Sinopsis: Él pensó que se casaba con un monstruo. Ella pensó que compraba un peón. Ninguno imaginó que el verdadero peligro no vendría de sus enemigos en las calles de Sicilia, sino de la irresistible tensión de compartir la misma cama. Una viuda poderosa, un esposo indomable y una mano derecha celosa dispuesta a todo por destruirlos.
¿Estás lista para conocer a La Reina de la Mafia? Una nueva y adictiva historia de la escritora Rocío Duque.
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El fin de Alexander Sterling
El trayecto de regreso a la mansión transcurrió envuelto en un silencio denso, pero esta vez no era la adrenalina del combate lo que cargaba el aire, sino el peso de las verdades no dichas. Victoria miraba de reojo el perfil rígido de Alexander mientras él conducía. Aunque acababan de aplastar al consejo y de adueñarse de Sicilia, el rostro de su esposo no reflejaba el triunfo de la mañana, sino una sobriedad que le encendió las alarmas.
Al cruzará el umbral de la alcoba presidencial, Victoria se despojó de la chaqueta del traje sastre, respirando al fin aliviada tras una jornada perfecta.
—Lo logramos, Alex —dijo ella, girándose con una sonrisa que suavizaba sus facciones gélidas—. El clan está a nuestros pies. Matías está bajo tierra y nadie va a volver a cuestionar nuestro lugar. El motivo por el que tuvimos que armar todo este muro de contención ya no existe.
Alexander no respondió de inmediato. Cerró la puerta con llave y se quedó apoyado contra la madera, con la mirada fija en el suelo. Cuando alzó los ojos claros hacia ella, Victoria sintió un vuelco en el estómago; la devoción seguía ahí, pero venía acompañada de una culpa profunda y desgarradora.
Él caminó despacio hacia ella, deteniéndose a un par de pasos, desarmado, sin la postura del soldado que la protegía del mundo.
—Tienes razón, mi Reina —susurró Alex, y su voz sonó más ronca y pesada de lo habitual—. El peligro inmediato ya no existe. Las razones por las que tuvimos que jugar este juego de sombras se terminaron... Y es exactamente por eso que ya no puedo seguir con esto. Ya no puedo seguir mirándote a los ojos y sostener el engaño.
Victoria frunció el ceño, dando un paso atrás instintivamente mientras el aire de la habitación se volvía gélido.
—¿De qué estás hablando, Alexander? —preguntó, con la voz de la Donna Lombardi regresando a su garganta como una defensa automática.
—De mí —confesó él, dando un paso al frente, con las manos abiertas en señal de total rendición—. De quién soy realmente. El contrato terminó, Victoria, y lo que siento por ti es lo más real que he tenido en mi miserable vida. Por eso mismo, porque te amo y porque ahora somos uno solo, no puedo dejar que nuestro matrimonio siga construido sobre una mentira. Es hora de que sepas la verdad sobre mi verdadera identidad.
Victoria se quedó inmóvil, sintiendo cómo el suelo bajo sus pies comenzaba a agrietarse. La calidez de la alcoba se evaporó en un segundo. Clavó sus ojos oscuros en los de él, buscando una grieta, una señal de que era una broma, pero solo encontró la cruda y severa honestidad de un hombre dispuesto a perderlo todo por limpiar su conciencia.
—Habla entonces —sentenció Victoria, cruzando los brazos sobre el pecho, recuperando la coraza de hierro que solo él había logrado quitarle—. ¿Quién eres, Alexander?
Él exhaló un suspiro largo, como si se quitara una armadura invisible que llevaba años aplastándole el pecho.
—Mi nombre no es Alexander Sterling, ni soy el hijo de aquel alcohólico que vino a pagar una deuda de juego —comenzó él, con una voz firme pero cargada de una dolorosa gravedad—. Mi verdadero nombre es Lucas Galiano. Fui militar, un soldado contratado en secreto por tu difunto esposo semanas antes de morir.
