, no me habrías traído a un restaurante público para humiliarme. Si me amabas, no habrías intentado controlar cada aspecto de mi vida. Así que por favor, Marcus, no me digas que me amas como si fuera una excusa. Porque no lo es."
Marcus intentó hablar nuevamente, sus labios se movían formando palabras, pero Aria vio a Ethan aparecer entonces. Simplemente... estaba allí. En la entrada del edificio, a unos metros de distancia. Estaba leyendo un periódico, pero su presencia—su completa y simple presencia—fue suficiente.
No tuvo que intervenir. No tuvo que decir nada. Su mera existencia en ese momento fue suficiente para que Marcus se diera cuenta de que Aria no estaba sola.
"¿Quién es ese?" preguntó Marcus, su voz cambiando. Ahora no era suplicante. Era posesivo. Era el tono de alguien quien creía que tenía derecho de saber.
"Alguien que me trata mejor que tú jamás podrías," respondió Aria simplemente.
Marcus se vio desmenuzarse en tiempo real.
"No puedo vivir sin ti," susurró.
"Entonces aprenderás," respondió Aria, y se fue. Caminó hacia Ethan. Pasó por su lado. Continuó caminando hacia su oficina.
Pero las cosas escalaron después de eso. Mucho más de lo que Aria hubiera imaginado.
Al siguiente día, encontró una nota deslizada bajo su puerta. Letra de Marcus, pero diferente. Más errática. Como si hubiera sido escrita bajo el efecto de sustancias.
"Aria, necesito verte. Necesito que entiendas que esto no termina así. Nosotros no terminamos así. He esperado demasiado, he sacrificado demasiado. Victoria era un error. Toda mi vida fue un error excepto por ti. Por favor, por favor, deme una oportunidad. Una última oportunidad."
Aria quemó la nota sin responder.
Dos días después, había flores en su buzón. Sus flores favoritas. Rosas rojas, de la variedad cara que ella amaba cuando estaban juntos.
Las tiró sin abrirlas.
Luego vinieron las llamadas. Docenas. Desde números diferentes. Aria comenzó a bloquearlos. Pero había demasiados. Marcus era inventivo. Encontraba nuevas formas de contactarla. A través de amigos. A través de colegas. Una vez, intentó contactarla a través del número de teléfono de emergencia de su trabajo, diciendo que era un "amigo cercano con noticias importantes."
Aria tuvo que tener una conversación incómoda con su supervisor sobre acoso.
Una noche, mientras Aria y Ethan estaban en el balcón, Marcus simplemente gritó su nombre desde la calle.
"¡ARIA!" Su voz fue desgarradora, primitiva. "¡ARIA, POR FAVOR! ¡SOLO DÉJAME HABLAR CONTIGO!"
Aria sintió a Ethan tensarse a su lado. Sintió su mano en su espalda, solidaria pero no controladora.
"¿Quieres que baje?" preguntó Ethan suavemente. "¿Quieres que le diga que se vaya?"
"No," respondió Aria, aunque su corazón estaba acelerado. "Quiero terminar esto de una vez. Quiero verlo una última vez. Quiero mirarlo a los ojos y decirle, finalmente, que se acabó. Y quiero que sea un adiós real. No otro ciclo. No otra ronda de su manipulación. Un adiós final."
"¿Estás segura?" preguntó Ethan.
"No," admitió Aria. "Pero creo que lo necesito."
Al día siguiente, Aria envió un mensaje a través de un amigo común: "Estoy dispuesta a verte una vez. Un café público. Ethan estará allí. Si intentas algo, termino esto completamente. ¿Entiendes?"
Marcus respondió inmediatamente: "Entiendo. Gracias. Gracias por esto. Estoy dispuesto a hacer lo que sea."
Aria eligió un café que estaba siempre lleno. Luz natural. Gente alrededor. Ethan se sentaría tres mesas atrás, leyendo un periódico, pero completamente atento. Era un plan que la hacía sentir segura.
Lo que no anticipó fue exactamente cómo se sentiría al verlo en persona nuevamente.