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El Regreso De Nicole

El Regreso De Nicole

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Amor-odio / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

El destino trajo de vuelta a quien el corazón nunca había dejado de esperar.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5 Lo que las manos recuerdan

Pasaron los días y la rutina se fue armando despacio, como si siempre hubiera sido así.

Cada mañana Nicolás se marchaba temprano hacia su estudio, llevando consigo los planos que revisaba hasta tarde, y yo me quedaba sola con la niña, recorriendo la casa con la certeza de quien vuelve al lugar que le dio la vida.

No hacía nada especial, simplemente hacía las cosas tal como salían de mis manos, sin detenerme a pensar si revelarían algo que todavía debía guardar.

Una tarde empezó a llover muy fuerte.

El viento golpeaba las ventanas y se escuchó un goteo leve desde el balcón del dormitorio principal.

Nicolás llegó justo en ese momento, dejó su maletín en la entrada y fue directo hacia allá preocupado.

—Seguro se soltó la cubierta.

Siempre se mueve con estas lluvias, pero nunca logro dar exactamente con la llave que cierra bien la ventana.

He buscado mil veces y no doy con ella.

Yo no dije palabra.

Fui hasta el cajón más bajo del mueble viejo del pasillo, saqué la llave pequeña envuelta en un trozo de tela celeste y se la entregué.

Él se detuvo mirándola en su mano, luego me miró a mí con los ojos muy abiertos, pero sin levantar ninguna sospecha:

—Es ella…

La verdadera.

Pero ¿cómo supiste que estaba ahí?

—La vi el otro día al ordenar —respondí con suavidad—, pensé que podría servirte.

—Es una suerte increíble —murmuró él—.

La busqué tanto tiempo…

Gracias, Valeria. De verdad.

Fue a cerrar la ventana y no le dio más importancia.

Más tarde, mientras preparábamos la cena, se cortó levemente el dedo con el cuchillo.

Sin pensarlo ni un segundo, fui directo al segundo estante del botiquín, tomé justo esa pomada que solo a mí sabía que le calmaba rápido y el vendaje delgado que no le molestaba al escribir, y se lo alcancé.

Él se quedó quieto.

—Esa… esa es exactamente la que usaba ella.

Nadie más lo sabe.

Ni mi propia madre.

—Supuse que esa serviría mejor —dije bajito.

—Sí, así debe ser —aceptó él, limpiándose la herida—.

Solo coincidencias, nada más.

Qué extraño, pero reconfortante.

Después cenamos tranquilos.

La niña nos contó todo lo que había hecho en el día, y cuando terminamos, Nicolás se sentó un momento en el sofá para descansar antes de seguir trabajando.

Empecé a recoger los platos y él me detuvo.

—Déjalos, yo los lavo luego.

Ven, siéntate un rato.

Me gusta hablar un poco antes de que se haga más tarde.

Me senté frente a él.

Me miró con gratitud, sin ningún rastro de duda:

—Sabes… nunca he podido doblar bien las sábanas de ese tamaño.

Siempre quedan torcidas.

Y hoy entré a ver la cama de la niña y la nuestra, y estaban perfectas, con ese doblez justo en la esquina inferior derecha.

O cómo sabes que no le gusta que le pongan demasiada sal a la comida, o que prefiero que la música suene bajito cuando dibujo.

Son cosas tan pequeñas…

—Solo intento estar atenta —respondí—.

Me fijo en lo que les hace bien.

—Lo sé, y te lo agradezco mucho —dijo él con sinceridad—.

No busco explicaciones raras.

Solo veo que eres muy buena observando, y que eso nos hace mucho bien.

La niña ya no se despierta llorando tan seguido, yo duermo más tranquilo, la casa parece haber recuperado su aliento.

Eso es suficiente para mí.

Más tarde, cuando la pequeña ya dormía, Nicolás se quedó un momento junto al retrato que estaba en la sala.

Lo miró con ternura y luego me llamó bajito:

—Mira lo que hizo ella.

Y aunque ella no esté aquí…

Siento que tú ayudas a que ese sueño siga vivo.

Gracias por respetar todo tal cual ella lo dejó, por no mover nada sin preguntar, por cuidar hasta las cosas más simples.

No mencionó ninguna semejanza, no sospechó quién estaba realmente a su lado.

Solo veía en mí a una joven cariñosa que les traía paz.

Yo me acerqué despacio, miré también mi propio rostro en el cuadro y sentí cómo las lágrimas me llenaban los ojos sin llegar a caer.

—Lo hago con mucho gusto —le dije—.

Es un honor para mí estar aquí.

Se despidió amablemente y se fue a descansar.

Yo me quedé un rato más sola en la sala, sabiendo que todavía debía caminar muchos pasos lentos antes de que pudiera mostrarme tal cual soy.

Pero también sabía que cada día que pasaba, era un día más cerca de volver a ser yo misma ante los ojos del hombre que amaba.

 

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Fedra Paublott
no entiendo el cumple 19 años me imaginé un hombre de mas edad osea ellos tuvieron a la niña muy jóvenes se que se puede
Lois fuentes coloma: cuando falleció ella tenía 15 años y su bb 4 meses
total 1 replies
yenifer perdomo
muy linda felicidades 🥰
Lois fuentes coloma: muchas gracias qué bueno que le gustó
total 1 replies
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