Victoria parpadeó, sintiendo un frío súbito recorrerle la espina dorsal. Las piezas del rompecabezas —su disciplina en combate, su destreza implacable y su frialdad ante la muerte— empezaron a encajar de una forma completamente nueva.
—¿Mi esposo te contrató? —repitió ella en un susurro desconcertado—. No entiendo...
—Él ya sabía que Matías era una rata, Victoria. Sabía que estaba saboteando las rutas y planeando un golpe para quedarse con el imperio. Me buscó a mí, un antiguo capitán de las fuerzas especiales, para armar una estrategia y destruirlo desde las sombras. Pero Matías se adelantó. Lo envenenó antes de que tu esposo pudiera ejecutar el plan —confesó Lucas, dando un paso hacia ella, con los ojos brillando por la intensidad del recuerdo—. En sus últimas horas, sabiendo que el veneno lo mataría y que tú serías la siguiente en su lista de ejecución, tu esposo me suplicó que te salvara. Me pidió que entrara a la organización usando una fachada que Matías no pudiera rastrear: la del hijo de un deudor. Cambió mi nombre a Alexander para infiltrarme a tu lado y convertirme en tu escudo sin levantar sospechas.
Victoria lo escuchaba, pero las palabras le llegaban amortiguadas por el impacto. El hombre al que le había desnudado el alma la noche anterior, el que la había tocado con devoción, no era un peón del destino ni un oportunista. Era el último legado de protección de su esposo, un soldado que había arrastrado una identidad falsa solo para mantenerla respirando.
—Me ocultaste la verdad —le espetó Victoria, aunque esta vez su voz tembló por una mezcla de rabia herida y confusión—. Dejaste que me entregara a ti creyendo una historia inventada. ¿Por qué estirar la mentira hasta ahora?
—¡Porque tenía que asegurarme de que estuvieras a salvo! —declaró él, dando un paso al frente, mostrando su total vulnerabilidad—. Si Matías descubría que yo era el cabo suelto que tu esposo dejó antes de morir, te habrían matado a ti primero para borrar el rastro. Tuve que ser Alexander Sterling para el consejo, para los enemigos y para ti, hasta que la rata estuviera bajo tierra. Pero hoy Matías está muerto. Las amenazas terminaron. Vine aquí, me puse a tus pies y te di mi verdadero nombre sabiendo que tienes el poder de echarme de esta mansión por haberte mentido. Mi vida está en tus manos, Victoria. Prefiero que me odies por la verdad antes que seguir gobernando Sicilia a tu lado siendo un fantasma.
El silencio volvió a caer sobre la alcoba, pesado y asfixiante como una losa de mármol. El destino de Lucas Galiano pendía de un hilo, y la Reina de Sicilia tenía la última palabra.
¡Llegamos a uno de mis capítulos favoritos! Quería que sintieran esa mezcla de peligro, deseo y desconfianza absoluta que rodea a Victoria y Alexander. Llegar hasta aquí con ustedes, ver cómo reaccionan y cómo se sumergen en este romance oscuro está siendo un viaje increíble. Gracias por leer, por apoyar mis letras y por ser cómplices de este imperio. ¿Qué les pareció este encuentro? 🖤
Detrás de cada imperio hay secretos oscuros, y detrás de cada capítulo de La reina de la mafia, hay horas de entrega, pasión y un trozo de mi alma. Ya hemos dejado atrás 9 capítulos; hemos visto la frialdad, el poder, los conflictos internos y la tensión que rodea a nuestra reina y su entorno.
Solo quiero decirles: GRACIAS. Gracias por no dejarla sola en este camino tan peligroso, por morderse las uñas conmigo y por apasionarse con este universo tanto como yo. Su apoyo es el motor que me empuja a seguir escribiendo el destino de los Lombardi.
Prepárense, porque lo que viene va a sacudir los cimientos de todo lo que creen saber... Que tengan un día increíble. ☕🌹