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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17: Líneas de espionaje

El sabor del néctar de Alana seguía impregnado en los labios de Ethan a la mañana siguiente, pero la burbuja de esa tarde clandestina en el escritorio no tardó en estallar. El martes trajo consigo una cruda realidad: Julián Torres no era un hombre que aceptara un "no" por respuesta, y mucho menos de una secretaria, por más deslumbrante que fuera.

A primera hora, un enorme arreglo de orquídeas blancas llegó al piso cuarenta, destinado al cubículo de Alana. No traía el nombre del remitente en el sobre exterior, pero la tarjeta interior tenía la caligrafía elegante y pretenciosa del joven inversor: «Para que dejes de mirar las grises pantallas de Blackwood y recuerdes que el viernes te espera una vida de verdad. J.T.».

Alana miró las flores con una mezcla de fastidio e incomodidad. Intentó meter el arreglo debajo de su escritorio para que no llamara la atención, pero fue inútil. Desde su despacho, a través del cristal limpio, Ethan ya lo había visto.

La mandíbula del CEO se tensó tanto que dolió. La furia y los celos que había logrado contener el día anterior regresaron con una fuerza redoblada. Quería salir, tomar ese estúpido jarrón y arrojarlo por el conducto de la basura, pero respiró hondo, recordando las piernas abiertas de Alana sobre su mesa y el pacto que lo encadenaba. Se obligó a quedarse sentado. No iba a perder su derecho a reclamarla por un maldito ramo de flores.

Sin embargo, el verdadero peligro no venía en forma de orquídeas.

Al mediodía, mientras Alana estaba en la cafetería del primer piso buscando el almuerzo, Julián Torres se presentó de imprevisto en la empresa, evadiendo los controles de seguridad del vestíbulo principal gracias a su credencial de inversor preferencial. Encontró a Alana sola en una de las mesas del rincón y, sin pedir permiso, se deslizó en el asiento frente a ella.

—Hola, preciosa. Veo que no me llamaste por lo de las flores —dijo Julián, apoyando los codos en la mesa, su mirada recorriendo el cuello de Alana con un descaro que la hizo enderezarse de inmediato.

—Señor Torres, agradezco el detalle, pero ya le dije ayer que no voy a asistir a su fiesta —respondió Alana, manteniendo su tono de secretaria implacable—. Estoy muy concentrada en los cierres de trimestre de Blackwood Technologies.

Julián soltó una risa ligera, estirando la mano por encima de la mesa para intentar tocar los dedos de Alana, pero ella retiró la mano rápidamente, tomando su teléfono móvil.

—Vamos, Alana. No seas aburrida. Blackwood es un genio, no lo niego, pero es un témpano de hielo. Un hombre que solo ve código y números. Apuesto a que ni siquiera sabe el color de tus ojos —Julián se inclinó más, bajando la voz—. Sal conmigo este viernes. Sé que manejas los servidores principales de la empresa. Si me facilitas los accesos de la auditoría de robótica antes de la junta del próximo mes, te aseguraré un puesto como directora en mi fondo de inversión. Ganarás el triple y tendrás a un hombre de verdad a tu lado, no a un robot.

Alana se quedó helada. No solo la estaba cortejando de manera acosadora, sino que estaba intentando utilizarla para un espionaje industrial, para robarle datos confidenciales a Ethan.

—Eso es ilegal, señor Torres. Le pido que se retire de mi mesa ahora mismo —sentenció Alana, con los ojos destellando una furia fría.

—Piénsalo, muñeca. Nos vemos el viernes —Julián le guiñó un ojo, se puso en pie y se marchó con total parsimonia, convencido de que la tenía contra las cuerdas.

Alana regresó al piso cuarenta con el corazón acelerado. Estaba furiosa por la audacia de Julián, pero se debatía en un dilema moral. Si le contaba a Ethan lo que Torres había propuesto, el CEO perdería los estribos, cancelaría el contrato, iría a buscarlo y rompería el pacto de los tres meses por culpa de los celos y la protección. Pero si se lo callaba, ponía en riesgo la seguridad de la empresa.

Entró al despacho de Ethan para dejar los informes de la tarde. El CEO la observó detenidamente; notó de inmediato la agitación en su respiración y la rigidez de sus hombros.

—¿Pasó algo abajo, Alana? —preguntó Ethan, con una voz suave, extrañamente calmada que denotaba que estaba haciendo un esfuerzo por no sonar posesivo.

Alana apretó la carpeta contra su pecho. Decidió jugar bajo las reglas del mundo real. Confiaría en él como hombre, no como el jefe controlador.

—Julián Torres me abordó en la cafetería —soltó ella directamente. Ethan se puso en pie de inmediato, pero ella levantó una mano para detenerlo—. No te pongas de pie, Ethan. Escúchame. No solo me volvió a insistir para el viernes; me ofreció dinero y un puesto en su fondo si le entregaba los códigos de acceso de la división de robótica. Quiere espiar a la empresa.

El rostro de Ethan cambió por completo en un segundo. La furia de los celos masculinos se fusionó con la frialdad del genio informático que defendía su imperio. Sus ojos grises se volvieron dos rendijas de metal fundido. Caminó lentamente alrededor de su escritorio, deteniéndose a un metro de ella, respetando la distancia, pero irradiando un peligro absoluto.

—¿Te amenazó? —preguntó Ethan, con un tono tan bajo y ronco que a Alana se le erizó la piel.

—No. Intentó chantajearme y seducirme. Le dije que no y me fui.

Ethan asintió lentamente, procesando la información. Alana esperaba que estallara, que gritara o que ordenara la expulsión inmediata de Torres, pero lo que hizo su jefe la sorprendió por completo. Ethan sonrió, una curva gélida, calculadora y letal en sus labios. El depredador digital había despertado, pero esta vez no para cazar a Alana, sino para destruir al hombre que se había atrevido a tocar lo que era suyo.

—Hiciste muy bien en decírmelo, Alana. Has sido increíblemente profesional —dijo Ethan, su voz destilando una seguridad abrumadora—. No voy a romper nuestro pacto. No voy a ir a su oficina a golpearlo... al menos no todavía. Julián Torres quiere jugar al espionaje en mi terreno, con mis servidores. Ha cometido el peor error de su miserable vida.

Ethan regresó a su computadora principal, tecleando una serie de comandos de alta seguridad con una velocidad sobrehumana.

—Mañana mismo le daremos a Julián exactamente lo que quiere —continuó Ethan, mirando a Alana con una chispa de pura complicidad—. Le vas a enviar un mensaje. Le vas a decir que aceptas ir a su fiesta el viernes por la noche, y que le llevarás un dispositivo con los "accesos" de robótica. Pero lo que ese imbécil no sabe, es que el archivo que le entregaremos será un troyano militar. En cuanto lo conecte a su red privada, Blackwood Technologies tomará el control absoluto de todas sus cuentas, de sus fondos de inversión y de sus secretos más oscuros. Lo voy a dejar en la absoluta ruina antes de que termine el fin de semana.

Alana contuvo el aliento, sintiendo un escalofrío que combinaba el temor ante el poder de Ethan y una oleada de excitación salvaje por la forma en que él la estaba protegiendo, usando su inteligencia y su control en lugar de la violencia bruta. El cazador de la red estaba de vuelta, y esta vez, ambos iban a cazar juntos.

—¿Estás lista para jugar tu papel en la cena del viernes, Alana? —preguntó Ethan, dándose la vuelta, mirándola con una intensidad que la hizo humedecerse al instante.

—Estoy lista, señor Blackwood —respondió ella con una sonrisa felina, aceptando el reto.

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Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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