Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 6: La mujer de los sueños
Aquella noche, Alina tardó mucho en quedarse dormida.
El aullido seguía vibrando en su memoria. Pero lo que más la inquietaba no era el sonido, sino aquella respuesta extraña que había sentido dentro de sí. Ese latido profundo, salvaje, imposible de explicar, como si algo hubiera despertado en un rincón oculto de su cuerpo.
Permaneció sentada junto a la ventana durante un largo rato.
Valdoria dormía bajo una capa de silencio. Las luces de algunas casas brillaban a lo lejos, pequeñas y temblorosas entre la niebla. Más allá, el bosque se extendía oscuro y quieto, como si estuviera observando.
Alina se abrazó las rodillas.
Por primera vez en su vida sintió que el pueblo entero le ocultaba algo.
Su padre. Kael. Los vecinos. Incluso el viento parecía arrastrar secretos.
Cerró la ventana y se metió en la cama.
El sueño llegó despacio.
Y volvió a llevarla al campo de cerezos.
Esta vez el aire era más frío.
Los árboles parecían antiguos, casi inmensos, y la luna flotaba enorme sobre el cielo negro. Los pétalos caían lentamente, pero al tocar el suelo desaparecían.
Alina caminó con cautela.
Sabía que estaba soñando.
Y aun así todo parecía real.
Escuchó pasos detrás de ella.
Se giró de inmediato.
No vio a nadie.
Avanzó unos metros más.
Entonces la vio.
Una mujer estaba de pie bajo el árbol más grande.
El corazón se le detuvo.
No podía verle el rostro con claridad. El cabello oscuro caía sobre sus hombros y llevaba un vestido largo que el viento movía con suavidad.
Había algo familiar en su presencia.
Algo que le hizo doler el pecho.
—¿Quién eres? —preguntó Alina.
La mujer no respondió.
Solo la observó.
Alina sintió que el aire se volvía más denso.
Se acercó un poco más.
—Por favor… ¿quién eres?
La mujer alzó una mano.
Sus dedos rozaron el tronco del cerezo.
Entonces habló.
—No debiste volver.
La voz era suave. Triste.
Y extrañamente conocida.
Alina sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
—¿Qué significa eso?
La mujer dio un paso hacia ella.
Por un instante, la luz de la luna iluminó parte de su rostro.
Alina contuvo la respiración.
No la veía con claridad… pero algo en aquella mirada le resultó insoportablemente cercano.
—Te están buscando —murmuró la mujer.
El miedo le cerró la garganta.
—¿Quiénes?
Antes de que pudiera responder, un aullido atravesó el bosque.
La mujer alzó la cabeza.
Su expresión cambió.
—Corre.
El suelo tembló bajo sus pies.
Las sombras comenzaron a moverse entre los árboles.
Una de ellas avanzó con rapidez.
Alina retrocedió.
—¡Espera!
La mujer dio un paso atrás.
Los pétalos comenzaron a girar alrededor de ambas.
—Recuerda el árbol —susurró.
Y desapareció.
Alina despertó de golpe.
Se incorporó en la cama con el corazón desbocado.
La habitación estaba oscura. El aire le parecía demasiado frío.
Tardó varios segundos en recuperar el aliento.
Se llevó una mano al pecho.
El latido seguía allí.
Fuerte. Rápido.
Se levantó y caminó hasta la ventana.
Afuera todo parecía en calma.
Pero ella sabía que no había sido un sueño cualquiera.
Podía sentirlo.
Aquella mujer…
No sabía cómo explicarlo.
Y sin embargo, una parte de ella lo sabía.
Era imposible.
Pero en lo más profundo de su pecho apareció una certeza que le hizo temblar las manos.
Había sentido a su madre.
No como un recuerdo.
No como una imaginación.
Como una presencia real.
No volvió a dormir.
Cuando amaneció, bajó a la cocina con el cuerpo tenso.
Su padre ya estaba allí.
Al verla, frunció apenas el ceño.
—Pareces haber visto un fantasma.
La frase la dejó inmóvil.
—Soñé con mamá.
El rostro de su padre cambió.
Fue apenas un instante.
Pero ella lo vio.
Miedo.
—Solo fue un sueño —dijo él demasiado rápido.
—No.
Alina se acercó un paso.
—Estaba en el campo de cerezos.
Él apretó los dedos alrededor de la taza.
—No vuelvas allí.
—Papá…
—Alina, basta.
Su voz fue más dura de lo normal.
El silencio se tensó entre ambos.
—Me dijo que me están buscando.
La taza se le escapó de las manos.
Cayó al suelo y se hizo pedazos.
Ninguno de los dos se movió.
El sonido quedó suspendido en la cocina.
Su padre estaba pálido.
—¿Qué te dijo exactamente? —preguntó en voz baja.
El corazón de Alina se aceleró.
—¿Tú sabías?
Él no respondió.
Pero ya era demasiado tarde.
En sus ojos estaba la respuesta.
Sí.
Sabía algo.
Y llevaba años ocultándoselo.