Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 6: La tragedia
Las semanas pasaron lentamente dentro del santuario.
El bosque seguía tranquilo. Las flores continuaban brillando por las noches. Y Cecilia todavía vivía creyendo que aquel pequeño lugar estaba protegido de todo el horror del mundo exterior.
Pero…
algo ya no se sentía bien.
Incluso siendo una niña podía notarlo.
Los guardianes parecían más tensos. Los ancianos discutían constantemente. Y su madre había comenzado a observar demasiado el bosque por las noches.
Como si esperara algo.
O a alguien.
Aquella noche…
el viento era extraño.
No existían sonidos de insectos.
No había espíritus luminosos flotando cerca de las casas.
Todo estaba demasiado silencioso.
Cecilia dormía abrazando su libro de dragones cuando abrió lentamente los ojos.
Había escuchado algo.
Un grito.
Luego otro.
Y entonces…
explosiones.
La niña se levantó sobresaltada.
—¿Mamá…?
La puerta de la casa se abrió violentamente.
Su padre apareció inmediatamente.
Pero Cecilia quedó paralizada al verlo.
Tenía sangre en la ropa.
Y sostenía una espada desenvainada.
—¡Cecilia!
El hombre corrió hacia ella y la cargó rápidamente.
Afuera…
el santuario estaba ardiendo.
Las llamas iluminaban el bosque mientras varios elfos corrían desesperados entre las casas destruidas.
Había cadáveres.
Sangre.
Magia explotando en todas partes.
Cecilia comenzó a temblar.
—¿Q-qué está pasando…?
Entonces lo escuchó.
Un sonido horrible.
Como cientos de voces susurrando al mismo tiempo dentro de la oscuridad.
Los miembros del culto comenzaron a aparecer entre los árboles.
Vestimentas negras.
Símbolos extraños.
Ojos completamente desquiciados.
—¡Por la Maga Oscura!
—¡La Envidia nos guía!
—¡Purifiquen el santuario!
El padre de Cecilia apretó los dientes.
—Malditos lunáticos…
Entonces una enorme pared de hielo surgió frente a varias casas protegiendo a los aldeanos.
La madre de Cecilia apareció caminando lentamente entre la nieve artificial creada por su magia.
Sus ojos amatista eran increíblemente serios.
—¡Lleven a los niños hacia el lago!
El aire alrededor de ella descendió brutalmente de temperatura.
Varios cultistas fueron congelados instantáneamente.
Cecilia observaba todo aterrada desde los brazos de su padre.
Nunca había visto a su madre así.
Tan fría. Tan poderosa.
Entonces…
la oscuridad del bosque se deformó.
Y todos se detuvieron.
Los cultistas comenzaron a arrodillarse.
Algunos incluso lloraban de emoción.
La presión mágica se volvió insoportable.
Cecilia sintió miedo por primera vez en toda su vida.
Miedo real.
Y entonces…
ella apareció.
Cabello negro.
Vestido oscuro.
Sombras moviéndose alrededor de su cuerpo como criaturas vivas.
Ojos amatista profundos.
Alicia.
La Maga Oscura de la Envidia.
El bosque entero parecía distorsionarse cerca de ella.
Como si el mundo mismo rechazara su existencia.
Nadie se movió.
Nadie respiró.
Varios elfos cayeron de rodillas aterrados apenas sintieron su presencia.
Incluso algunos cultistas temblaban.
Porque estar cerca de Alicia era como mirar directamente algo prohibido.
Algo que jamás debería existir.
Pero…
la madre de Cecilia no retrocedió.
Sus ojos amatista se encontraron directamente con los de Alicia.
Y por un breve instante…
el silencio absoluto cubrió el santuario.
Entonces Alicia habló.
Su voz era tranquila.
Demasiado tranquila.
—Así que aquí escondieron a otra.
El padre de Cecilia inmediatamente cubrió más a su hija.
La presión mágica aumentó todavía más.
Las sombras comenzaron a extenderse lentamente por el suelo.
Y entonces…
una gigantesca explosión de energía dorada atravesó el bosque.
El aire tembló.
La tierra se partió.
Y todos los presentes levantaron la mirada.
Una mujer descendió frente al pueblo envuelta en una presión monstruosa.
Cabello plateado.
Ojos azules intensos.
Vestimenta blanca elegante con detalles rojos.
Una pequeña armadura cubría el centro de su pecho, un brazo y una pierna mientras una enorme capa blanca y roja se movía violentamente con el viento.
Anastasia Artea del Alba.
La Espada Santa.
El ambiente entero cambió apenas apareció.
Incluso los cultistas retrocedieron aterrados.
Anastasia observó directamente a Alicia.
Fría. Perfectamente firme.
Y entonces…
desenvainó lentamente su espada.
El sonido metálico recorrió todo el santuario.
Y el mundo tembló.
Literalmente.
Una presión divina explotó alrededor de la hoja.
Los árboles se inclinaron. Las sombras retrocedieron. Y varios cultistas cayeron inconscientes inmediatamente.
Cecilia observó aquello con los ojos completamente abiertos.
Porque aquella espada…
estaba viva.
