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LA DINÁMICA DEL ENGAÑO EN LA CASA Y DEL HOSPITAL.
La casa de Elena y Julián es una mansión de arquitectura neoclásica en la zona más exclusiva de la ciudad, para el mundo exterior, ese hogar es el símbolo perfecto de la armonía, el éxito y el buen gusto de la alta sociedad. Sin embargo, puerta adentro la rutina diaria es una coreografía meticulosamente calculada, dónde la calidez real hace tiempo que se congeló.
Así es el día a día en la intimidad del matrimonio de la Dra. Morales.
Elena despierta a las 5:30 am, su lado de la cama es impecable, mantiene la disciplina de una cirujana; café negro, revisión rápida de la agenda del hospital y un momento de tranquilidad en la terraza antes de que la casa se despierte.
El desayuno se sirve en el comedor rodeado de ventanales con vista a los jardines, Julián aparece vestido con trajes hechos a medida, frente del personal del servicio y sus hijos él es atento y cariñoso; le acerca la taza de café a Elena, le sonríe y le pregunta por sus cirugías del día. Tras la fachada encantadora de Julián las conversaciones son operativas. Hablan de las invitaciones a la gala, de la junta directiva, de la fundación, ya no hay confidencias, cariño, amor, ni complicidad en la mirada, solo dos socios administrando una vida de lujo.
EL ESPACIO PERSONAL Y LOS "MUROS INVISIBLES"
El refugio de Elena: la biblioteca es su santuario, allí conserva los retratos de su padre el Dr. Alejandro Morales y sus reconocimientos académicos, es el único lugar donde se quita la armadura de la alta sociedad.
El control de Julián: Julián pasa horas encerrado en su estudio bajo el pretexto de "gestionar los activos familiares y las relaciones corporativas". En realidad desde ese escritorio teje la red de engaños, transferencia y la relación extramarital con la que planea despojar a Elena.
Las noches: el muro de hielo.
Cuando ambos regresan de sus jornadas, ella del quirófano y él de la oficina corporativa la casa se tiñe de un silencio denso. Frente a la sociedad y los hijos Julián interpreta el papel del esposo perfecto, abraza a Elena por la cintura, celebra sus éxitos quirúrgicos y se muestra orgulloso y amoroso. Elena con una compostura firme no lo desmiente, pero su cuerpo se tensa ante el contacto de su esposo.
En la intimidad de la habitación: una vez que se cierra la puerta del dormitorio principal las máscaras se caen. No hay discusiones a gritos, eso sería demasiado vulgar para su estilo de vida, sino un silencio distante y educado. Julián utiliza pequeñas frases condescendientes disfrazadas de preocupación "te ves cansada Elena, quizás deberías delegar más el control del hospital", para minar lentamente su confianza. Para Elena el hogar ha dejado de ser un refugio de amor para convertirse en un castillo de cristal; ella sospecha de las ausencias justificadas de Julián y de las sutiles inconsistencias en el manejo del patrimonio, pero sí sentido de lealtad y el deseo de proteger la estabilidad de Mateo y Valeria la han llevado a soportar la frialdad.
Lo que Julián no imagina es que esa misma rutina fría ha pulido el carácter de Elena, dentro de esas cuatro paredes no hay una mujer sometida, sino una cirujana observando con calma como se deteriora la estructura de su matrimonio, lista para actuar en el momento decisivo.