La hoja emitía una luz blanca monstruosa mientras vibraba violentamente en manos de Anastasia.
Como si reaccionara emocionalmente.
Como si hubiera esperado ese momento durante muchísimo tiempo.
Anastasia bajó lentamente la espada apuntando hacia Alicia.
Y entonces habló.
—Finalmente…
Sus ojos azules brillaban con una intensidad aterradora.
—La espada te reconoce como una oponente digna.
Por primera vez…
una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Alicia.
Y el cielo sobre el santuario comenzó a oscurecerse todavía más.
Capítulo 6
La tragedia — Parte 2
El viento rugía violentamente sobre el santuario.
Las llamas seguían consumiendo varias casas mientras la presión mágica de ambas mujeres deformaba el ambiente alrededor de ellas.
Nadie se atrevía a moverse.
Porque todos entendían algo.
Si aquellas dos comenzaban a pelear seriamente…
el santuario entero desaparecería.
Alicia observó fijamente a Anastasia.
Las sombras alrededor de la Maga Oscura se movían como criaturas vivas mientras sus ojos amatista brillaban dentro de la oscuridad.
Entonces sonrió apenas.
—Eres bastante arrogante, Caballero Santo.
Su voz era tranquila.
Incluso elegante.
Pero cada palabra hacía temblar ligeramente el aire.
Anastasia no apartó la mirada.
—No es arrogancia.
La Espada Santa sostuvo lentamente su espada frente a ella.
La hoja emitía destellos dorados que atravesaban la noche.
—Solo estoy diciendo la verdad.
Las sombras alrededor de Alicia se expandieron violentamente.
Varios árboles comenzaron a pudrirse apenas fueron tocados por aquella oscuridad.
Los cultistas retrocedieron aterrados.
Incluso ellos parecían incapaces de soportar completamente el poder de la Envidia.
Alicia inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces… ¿crees poder detenerme?
El suelo bajo Anastasia se quebró lentamente.
Pero la mujer de cabello plateado permaneció completamente inmóvil.
Sus ojos azules eran increíblemente serios.
—Si es necesario… te mataré aquí mismo.
El ambiente explotó.
Una ola de presión mágica recorrió todo el santuario.
Las barreras protectoras comenzaron a agrietarse.
Cecilia se aferró temblando a la ropa de su padre mientras observaba la escena.
No entendía todo lo que ocurría.
Pero sí entendía algo.
Aquellas dos mujeres eran monstruosamente fuertes.
Su madre apareció rápidamente frente a varios aldeanos creando enormes muros de hielo para protegerlos de la presión mágica.
—¡Retrocedan todos!
El padre de Cecilia apretó los dientes.
—Esto es malo…
Muy malo.
Porque si Anastasia y Alicia luchaban seriamente…
miles morirían.
Entonces…
Alicia volvió a hablar.
—Curioso.
Sus ojos amatista observaron lentamente alrededor del santuario.
—Los humanos me llaman monstruo… pero ustedes enviaron a una mujer embarazada al campo de batalla.
El silencio cayó apenas unos segundos.
Cecilia parpadeó confundida.
Pero varios elfos abrieron enormemente los ojos.
Anastasia no reaccionó.
Aunque por primera vez…
su espada vibró ligeramente.
Alicia sonrió un poco más.
—Así que era verdad.
Las sombras comenzaron a girar lentamente alrededor de ella.
—El futuro heredero de la Espada del Alba ya existe.
El ambiente se volvió todavía más pesado.
El padre de Cecilia abrió ligeramente los ojos.
—Ella puede sentirlo…
La madre de Cecilia apretó los dientes.
Porque aquello era peligroso.
Muy peligroso.
Anastasia finalmente habló nuevamente.
—No te concierne.
—Claro que sí.
La sonrisa de Alicia desapareció lentamente.
Y por primera vez…
sus ojos parecieron increíblemente vacíos.
—Las personas como nosotros siempre terminamos arrastrando a otros hacia el sufrimiento.
El viento recorrió violentamente el bosque.
Las sombras detrás de Alicia comenzaron a tomar formas extrañas.
Manos. Rostros. Fragmentos imposibles.
Cecilia sintió un terror insoportable apenas miró aquello.
Pero entonces…
Anastasia dio un paso hacia adelante.
Y la tierra tembló.
Una presión divina explotó alrededor de ella.
La nieve comenzó a aparecer sobre el suelo pese a las llamas.
La espada brilló todavía más fuerte.
—No compares nuestras existencias.
Los ojos azules de Anastasia parecían atravesar la oscuridad misma.
—Yo sigo protegiendo personas.
El silencio cubrió nuevamente el santuario.
Y entonces…
Alicia sonrió.
Pero no fue una sonrisa cruel.
Fue triste.
Casi vacía.
—Yo también intenté hacer eso alguna vez.
Por un breve instante…
todos quedaron inmóviles.
Porque aquella frase no sonó como la de un monstruo.
Sonó como la de alguien cansado.
Muy cansado.
Pero el momento desapareció inmediatamente.
Las sombras explotaron violentamente alrededor de Alicia.
—Aunque supongo… ya es demasiado tarde para mí.
Y entonces…
el cielo sobre el santuario literalmente se rompió.